El último pase

Un retoque con melena rubia

Del Bosque, prudente y cabal, da continuidad al legado de Luis con la salvedad del protagonismo de Capel

CON España aún resacosa por la conquista de la Eurocopa y Luis Aragonés haciendo las maletas para embarcar rumbo a Constantinopla, no cabía otro camino en el futuro de la selección absoluta que el desbrozado en ese inolvidable mes en Austria: el fútbol combinativo como si fuera el undécimo mandamiento, con constantes toques y con el frenético ritmo que sólo son capaces de imprimir jugadores muy técnicos y talentosos como los nuestros. Cuando Del Bosque llegó a Las Rozas, se encontró con una placa redonda, con fondo azul y una flecha blanca: dirección obligatoria. Y por ahí ha empezado la nueva selección su andadura hacia Suráfrica. En Murcia, con todos los grandes protagonistas de la Eurocopa salvo Torres, la selección volvió a interpretar ese manual de tanto gusto. Eso sí, lo hizo con menos compás, a un ritmo más pausado. Con ese aire perezoso que siempre tienen los partidos de la selección que se incrustan en pleno septiembre y sirven para iniciar una fase de clasificación. Pero la faena de aliño dio para extraer la primera rúbrica de Vicente del Bosque.

Ese retoque tiene melena rubia y una capacidad incuestionable para enervar a las defensas contrarias cuando aún nadie ha roto a sudar. A Diego Capel le basta recibir de espaldas la primera pelota para que el lateral que le marca se apresure a lanzarse a sus tobillos sin reparar en las consecuencias. Al sevillista no le hace falta encarar y lanzarse en carrera para que se desate la violencia rival. De hecho, casi nunca lo hizo en la Nueva Condomina. Simplemente recibe pegado a la cal, la enseña, amaga, y antes de que arranque o que trate de triangular, cae al suelo víctima de una brusquedad. En el minuto 4, el lateral derecho bosnio ya vio la amarilla; en el 14, otro defensor fue amonestado. Luego llegó el penalti, en una jugada de pillo. Apenas desbordó por habilidad, y por rapidez sólo cuando Bosnia encajó su gol y se abrió algo. Pero sólo con su presencia, sólo con recibir la pelota, las defensas pierden la templanza. Es la pincelada de Del Bosque en la campeona.

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