Azul Klein

Charo Ramos

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En su salón de belleza

El peluquero Joaquín Curiel deja huérfana, tras cuatro décadas, a una clientela que lo sentía parte de la familia

Volvimos a escuchar ayer al legendario pianista ruso Grigory Sokolov en el mismo escenario del Teatro de la Maestranza que hace 13 años y el tiempo parece que no ha pasado por él, que su Chopin suena inédito en sus manos eternas, pero nosotros, en cambio, ya no somos los mismos. Y a esa certeza contribuye una llamada inesperada que me avisa de que la semana pasada falleció por complicaciones derivadas del Covid-19 el peluquero Joaquín Curiel, un profesional admirable que durante cuatro décadas estuvo al frente del salón del Pasaje Delicias que conecta Sierpes con Tetuán. Amanecían los años 80 cuando Curiel, junto con otros compañeros que habían trabajado con el mítico Victorio en El Corte Inglés, fundó ese establecimiento alargado que compartía entrada y lindaba con la peluquería de caballeros que regentó hasta su jubilación su amigo J. Bizcocho.

En los últimos años el casco antiguo ha visto jubilarse a una generación dorada de peluqueros pero todavía retiene su espíritu: la calle Rosario, por ejemplo, sigue siendo tan de Curro como de Cuqui Castellanos. Y es que el gremio siempre ha contado en Sevilla con excelentes profesionales, muchos de ellos verdaderos artistas. "El autobús de Lourdes no pasa por aquí" era una de mis frases favoritas de Antonio, el peluquero de Metamorphosis en la calle Peris Mencheta de la Alameda de Hércules, al que todavía añoramos y por quien agotamos en su momento las existencias del cepillo inglés Remington que nos recomendaba contra el encrespamiento.

A Joaquín Curiel lo recordaremos no sólo por su arte con las tijeras sino por su arrolladora simpatía. Por tratar por igual a todas sus clientas, entre las que había desde marquesas a loteras, y querer engatusarlas a todas con sus chascarrillos. Curiel convirtió su peluquería en un salón familiar donde siempre había humor, risas y recuerdos de una Sevilla analógica, que él conoció bien. Resultaba especialmente emotivo verle peinar a algunas de sus clientas nonagenarias a las que devolvía la conciencia de su propia belleza y plenitud, antes de que las cuidadoras o los familiares volvieran a recogerlas. Curiel también tenía frases inolvidables para animarte a franquear su puerta con más frecuencia: "¿Por qué te vas a conformar con conducir un Seiscientos si tu melena es un Ferrari?" Tenía que haberse jubilado ya pero insistía en permanecer al frente de su negocio y sus clientas se lo agradecían porque muchas ya no querían otra escuela y otras maneras que no fueran las suyas, ese carisma de galán de otra época que nunca dejaba de estudiarse el Hola para conversar con ellas de temas amables que las sacaran de las preocupaciones cotidianas. Valgan estas líneas para reconocer a uno de los grandes profesionales del gremio de peluqueros de Sevilla y a una persona inolvidable.

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