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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

El tiempo se le agota a Sánchez

Ni Aragonès ni Sánchez van a lograr los objetivos soñados: los enemgigos de ambos están en sus propias filas

El fiasco de la ampliación del aeropuerto del Prat ha estrechado aún más el margen de maniobra de Pedro Sánchez en su política de desactivación del conflicto de Cataluña. Lo han saboteado los socios del Gobierno (Podemos) y los socios de ERC (Junts y CUP), que han ratificado así su desdén hacia la mesa de diálogo bilateral prevista para la semana entrante. La consideran inútil de antemano. Sólo creen en la vía unilateral hacia la independencia.

El fracaso anunciado de la negociación de tú a tú entre Gobierno y Generalitat parta de un doble error de cálculo. Por un lado, Pere Aragonès ha querido convencerse de que Sánchez acabaría aceptando en la agenda del reencuentro el debate sobre la amnistía, la autodeterminación y el referéndum pactado (antes de 2030). Por otro, Pedro Sánchez ha creído que ofreciendo transferencias e inversiones privilegiadas el Govern aplazaría sus exigencias máximas a cambio de concesiones que mejoren materialmente la vida de los catalanes.

Los dos se equivocaron. Hace tiempo que Sánchez comprendió que negociar las demandas irrenunciables con Aragonès le haría perder las elecciones en el resto de España, ya suficientemente comprometidas por los indultos (factura de la luz aparte). Ahora ni siquiera es seguro que acuda a la mesa bilateral. No quiere caer en la trampa que él mismo tejió en el convencimiento de que el soberanismo catalán siempre apuesta por la ruptura, pero termina conformándose con un paquete mixto de dinero y poderes menores. Aragonès no es Pujol, ni este tiempo es aquel tiempo. Ahora, veinte años después, hay dos millones de catalanes fanatizados con la república independiente. Tras veinte años de alimentación ideológica en la enseñanza y la información/propaganda.

Y no sólo eso. El president de la Generalitat lo es gracias a Junts y la CUP, que disputan con él la hegemonía del secesionismo. La CUP se ha desvinculado por completo de la mesa bilateral y Junts (Puigdemont) espera que fracase, y trabaja todo lo que puede por conseguirlo. No puede rebajar sus exigencias con esos dos partidos rivales echándole el aliento en el cogote. Amenazando su propia presidencia.

Los dos protagonistas del diálogo solamente querían ganar tiempo. El de Madrid, para ver aprobados los Presupuestos de 2022. El de Barcelona, para asentarse como el único independentista capaz de doblegar a España. Ninguno logrará su objetivo. Ese tiempo soñado se les agota.

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