Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Una ola de hipocresía cae sobre el fútbol

ENTRE los denunciantes y la abogada han conseguido que lo que apenas oyeron unos cientos en el estadio se lo sepa ya de memoria todo el país. Aquellos cánticos infamantes en que se ponía en duda la honorabilidad de una ex pareja de Rubén Castro se han extendido como una mancha de aceite que lo ensucia todo, incluida la intimidad de la joven presuntamente agraviada. Es lo que tiene la campaña de fariseísmo emprendida por la autoridad.

Autoridad incompetente, por supuesto, que cada semana se encarga de propalar las lindezas que se vociferan en cada estadio de fútbol. Aquel asesinato del hincha coruñés ha traído una oleada de hipocresía inmensa y ahí tenemos a los dos campos sevillanos liderando la tabla de denuncias. Estamos ante una caza de brujas que haría palidecer de envidia a aquel nefasto senador McCarthy que puso patas arriba a todo Hollywood y su enorme área de influencia.

Ya sé que en estos tiempos en que se le da prioridad a lo políticamente correcto y a la hipocresía más nauseabunda no tienen futuro estas líneas. Todas las semanas se pone en el altavoz mediático la lista de insultos o descalificaciones que se prodigaron en los estadios y lo único que se está consiguiendo es que lo que siempre acabó en el minuto 90 ahora se prolongue hasta la publicación de la próxima relación de agravios recogidas por esos espías de la Liga de Tebas.

O sea que lo que una tarde, o dos, pasó prácticamente desapercibido en relación con una ex pareja de futbolista es motivo de conversación en todas las barras de la piel de toro. Ni siquiera los esfuerzos que el Real Betis Balompié está haciendo por dar con los malhechores parece que vayan a conducir a nada. Se abrirá un expediente y cada día hasta su resolución habrá algún medio que recuerde el grito nefando para que todo el país sepa qué le dijeron a la pobre muchacha.

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