Tribuna Económica

joaquín / aurioles

La pataleta catalana

EL presidente catalán me recuerda a veces, y no soy el único, al niño de la aldea hispana que visitaron los romanos y Astérix, cuyas pataletas consistían en dejar de respirar. En caso de Artur Mas las más sonoras han coincidido con los fracasos electorales que le llevaron a ceder la Generalitat en 2003 al tripartito encabezado por Pasqual Maragall y a la pérdida de doce escaños en las elecciones de 2012. Se consiguió que se calmase de la primera con el apoyo explícito de Zapatero a la reforma del Estatut, pero la segunda continúa en plena efervescencia y reproduciendo las habituales expresiones de expresiones de soberbia y vanidad. "Somos diferentes y exigimos un trato diferente", "o me dan lo que pido o la independencia", "fuera de España estaremos mejor".

Cuando Zapatero y Mas decidieron, al margen del tripartito, desatascar la reforma del Estatut también acordaron las líneas maestras del nuevo modelo de financiación autonómica, entre cuyas características más llamativas estaba elevar los porcentajes de participación en IRPF e IVA, que estaban en 33% y 35% respectivamente, hasta el 50% en ambos casos y la de los impuestos especiales hasta un extraño 58%. No debe sorprender que estas cifras coincidan con las que el Estatuto catalán reformado recoge en diferentes disposiciones adicionales, cuya principal finalidad es conseguir una autonomía financiera completa. Pensaban sus redactores que con estos porcentajes se conseguirían los recursos necesarios para cubrir el conjunto de las necesidades de gasto de la Generalitat. Zapatero se comportó como el clásico padre de niño consentido, supongo que a sabiendas de que la siguiente pataleta no tardaría mucho en aparecer.

El resto también consintió y la primera la comunidad andaluza. Chaves no tardó en acudir a llamada de Zapatero y en proclamar abiertamente su conformidad con una propuesta que concedía a los andaluces un trato similar al de los catalanes y el resto también se sumó a la propuesta. Incluso la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid se manifestó abiertamente satisfecha con la generosidad de una fórmula que posteriormente llegó a denominarse, gracias a las palabras del propio Artur Mas, como el Teorema de Zapatero. Básicamente consistía en garantizar a todas las autonomías una financiación superior a la media.

En julio de 2009 el Consejo de Política Fiscal y Financiera aprobaba el nuevo acuerdo de financiación elaborado a partir de las condiciones impuestas por Artur Mas para deponer su última pataleta, pero no resultó suficiente. La nueva se debe a que sigue sin resolverse la cuestión fundamental: los catalanes no solamente quieren más, sino que sobre todo quieren más que los demás. No es cuestión de alcanzar una autonomía financiera plena, ni de limitar la solidaridad territorial, sino acabar con la pretensión de que todos seamos iguales. En el fondo puede que tengan razón, puesto que las singularidades de cada territorio nos hacen diferentes entre nosotros, aunque sigo sin entender por qué la singularidad catalana debe resultar más costosa al Estado que la andaluza, cuando, por ejemplo, aquí tenemos bastante más parados.

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