Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Una sabatina ideal para el nocivo "sillón ball"

Tarde de gran atractivo con el clásico de inicio y el fútbol según Sevilla como final de la fiesta

Antaño se le decía sillón ball al nocivo entretenimiento de quedarse ante el televisor horas y horas. Era un reclamo eficiente para el asalto del colesterol a las arterias y en este penúltimo sábado de octubre nos llega la tentación de picar semejante anzuelo. Y es que la sabatina que nos amanece es de órdago, una sesión continua que arranca a las cuatro de la tarde para finalizar cuando estén a punto de dar las once campanadas de la noche.

Aunque todo el foco lo acapara ese partido de partidos que eclipsa cuanto ocurre en nuestro fútbol, el hecho de que los nuestros jueguen sin solución de continuidad incrementa la atracción de este sábado. Empieza todo con un Barça-Madrid inmerso en un mar de dudas por el enrarecido ambiente que se vive en el club azulgrana y la zozobra que envuelve al Madrid tras sus debacles en Valdebebas frente al Cádiz y el Shakhtar, tan sorprendentes como justas.

Tras el clásico comparece el Sevilla en el desertizado Sánchez-Pizjuán para recibir a un Éibar más titubeante que nunca desde que milita en la máxima categoría. Parece como un pleito anticipadamente decidido, pues a la inseguridad del equipo vasco se opone la hermosa realidad de un Sevilla que viene de situar muy alta su enseña en el prestigioso Stamford Bridge, donde hizo olvidar aquel tropiezo en Granada que tan hondo dolió y que tantas marcas quebró.

Y a renglón seguido, el Betis y sus circunstancias en el rodeo de un fuerte rival que rumia su debacle de Munich. Los precedentes no ayudan al optimismo de la grey verde, blanca y verde, pero tampoco hay por qué arrodillarse antes de tiempo. La banda del Cholo tiene que hacerse perdonar y el Betis puede ser víctima propiciatoria, pero fútbol es fútbol y todo puede pasar. Lo cierto es que la sabatina llega pidiendo a gritos sesión inacabable de sillón ball, ese veneno.

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