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Manuel Enrique Figueroa Clemente

Catedrático de Ecología

El planeta seguirá sufriendo

Tenemos que actuar desde las ciudades para proteger a la ciudadanía con un plan de adaptación

Entre los días 31 de octubre y 12 de noviembre se celebró en Glasgow (Escocia) la COP26, la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Las COP, Cumbres del Clima, son reuniones internacionales que reúnen anualmente a los líderes mundiales con el objetivo de tomar decisiones para cumplir con los compromisos de reducción de emisiones para frenar la emergencia climática. Desde la Cumbre de Río hasta la Cumbre de Glasgow se han celebrado 26 reuniones. ¿Qué ha representado la COP26 de Glasgow? La presidenta de la Comisión Europea ha dicho: "Hemos avanzado en los tres objetivos que nos fijamos al inicio de la COP26; en primer lugar, conseguir compromisos de reducción de emisiones para mantener al alcance el límite de calentamiento global de 1,5 grados. Segundo, alcanzar el objetivo de 100.000 millones de dólares anuales de financiación climática para los países en desarrollo y vulnerables. Y tercero, conseguir un acuerdo sobre el reglamento de París. Esto nos hace confiar en que podemos ofrecer un espacio seguro y próspero para la humanidad en este planeta. Pero no habrá tiempo para relajarse: aún queda un duro trabajo por delante". Vemos una visión llena de buenos deseos que no refleja la realidad. Se ha concluido la conveniencia de reducir las emisiones de CO2 para 2030 en un 45% con respecto a 2010, pero teniendo en cuenta lo que hemos aumentado en emisiones los últimos años y que lo necesario sería la reducción de emisiones de CO2 al menos de 50% para 2050 respecto a 1990, no parece un resultado muy ambicioso. La enmienda final respecto al carbón de reducir en vez de eliminar no da una buena expectativa. Aparece el secuestro geológico del CO2, permitiendo emisiones si se captura, con graves problemas ambientales, ante la imposibilidad de bajar emisiones, especialmente en relación con el carbón, abriendo la puerta a nuevos negocios globales sin reducir la emisiones. Las centrales nucleares su muestran en la Cumbre de Glasgow como una solución al cambio climático, habiendo propuesto Francia que se considere una energía verde dentro del Pacto Verde Europeo. Alemania propone lo mismo con el gas. El veto de los subsidios sólo afectaría a los denominados subsidios ineficientes, lo que permite a cada país incentivar los combustibles fósiles. Buenas intenciones proyectadas hacia el futuro, no concretadas para garantizar un mundo sin sufrimiento. La nueva esperanza es la COP27 de Egipto de 2022, o la COP28 de Emiratos Árabes, una nueva huida hacia adelante. El efecto Reina Roja, movernos sin cambiar de posición, nos preside en un mundo que teme el efecto Cisne Negro, la aparición de lo inesperado, eventos climáticos extremos generalizados con mayor sufrimiento para los desamparados. Tenemos que actuar desde las ciudades para proteger a la ciudadanía con un plan de adaptación que no admite demora.

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