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Ya sólo somos Sánchez, escribe Fernando Garea en El Español citando anónimas críticas socialistas con el hiperliderazgo del presidente. Ferraz atribuye el hundimiento en Galicia a la falta de un proyecto consolidado. Un problema gallego, vamos. Pero Besteiro era una apuesta personal de Pedro Sánchez. En términos porcentuales, su descenso en votos del 18% es aún mayor que los 12 puntos que perdió en 2022 Juan Espadas, otra designación del jefe indiscutible. La conclusión del presidente el lunes ante la ejecutiva socialista fue que el debate nacional y la amnistía no influyeron en el resultado. El único dirigente socialista que no le baila el agua dice lo que muchos piensan. El castellano manchego García-Page sostiene que una pérdida del poder del PP habría tenido consecuencias nacionales y lo contrario también.

Sánchez parece haber descubierto la pólvora. Reclama liderazgos fuertes en las autonomías, que trasciendan la marca del partido. Tiene gracia, porque las direcciones nacionales de PP o PSOE señalan a sus favoritos en los lances regionales. Sin ir más lejos, la ministra de Universidades se acaba de proclamar secretaria general de los socialistas valencianos, tras señalarla el superjefe como su preferida. Paracaidismo. Se ha quebrado la saludable costumbre de que el liderazgo social produzca buenos dirigentes orgánicos y que una valiosa dirigencia orgánica desemboque en un eficiente liderazgo institucional. Es el itinerario contrario al que siguieron los dirigentes del PSOE andaluz. Sus tres últimos líderes fueron primero presidentes de la Junta y después secretarios del PSOE-A. Incluso Espadas fue antes candidato a la Junta que jefe del partido. Así no se hacen liderazgos fuertes que trasciendan la marca del partido.

Enfrente pasa lo mismo. Esta semana se cumplen 10 años del dedazo de Rajoy a Juanma Moreno. Lo puso de presidente del PP andaluz con la frase “tú lo has querido”. Sáenz de Santamaría se impuso a Cospedal en aquel juego de tronos. Tras la carambola de 2018, gracias a los votos de Vox, Moreno ha atraído a un electorado más trasversal, menos ideologizado y ha consolidado una mayoría absoluta. Pero lo ha hecho, como los socialistas en la época anterior, desde el poder.

Sánchez echa en falta dirigentes de peso en las autonomías. Pero, por comparación, algunos de sus socios en el Congreso representan mejor a los territorios: el PSOE empata con ERC en Cataluña, está por detrás de Bildu o el PNV en el País Vasco, acaba de ser arrollado por el Bloque en Galicia, sigue por detrás de Más Madrid (Sumar) en Madrid... Ha tenido una mala gestión de los recursos humanos. El mejor orador socialista en el Parlamento andaluz, el malagueño José Aguilar, hijo y nieto de socialistas, elocuente, buen abogado, profesor de universidad, ha llegado a diputado con 57 años. Mientras mucha medianía ocupaba puestos institucionales en la época de la abundancia socialista no hubo sitio para él. Así se hunden los proyectos.

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