La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Las pintadas, guinda de la degradación

Hablamos del corazón de la ciudad, de la aurícula y de la ventrícula de un núcleo urbano llamado Sevilla. Se trata de la Alameda, desde los Hércules hasta los monumentos a Pastora, Caracol y Chicuelo, justo al lado de donde tanto tiempo estuvo la muy itinerante Pila del Pato. Dicen que en jamás de los jamases tuvo tanta vida la Alameda, pero no nos vamos a la vida de lenocinio, a la de Corral de Monipodio ni a la de una flamenquería siempre al pairo de lo que quisieran mandar los señoritos de la hora. Nos vamos a la Alameda natural, a la que fue diseñada para paseo y esparcimiento bajo unos álamos que fue desgraciada urbanísticamente. Para colmo de la cosa, en esa espiral de degradación que sufre tan emblemático enclave, ha ido en aumento esa peste del siglo que es el grafiteo que pintarrajea todo lo que se le viene a mano, especialmente lo nuevo o impoluto.

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