El poliedro

José Ignacio Rufino / Economia&empleo@grupojoly.com

Se sentó mal… y se murió

Los recortes en Sanidad ponen en pie de guerra a colectivos convertidos repentinamente en precarios

CUENTAN de un profesor a quien su bilingüismo español-catalán -y quizá una dislexia nunca diagnosticada- jugaba malas pasadas, algunas muy cómicas, sobre todo cuando el hombre traía a colación refranes y dichos, que se enredaban en el trayecto entre su cerebro y su boca. "Se te van a caer los pelos del sombrajo", decía de vez en cuando, sin que sus alumnos o contertulios -entre mal contenidas carcajadas nasales- se atrevieran a decirle "palos del sombrajo, no pelos, profesor". En estos tiempos exagerados y alucinantes que estamos viviendo, uno recuerda las dislexias de aquel profesor cuando vemos cómo se nos caen los palos del sombrajo del bienestar, pero también los pelos si nos descuidamos… o nos descuidan los que hasta ahora podían cuidarnos.

El sombrajo sanitario público, por ejemplo, una estructura de verdadera civilización y humanismo que aún nos protege de las radiaciones que desde el sol caen sobre este repentino valle de lágrimas. No sé si saben que en Grecia se han dejado de suministrar algunos tratamientos oncológicos. En Cataluña, los recortes en Sanidad son quirúrgicos, y vendidos como de urgencia. La arrogancia innata del brillante Mas los presenta ineludibles -"esto es lo que hay", parece decir henchido de responsabilidad de estadista-, y se permite dejar caer que se trata sólo del principio.

Cataluña es la comunidad autónoma con mayor porcentaje de seguros médicos privados suscritos, y muy probablemente un buen número de los votantes de Mas están de acuerdo con las medidas, quizá en la dudosa creencia de que a ellos no les afecta. Sin embargo, unas imágenes en la televisión del jueves pasado dan que pensar: aquí, libre de salpicaduras no queda ni el Rey.

Junto con otros sanitarios, un batallón de doctores de edad madura, con sus zuecos y sus fonendos en ristre, entraban a la fuerza en una sala donde se reunían representantes del Institut Catalá de Salut (ICS) de la Generalitat con los sindicatos, para negociar a deshora una política de hechos consumados. Cientos de personas muy estudiadas y cualificadas, con retribuciones menguantes pero más que decentes, tomaron el edificio del ICS. Los nuevos descamisados llevan bata, y no toman La Bastilla, sino las consejerías y los institutos públicos. Los recortes no han hecho más que empezar, por mucho que el tactismo preelectoral no haga sino emitir mensajes-despeje: "tú sí que recortas, Rubalcaba, a mí que me registren" o "estos del PP lo van a desmontar y a privatizar todo". Pero, a lo que vamos, la contestación tampoco ha hecho sino empezar. El profesor que reinventaba dichos diría que los médicos catalanes de la pública "están hechos unos obeliscos". Quién nos iba a decir que los médicos iban a salir de sus consultas y quirófanos a algún sitio con visibilidad pública que no fuera una academia de Medicina (y, en esta tierra, a alguna Casa Hermandad), y menos aún que asaltaran lugares públicos con más razón que un médico, digo que un santo.

Quizá todos tenemos asumidos recortes y bofetadas laborales por doquier, aunque la mente humana dribla como Messi, y a uno le parece que la hora fatídica le llega sólo a los demás. También parece que hemos asumido el dogma de que hay que tirar por la calle de en medio y recortar sin miramientos: ¿dónde está lo gordo? ¿En Educación y Sanidad? Pues a meter la tijera ahí; donde mucho hay, mucho ahorro puede haber. Los planes de eficiencia y productividad, la evaluación precisa y coercitiva y otras estrategias de verdadera gestión ni se plantean.

Una cosa sí: todas nuestras profesiones son a estas alturas profesiones de riesgo… pero más todavía la de político. Cuidado con dónde van y dónde se sientan, porque la legión de cabreados -y la de los que no tienen mucho que perder- crece como un mal bulto. En cierta ocasión, en fin, el viejo profesor sentenció compungido: "Chico, no somos nadie: Manolo se sentó mal una tarde… y se murió".

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