Baja temeraria

mercedes de pablos

La primera vez

La vida es puro rito en el mejor de los casos y el año que se ha ido nos ha despojado de algunos esenciales

No quiero desinflar ningún globo ni cargarme un mito de andar por casa, pero qué buena imagen tienen las primeras veces. Y no digo que no tenga su magia todo aquello que se hace por vez primera, ver el mar, probar el chocolate, sentir una punzada en el estómago cuando alguien te hace ojitos, pero no ocurre igual cuando esa primera vez requiere una cierta pericia o incluso habilidad. Contra lo estipulado en nuestro imaginario, las primeras veces suelen ser un chasco. Tal vez haya quien en su primer beso de amor ( lo de verdadero lo dejo para Disney) cumpliera exactamente el modelo de la foto de Doisneau -al parecer nada espontanea-, pero en general el primer ósculo que soñamos de película no hubiera aguantado un plano corto ni siquiera de la Escuela Dogma 95. El primer poema del más laureado autor es probable que fuera un churro, por no hablar de la primera vez que alguien cogió un coche, un lápiz, una máquina de fotos, una sartén. Tras esa archiconocida sentencia que recomienda que la inspiración te pille trabajando, atribuida a Picasso, late el más elemental sentido común: lo verdaderamente bueno requiere esfuerzo, no hay que fiarse de las iluminaciones ni de los iluminados. Las revelaciones quedan bien en las doctrinas, pero la realidad suele residir en la letra pequeña.

Y sin embargo qué placer tan extraño el de los primeros días del año. Qué sensación de sábana nueva, toalla sin estrenar, casa recién pintada. Claro que es obra de los humanos, claro que un año es una manera de nombrar a los ciclos astrales, pero la misma vida es pura narración, somos porque nos cuentan y, sobre todo, porque nos contamos.

De hecho, hace años ya que los sicólogos nos llevan advirtiendo de las consecuencias de la paulatina pérdida de los ritos iniciáticos, esos que sirven para crecer dentro de la tribu, la familia, la hermandad, la sociedad. Religiosos a veces, políticos o militares incluso, han venido cumpliendo la función de integración al grupo, por un lado, y superación de etapas vivenciales, por otro. No se trata de cazar el primer león o ponerte corsé, por ponerme rancia, antigua y muy binaria (ajá), pero sí de usar herramientas que nos ayuden a acompañar esto raro de nacer para morir y mientras ir viviendo. La primera noche que pasé fuera de casa no pegué ojo, la primera que pasaron mis hijos tampoco, aunque en condiciones bien distintas. La vida es puro rito en el mejor de los casos. El año que se ha ido nos ha despojado de algunos esenciales: los duelos, las celebraciones, las fiestas, las bullas en la calle, los abrazos. Estamos, si no desnudos, menos protegidos, menos acostumbrados, menos entretenidos. Y ya saben el consejo de Antón Chejov: si no podemos ser felices, procuremos estar entretenidos. Sin tanto sobresalto.

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