Salud Alergia al frío: desde ronchas a pérdida de la conciencia

Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

El peaje eterno

Sevilla no ha tenido en las tres últimas décadas un alcalde reivindicativo y con capacidad de movilizar

Está Sevilla convencida de que la desatención que sufre la ciudad en los Presupuestos Generales del Estado -también en los de la Junta-, la falta de inversión en infraestructuras o los retrasos de años y años en proyectos de los que siempre se habla pero que nunca se ejecutan, se debe a que los gobiernos piensan que con lo que se hizo aquí en la Expo ya vamos sobrados. Según este planteamiento, la concentración de grandes obras que se acometieron en esa época -desde la primera línea de tren de alta velocidad hasta los puentes sobre la dársena del Guadalquivir- nos da para ir tirando por tiempo indefinido.

Lógicamente nunca se ha escuchado a un ministro o similar afirmar algo así con rotundidad, aunque alguno lo ha insinuado. Pero a los hechos nos podemos remitir: Sevilla no es nunca una prioridad y alguna razón debe existir para ello. Puestos a buscar, la de que estamos pagando el peaje de la Expo ofrece, por lo menos, una línea argumental a algo a lo que cuesta trabajo encontrarle explicación. Dentro de unas semanas entraremos en el año en el que se conmemoran los 30 de la muestra universal, que marcó, junto con la celebración de los Juegos de Barcelona, el cenit de la España de progreso y bienestar que siguió a la exitosa transición de la dictadura a la democracia. Será entonces el momento de hacer balance de lo que supuso aquello y de lo que ha pasado y ha dejado de pasar después. Incluso, de comparar qué fue Sevilla en las décadas posteriores y qué fue de Barcelona.

Pero por ahora quedémonos con una primera mirada al pasado para preguntarnos hasta qué punto el pago del peaje eterno por haber concentrado un importante esfuerzo inversor hace 30 años es culpa sólo de los que nos tienen que mirar desde la Moncloa o desde San Telmo o es la propia ciudad la que se lo ha ganado a pulso. Y vaya una primera conclusión que, creo, admite poca discusión: Sevilla no ha tenido en todo este tiempo un alcalde reivindicativo y exigente con capacidad para movilizar ni a nuestra débil sociedad civil ni al conjunto de la ciudadanía. Desde los tiempos de Manuel del Valle hasta los de Juan Espadas, pasando por todos los que han estado en medio, la Plaza Nueva ha sido un lugar de aplicación de políticas más bien anodinas en las que se ha administrado el día a día y poco más, con la excepción reseñable de unas pocas actuaciones en la época de Monteseirín.

El 30 aniversario de la Expo se celebrará en plena vorágine de las elecciones andaluzas y cuando falte poco para las municipales. Quizás fuese una buena ocasión para que Sevilla reflexione y llegue a alguna conclusión.

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