Julián Aguilar García

La peatonalización de la Magdalena

15 de mayo 2019 - 02:31

He sostenido que la apertura de nuevos hoteles es buena noticia para Sevilla, que las viviendas para fines turísticos (regularizadas, con calidad, no soluciones habitacionales infectas y sin control) son perfectamente defendibles, que el turismo es una actividad importante y beneficiosa para nuestra ciudad. Pero siempre que sea compatible con la supervivencia y normalidad del centro como un lugar habitable. Es algo tan importante que algún nuevo partido, como Más Sevilla, lo erige en ariete con el que cambiar realidades.

Al parecer, el Ayuntamiento tiene decidido continuar la peatonalización de nuestra ciudad. Ahora, la Plaza de la Magdalena. Ignoro si es una exigencia de quienes están promoviendo allí un nuevo hotel. Lo dudo y me parecería sorprendente y rechazable que, de ser esa la causa, nuestros mandatarios se hubieran plegado. Quiero creer que la razón estriba en que los concejales y el alcalde creen que eso es bueno para la ciudad. Discrepo.

El centro tiene, entre otros, un riesgo y un problema. El riesgo, que acabe convirtiéndose en Venecia, lugar precioso tendente a la despersonalización, con historia pero sin alma presente, ideal para visitar e irse. Queda mucho para que la situación sea ésa, pero el riesgo es innegable. El problema, que muchos habitantes de la propia Sevilla y alrededores lo ven como de difícil acceso, antipático, caro. Esa visión no responde necesariamente a la realidad, pero ciertamente las percepciones pueden ser más importantes que las realidades.

Peatonalizar la Plaza de la Magdalena implica hacer más amplia aún la zona de la ciudad donde no se puede penetrar en coche particular ni siquiera en autobús. No sé dónde tiene previsto nuestro mandamás local colocar las nuevas paradas de autobuses de las líneas que hasta ahora llegan a esta plaza, pero sin duda va a dificultar que el público pueda llegar a oficinas y casas, a las dos entidades financieras allí radicadas o a esa tienda de El Corte Inglés (con impacto en los comercios cercanos que se alimentan de la afluencia que genera este gran almacén). Por supuesto, podemos cambiar las tiendas que allí hay por un macro Starbucks, una heladería artesana más y tres expendedurías de camisetas con toros y lunares. Y podemos echar a los vecinos y a las empresas, en cuyo caso imagino que el Ayuntamiento será rápido permitiendo cambiar el uso de los inmuebles para que pasen de oficina a vivienda… para fines turísticos por supuesto.

Menciono el caso, no por su relevancia en sí sino por lo que tiene de sintomático. Hay que hacer compatible una ciudad atractiva para el visitante de calidad (vale, todos los humanos tienen la misma calidad, pero usted me entiende) que gaste dinero en ella con un lugar donde a los sevillanos nos guste vivir y pasear y podamos hacerlo. Si nos siguen dificultando llegar a ella, lógicamente nos seguiremos yendo al Aljarafe o a donde sea y nuestros hijos conocerán Sevilla en alguna excursión del colegio. Como turistas.

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