La ventana

Luis Carlos Peris

Me quedo con Robin de los Bosques

PREFIERO a Robin Hood antes que a su grotesco imitador el alcalde de Marinaleda y hasta me caen mejor su arco y sus flechas que el pañuelo al cuello y ese megáfono que parece que nació con el atrabiliario corregidor. En este tiempo sólo faltaba que alguien desbrozase los caminos hacia la anarquía para que el caos más insufrible habite entre nosotros. Robin robaba en el bosque de Sherwood a los poderosos para paliar el hambre de los pobres y aquello lo rodeó de un aura que lo llevó a la leyenda, pero Robin no tenía nómina del erario público y el alcalde de Marinaleda lleva viviendo del presupuesto desde que arrancó esta democracia que cada día baja en credibilidad. Lo del inefable alcalde es pillaje en estado puro y alarma que le hayan surgido partidarios dentro de su propio partido que también viven del presupuesto, pero el colmo del engendro es que se haya asaltado una empresa de las que aún crean empleo.

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