Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Ante una obra de culto para el bético

CUANDO se alían vocación y devoción suele el producto ser de calidad, pero si, además, viene enriquecido por el cariño y el conocimiento, la obra nace con brillo. Es el caso de la segunda entrega de Memoria del Betis, esa especie de vademécum verde, blanco y verde que ve la luz desde las entrañas de Manolo Rodríguez y de Juanito Salas, un veterano con la pujanza de un novel y un joven con esa sapiencia que no sólo da la edad.

Este segundo tomo de Memoria del Betis, con la camiseta del momento como dato identitario, abarca un tiempo con más luces que sombras. Es una época brillante en la historia del club coincidente con aquellos años en que Lopera se comportó como el ultrabético que pregonaba ser. Arranca con el ascenso en el frío de Burgos de 1994 y concluye con el de Jaén en 2001. Desde la llegada de Lorenzo Serra hasta la apoteosis calurosa con Luis del Sol a la sombra de los olivares.

Se trata de una fusión en la que maridan fotos sin las que sería imposible el recuerdo con la bien plumeada historia de un tiempo inolvidable para cuantos tuercen en verde, blanco y verde. Lorenzo Serra, como artífice de lo mejor que vivió el Betis en los últimos cuatro lustros, el adiós de Rafa Gordillo o aquel tridente de lujo que formaban Finidi, Alfonso y Jarni, más el Trofeo Zamora logrado por Pedro Jaro a semejanza del que ganó Urquiaga sesenta años antes.

Prolijo en detalles, Memoria del Betis muestra cómo cundió la ilusión como antesala de la frustración que supuso el estadio inacabado y así, una serie de encuentros y de inexplicables desencuentros. Le aconsejaría al bético que se haga con una obra que es material de alta sensibilidad.Y es que a la par que le desempolvará cuestiones muy recordables deja muy claro quién es quién en la contemporaneidad de ese hermoso sentimiento que atiende por Real Betis Balompié.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios