LOS periodistas españoles nunca hemos tenido ocasión de celebrar un debate en el que, como en otros países y cumpliendo con nuestra función social, pudiésemos hacer preguntas a los candidatos para lograr aclarar las cuestiones que sus edulcorados mensajes soslayan o eluden. Lamentablemente así ha sido en los cinco debates entre candidatos a La Moncloa que hemos tenido en dieciocho años. Ni fue así en 1993 en los dos entre Felipe González y José María Aznar, ni tampoco en la dupla de 2008 entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

En el debate de las dos R, el de anteanoche, tampoco se pudo, pero la estrategia de uno de los oponentes, Rubalcaba, fue adoptar ese papel con el objetivo, como señalé ayer en mis primeras -y urgentes por la hora de cierre- conclusiones sobre el cara a cara, de sembrar dudas en votantes perdidos.

El problema es que Rubalcaba, que tiene mucho oficio como político, hasta situarse entre los más brillantes de España, carece del de informador.

Digo esto porque un profesional de la información se preocupa siempre de lo que denominamos las 6WH: cinco uvedobles, correspondientes a las preguntas en inglés what (qué), who (quién), where (dónde), when (cuándo) y why (por qué), y la hache de how (cómo).

Y repasando el debate y la estrategia del candidato socialista sólo puedo pensar que a Rubalcaba se olvidó de la hache. En su afán fallido de cazar a Rajoy en un renuncio sobre "lo que va a hacer" cuando gobierne, omitió el cómo de la fórmula magistral. El aspirante popular basa su oferta en la creación de empleo, lo que generará ingresos para mantener el Estado de bienestar. Pero nunca dice cómo, más allá de ir recitando una serie de medidas que incentiven la contratación por parte del sector privado.

La omisión de Rubalcaba de la pregunta clave desactivó su propia estrategia y dejó estéril su intento de romper la campaña.

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