Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

'G obergeist'

DETRÁS de cada estadista hay una circunstancia aprovechada. ¿Qué habría sido de Winston Churchill si no hubiese mediado una guerra mundial? Un político tránsfuga, un borrachín ocurrente, un escritor con ingenio, pero ni un héroe, que lo fue, ni un Nobel de Literatura. No es un demérito, es una constatación. ¿Y Adolfo Suárez? La Transición requería de políticos hábiles que en otros momentos sólo hubieran pasado por maniobreros oportunistas. ¿Sobraba Pedro Sánchez? Claramente, sí. El ex secretario no ha estado a la altura de la circunstancia, y eso que el momento es el propicio para la grandeza. El riesgo catalán, la crisis institucional derivada de la económica, el nuevo Rey: las circunstancias esperan que un buen líder remate el gol. Y no lo ha sido Pedro Sánchez, como no lo es ni Mariano Rajoy ni Pablo Iglesias. Quizás sólo se requiera un poco de nobleza y humildad. Observen el caso de Javier Fernández y cómo el asturiano que preside la gestora del PSOE nos ha hecho recuperar la esperanza en la sensatez en sólo cuatro días. Oírlo da calma.

Sí, ha sido necesario que los barones echasen a Pedro Sánchez para que el PSOE centrase el debate sobre las dos opciones posibles: o la abstención al PP o unas terceras elecciones. Hasta el sábado pasado, el ex secretario general estuvo engañando a una parte de la opinión pública con un Gobierno alternativo que carecía de cimientos reales. A pesar de que había casi cerrado un acuerdo con Pablo Iglesias y de que iba a tentar la voluntad de los independentistas, el Gobergeist, todo un fenómeno extraño, era tan irreal como el televisor que hablaba con la pequeña Carol Anne. Eso pudo ser en marzo, pero la plañidera de Pablo Iglesias abortó la verdadera operación de regeneración, al no apoyar a un Gobierno de coalición entre PSOE y Ciudadanos que, entonces, sí, contaba con más diputados que el PP.

Pedro Sánchez había podemizado al PSOE porque recurrió al populismo de las bases cuando su liderazgo menguó. Es cierto que buena parte de la militancia no quiere abstenerse ante Rajoy, pero donde Sánchez triunfó en las primarias de 2014 fue donde había secretarios territoriales fuertes, como en Andalucía, Extremadura y Asturias, que le dijeron a sus bases que era preferible el desconocido Pedro a Madina.

Sin Sánchez, el PSOE ha ganado el debate que debía haber abierto tras el 26-J: el de la abstención. Ahora sí hay dos corrientes legítimas de opinión, no bandos, ahora sí se puede valorar, sin personalismos, qué conviene al país y qué conviene al PSOE, y ambas no tienen por qué ser contradictorias.

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