la tribuna económica

Joaquín / Aurioles

La reconstrucción de Europa

EL órdago de Monti y Rajoy para que las ayudas a la banca fuesen directas provocó que Angela Merkel decidiera retirarse temporalmente de las tribunas de prensa. Entonces tuvo que dar su brazo a torcer para evitar el veto de España e Italia a su iniciativa de pacto por el crecimiento, consiguiéndose también de paso la renuncia de los países prestamistas a su pretensión de reconocimiento como acreedores preferentes. Dicen que en el silencio Merkel influyó su aislamiento del resto de sus socios europeos durante la pasada cumbre del G-20.

En todo caso, se trataba de una retirada momentánea y sin ceder un ápice su polémica estrategia para la construcción de una nueva Europa, que reconozca a Alemania como potencia hegemónica y arrincone a los gobernantes populistas e imprudentes. El relevo en las tribunas lo han tomado personalidades influyentes, como Wolfgang Schüble, su ministro de finanzas, o Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank, así como los gobiernos de Finlandia u Holanda, que argumentan falazmente que las ayudas no pueden resultar gratuitas ni incentivar la incompetencia o que el BCE debe limitar sus funciones a lo que establecen sus estatutos.

La falacia está en olvidar que los promotores del euro ignoraron conscientemente la recomendación de crear un fondo común para contingencias como la actual o en calificar como ayuda lo que no dejaría de ser un préstamo con altos costes, incluidos algunos de naturaleza no estrictamente financiera. Pero la mayor de las falacias está en el freno a la intervención del BCE o del Fondo de Estabilidad en el mercado de deuda soberana. Conviene recordar que esta prohibición expresa se estableció para operar en un escenario de tipos de interés similar al existente cuando se puso en circulación el euro, que nada tiene que ver con la realidad actual, por lo que la demanda de intervención nada tiene que ver con la financiación a los gobiernos, sino con la corrección de deficiencias evidentes.

Pretender que el BCE permanezca indiferente frente al disparatado mapa de tipos de interés en la Eurozona, puede ser tan irresponsable como su pasividad frente a la tremenda actividad desestabilizadora de los movimientos internos de capital. Lo acaba de puntualizar Mario Monti al señalar que el esfuerzo fiscal para recuperar el orden interno es evidente y reconocido por todos, menos por los mercados, lo que significa que no son suficientes y que deben complementarse con medidas de carácter monetario. Algunos economistas aprovechan para recordar las denuncias occidentales sobre la manipulación china para impedir la revaluación de su moneda y sus consecuencias de "empobrecimiento del vecino", en este caso de Japón y Estados Unidos. Señalan que la resistencia de Alemania y sus adláteres para restaurar la convergencia de tipos de interés entre economías que comparten moneda está provocando cuantiosos beneficios a unos y el empobrecimiento de otros, por lo que hay que esperar que la coincidencia con la visita de la señora Merkel a España no resulte indiferente al Consejo de Gobierno del BCE que debe decidir si intervendrá en el mercado de deuda soberana.

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