Un puro regalo

Pese a la superpoblación, pese a las injusticias, pese a las calamidades, el mundo sigue siendo un lugar hermoso

02 de enero 2020 - 02:31

Hay quien dice que la epidemia del Covid es una reacción desesperada por parte del planeta Tierra, que ya no es capaz de soportar la superpoblación y el agotamiento de los recursos naturales (el agua, sobre todo). "La naturaleza es sabia", dicen. Bueno, muy bien, puede que sea así, pero a los que han perdido a una persona querida -o han visto cómo su negocio se venía abajo- no les hace ninguna gracia saber que su desdicha se debe a la necesidad acuciante de un planeta que se autorregula para evitar su destrucción. Y ahora que empieza el nuevo año, lo que pedimos todos es que las cosas nos vayan razonablemente bien. Ni más ni menos.

Y aún, por fortuna, hay muchas razones para pensar que las cosas pueden irnos bien. Pese a la superpoblación, pese a las injusticias, pese a las calamidades, el mundo sigue siendo un lugar hermoso. Por cuánto tiempo más, eso no lo sabemos, pero de momento basta asomarse a la ventana para comprobarlo. Un día, en medio del confinamiento, oí un sonido maravilloso que se colaba por la ventana. Me asomé y vi un pájaro diminuto posado en la antena del televisor. Era un carbonero, ese pájaro de color aguamarina -mitad mar, mitad cielo- que canta con unos trinos extraordinarios (Thoreau, el ermitaño de Walden, siempre agradecía a los carboneros que fueran a darle los buenos días revoloteando delante de su cabaña). Y unos meses después, en septiembre, cerca del mar, vi un abejaruco posado en una valla. Debía de estar emigrando a África y había hecho un alto en el camino. Yo nunca había visto un abejaruco tan de cerca. Aquel día lo pude contemplar durante unos segundos, no más, porque empezó a cantar un estornino en una casuarina cercana y el abejaruco salió disparado. Estuve al acecho durante tres o cuatro días más, pero no lo volví a ver. Buen viaje, señor Abejaruco.

Hace muchos años, el poeta ruso Joseph Brodsky, que había sido desterrado a una granja de trabajos forzados cerca del Círculo Polar, escribió un poema de Año Nuevo que se titula 1 de enero de 1965. El poema termina con estos versos: "Es evidente que eres ya demasiado viejo/ para confiar en el bueno de San Nicolás;/que es ya tarde para milagros./ Pero de repente, al levantar los ojos/ hacia la luz del cielo, te das cuenta:/ tu vida es un puro regalo". Pues eso, amigos: la vida es un puro regalo. Y más en estos tiempos. Feliz Año Nuevo.

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