Eduardo Jordá

Un pronóstico muy fácil

EN TRÁNSITO

10 de diciembre 2008 - 01:00

ME atrevo a pronosticar que España vivirá en menos de un año unos disturbios muy parecidos a los que está viviendo Grecia. Igual que en Grecia, aquí habrá saqueos, habrá peleas callejeras y habrá incendios, en un estallido de violencia ciega que se dirigirá contra no se sabe muy bien qué ni por qué razones. Incluso me atrevo a pronosticar que habrá uno o dos muertos en las manifestaciones de estudiantes y de obreros en paro, que la prensa calificará de "extremistas" o de "asociales" sin que sea del todo verdad ni del todo mentira, ya que nadie ha encontrado aún un adjetivo que pueda definir el estado de ánimo que estos días se está apoderando de muchos ciudadanos. Porque en ese confuso estado de ánimo se mezclan la rabia con la incertidumbre, el miedo irracional con una asfixiante sensación de estafa, y por último el desasosiego económico con un creciente temor a perder el bienestar que se disfrutaba. Y a todas estas circunstancias hay que añadir la irresponsabilidad y la estupidez generalizadas, aparte del pavoroso envilecimiento moral que poco a poco se va extendiendo por todas las capas de nuestra sociedad.

Con un sistema educativo en coma (pese al heroísmo de sus profesionales y la interesada indiferencia de sus responsables), y con una clase política que se ha instalado en el delirio y en la pataleta infantil y que es incapaz de dar ejemplo a la hora de asumir los sacrificios, es imposible albergar muchas esperanzas. Y si esa sociedad tiene además tres millones de parados, y un sistema financiero tambaleante, y la amenaza de dos terrorismos (el etarra y el yihadista), y una costosa administración territorial que se rige por las leyes de la desmesura y el capricho, y un narcotráfico que cada vez está controlando más sectores de la economía, y unas cadenas privadas de televisión que son capaces de pagar mucho dinero a delincuentes como Luis Roldán o Julián Muñoz, ese país está destinado a vivir una especie de guerra civil de baja intensidad.

Incluso me atrevo a aventurar la forma estúpida y absurda en que todo empezará. Un ciclista atropellará a un peatón y se formará un alboroto en una calle. Será en un día de mucho calor y de exámenes finales, cuando una manifestación de estudiantes contra la reforma de Bolonia coincida con una comitiva de hinchas que van a ver un partido de fútbol. Y de pronto alguien tirará una piedra, y la Policía -que está desmoralizada y nerviosa y mal pagada- disparará al tuntún, y habrá un muerto, y alguien intentará quemar un cajero automático, y luego todo el edificio del banco, y sin que nadie sepa por qué, el incendio se extenderá por todas partes, como ha pasado en Atenas. Nada me gustaría más que equivocarme, pero me temo que va a ocurrir así.

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