Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Está sucia

El alcalde hace mal al reducir el problema de la suciedad de las calles a una polémica política con la oposición

Se equivoca el alcalde. El problema de la limpieza pública en Sevilla no puede reducirse a un intercambio de descalificaciones con la oposición. La cuestión tiene, como todas, un componente político, pero no querer ver que Sevilla sigue teniendo un reto pendiente en la suciedad, cada vez mayor, de sus calles y en la ineficacia de las acciones que se ponen en marcha para combatirla es, simplemente, cerrar los ojos a la realidad. Juan Espadas, que conoce muy bien las claves en las que se mueve la ciudad, sabe que mirar para otro lado no es una buena política y que antes o después se volverá contra él. Beltrán Pérez, el portavoz municipal del PP que lucha por ganar espacio mediático y por convertirse en candidato indiscutido en su propio partido -que hace años que no conoce la paz orgánica en Sevilla-, es consciente de que ahí tiene una mina y hace bien en explotarla. La verdad es que ni el alcalde ni el gobierno municipal le dejan demasiado campo de actuación en otros temas. Espadas pasa un momento dulce en la Alcaldía y la gestión de la pandemia no le ha pasado factura. Quizás todo lo contrario. Las encuestas que se manejan en el PSOE lo colocan como un candidato fuerte, muy por encima de sus rivales en la actual corporación y de las posibles alternativas que podrían presentarle los partidos.

Pero no debería confiarse demasiado. Sevilla está sucia, en algunos barrios muy sucia. Es un comentario diario en las calles y en las redes sociales. Muchos días da pena pasear por parques convertidos en muladares -algunos, como los Jardines de Murillo o el Parque de María Luisa, dan grima los fines de semana- y cada día son más los callejones del centro que apestan a orines, será porque no están abiertos todos los bares para resolver las urgencias mingitorias. Por no hablar de la plaga de mascarillas por el suelo y del aspecto que presentan algunos contenedores a ciertas horas del día. No creo que el largo confinamiento y la posterior desescalada haya hecho más guarros a los sevillanos, por lo que habrá que deducir que hay menos celo en los correspondientes servicios, sobre todo si se tiene en cuenta que ahora estamos aquí los sevillanos y que no podemos echarles a los turistas la culpa de la porquería.

En la política municipal son importantes los grandes proyectos que hacen ciudad. Saber que la ampliación del tranvía se pone en marcha o que la Fábrica de Artillería va a dejar de ser una montaña vacía está muy bien. Pero lo que de verdad llega a la gente es si su calle está sucia o si el autobús tarda más de la cuenta en llegar a la parada. En las pequeñas acciones del día a día es donde un alcalde se la juega.

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