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El balcón

Ignacio / Martínez

Un 'relajito'

LA riqueza de la lengua española nos ofrece atractivos descubrimientos. Alguno de ida y vuelta, como las palabras del presidente panameño sobre el ultimátum que le lanza una empresa española: lo califica de relajito y cuentito. La constructora Sacyr ganó en 2009 un contrato para la ampliación del Canal con una oferta arriesgada: se lo quedó por debajo de la base de licitación frente a dos competidoras, una de las cuales pidió casi el doble.

Hubo observadores que consideraron aquel compromiso una ratonera, y que el consorcio liderado por Sacyr con italianos, belgas y panameños dejarían colgada la obra. Pues bien, acaban de presentar un modificado con un sobrecoste del 50%, que da la razón a los agoreros. Y Panamá no acepta el desafío. La amenaza de parar los trabajos ha provocado un escándalo internacional: entre las ofertas perdedoras había españoles y también norteamericanos.

El Canal ha pertenecido a Estados Unidos durante casi todo su primer siglo, que se cumple ahora. EEUU forzó la independencia de Panamá de Colombia por esta obra: la conexión entre Pacífico y Atlántico se terminó con capital estadounidense, después de que quebrara la empresa francesa que la realizaba y Washington se quedó a perpetuidad con la franja por la que pasaba el canal. El presidente Carter convino en renunciar a semejante abuso colonial en 1977 y Norteamérica devolvió la soberanía en 2000.

Para conocer sobrecostes exagerados no hace falta irse lejos. Sacyr construyó las setas de la Encarnación en Sevilla, proyecto polémico que privatizaba una plaza pública, con desmesurada escala y escasa utilidad, presupuestado en 50 millones de euros. Pero salió por más del doble. Los abusos en las obras civiles son una costumbre que afecta a nueve de cada 10 encargos en el mundo.

En España y otros países es conducta tan frecuente que la Comisión Europea ha decidido no pagar subvenciones a obras que superen un 2% de desviación sobre lo presupuestado. No todos son así: una arquitecta andaluza que ganó un concurso internacional en Ginebra explicó a este sorprendido periodista que en Suiza para un modificado antes de empezar la obra hay que convocar un referéndum y una vez iniciada la ejecución el sobrecoste es impensable.

Al presidente panameño en vez de imposible le parece un cuentito y un relajito. Un cuento es un embuste aquí y en América. Pero relajo es un descubrimiento. Resulta que hay un modismo caribeño que llama así a las bromas pesadas. En diminutivo, Martinelli ha dicho que la amenaza de Sacyr es una "bromita pesada". Elegante forma de verlo.

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