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Tribuna Económica

Joaquín Aurioles

La perspectiva de la deuda pública

SEGÚN el proyecto de Presupuestos, la deuda pública podría estabilizarse en 2016 e incluso reducirse ligeramente. Si se cumple la previsión, España se integraría en el club de países que, como Alemania en 2011, consigue iniciar un proceso de reducción del endeudamiento público, tras haber sido miembro activo del otro selecto club de países donde, como consecuencia del déficit excesivo, más intensamente había aumentado desde el comienzo de la crisis.

Hay tres tipos de soluciones ante un problema de déficit excesivo. Subir impuestos, cosa que a la larga resulta inevitable; pedir prestado, lo que implica mayor nivel de endeudamiento público; o reducir el gasto, que normalmente se traduce en recortes en el sistema de bienestar. Cada gobierno administra su receta combinando, según sus preferencias, diferentes dosis de cada ingrediente, pero es casi seguro que todos ellos estarán presentes en alguna medida. Traducido al caso español significa que el aumento de la deuda pública, el de la presión fiscal o los recortes sociales de los últimos nueve años, han sido consecuencia del descontrol de las cuentas públicas durante la crisis.

La deuda pública española, que en 2007 era de 383.000 millones de euros (35,5% del PIB), llegó a superar el billón de euros en 2014, uno de los ritmos de crecimiento más elevados del planeta, que también ha terminado por colocarnos en el grupo de los más endeudados (97,7% del PIB). Al frente de todos está Japón (245,5% del PIB) y a continuación un grupo de países de entre los más desarrollados del mundo, como Grecia (171%), Italia (132,1%) o (Portugal 130,2%). Hace algún tiempo que España se situó por encima del conjunto de la Eurozona (92% del PIB a finales de 2014) y de la UE-28 (87%), pero sobre todo muy por encima de los estándares internacionales. En realidad, el nivel de endeudamiento en las economías emergentes y menos desarrolladas es considerablemente inferior que en las avanzadas, salvo excepciones puntuales, como Zimbabue. Los BRIC están por debajo del 50%, mientras que en Argentina, uno de los países peor tratados en los mercados de capitales, el endeudamiento equivale al 40% del PIB. La principal explicación es que los mercados no se fían e imponen unas condiciones tan duras, que los gobiernos intentan evitar por todos los medios pedir prestado a los mercados de capitales, pero otra razón importante es que cuando el nivel de renta por habitante es reducido (en Argentina 9.722 euros, frente a 22.780 euros en España o 27.247 euros en Japón), la carga de la deuda se hace insoportable, dado que la práctica totalidad de los recursos debe destinarse a satisfacer necesidades básicas de la población.

España dedicará 33.490 millones de euros (3% del PIB) al pago de intereses en 2016, lo que significa que si crece más del 3% podrá emplear la diferencia a reducir el endeudamiento, aunque también podría emplearlo en recuperar una parte del bienestar perdido con los recortes o bajar impuestos. Al final estamos ante una fórmula con los mismos ingredientes que la de gestión del déficit (deuda pública, impuestos y bienestar), cuya composición seguirá dependiendo de las preferencias del Gobierno.

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