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Una obra literaria

Con Cayetana Álvarez de Toledo el poder de seducción de las letras se ha impuesto al de la política

Hay muchos españoles que, hastiados de la situación política, se han distanciado de los crispados ajetreos partidistas. No tienen ninguna opción que les atraiga y ese escepticismo resulta comprensible. Incluso puede que no hayan prestado demasiada atención a los recientes episodios vividos entre la dirección del PP y su anterior portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. Habrán deducido que se trataba de una más entre las luchas internas de poder. Pero puede que alguien, a pesar de todo, movido por algún interés, se decida a leer el libro de esta última, Políticamente indeseable (Penguin). Se expone con ello a sufrir un extraño desconcierto. Ya que, se equivoca si espera encontrar -dados los factores que rodean a la autora y los motivos que la han incitado a escribir- una obra política concebida solo para justificarse y ajustar cuentas. Este pudo ser el impulso inicial, pero poco a poco ha debido imponerse un factor inesperado, incluso para la propia autora, a la hora de redactarlo. Su pasión y gusto por la escritura ha prevalecido, en cada página, ante las conveniencias que exigía el oportunismo de la política. Así, a lo largo de más de 500 páginas, esta nueva literata (según la caracterización de Cansinos) surgida al calor de una indudable capacidad expresiva, ganaba, una y otra vez, la partida a la mujer política, porque el oficio de escribir se había adueñado de su visión, pulso y ritmo en todo cuanto contaba. La política, por descontado, era el ineludible telón de fondo, tal como cabía esperar, pero no le bastaba, no era suficiente como estímulo para continuar. Y se interpuso el deseo de narrar como si crease una obra que recorriera, paso a paso, pero con brillante audacia, la comedia humana y política de la España de los últimos años. Quizás esta forma de escribir, tan ambiciosa, la pedían las propias convicciones ideológicas de una autora dominada por el deseo de veracidad y empeñada, por orgullo, en cumplir plenamente con el destino elegido. Por eso, este libro hilvana escenas con cientos de personajes, que, a pesar de su breve extensión, quedan retratados con la luminosidad de un relámpago y la pericia de un Balzac. Cuadros trágicos en unos casos, sainetescos en otros, pero escritos con una garra narrativa que ya les ha asegurado perennidad. Por eso, este será también un libro muy odiado, no tanto por los hechos contados como por los latigazos interpretativos que lo acompañan. Por una vez el poder de seducción de las letras se ha impuesto al de la política. Es la servidumbre de las personas inteligentes.

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