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Los tiempos del 'low cost'

El bajo coste suena a turismo de chanclas. Mientras que el 'low cost' insinúa que un rico puede no ser tonto

También es mala suerte inaugurar el congreso de las aerolíneas de low cost en Sevilla justamente cuando se está hablando de los barquinazos de algunas empresas de low cost, en sectores tan florecientes y solicitados como las clínicas dentales y las peluquerías. Pero no hay que confundir el atún con el betún. Como en pasa en tantas actividades, todo depende. También es verdad que en el centro comercial de Torre Sevilla se ha inaugurado el primer Primark, esa tienda irlandesa que tanta ansiedad ha creado, y el otro Ikea, esa tienda sueca que tan entretenida resulta a la hora de montar. Nos guste o no, son los años felices del low cost, que estará de moda mientras la burbuja aguante.

El Hotel Barceló de la isla de la Cartuja se ha convertido en una sucursal (¿de low cost?) del Palacio de Congresos para los eventos de moderada magnitud. La cumbre era para las aerolíneas de bajo coste y de larga distancia. Esas son las mejores, las que enlazan con Asia. Según dijo el alcalde, Juan Espadas, el objetivo claro es mejorar las conexiones de low cost long-haul en el aeropuerto de San Pablo. Pues si bien es cierto que actualmente tres de cada cuatro viajeros llegan a Andalucía en vuelos baratos, no es menos verdadero que más de la mitad entran por Málaga.

Queda mejor cuando se dice low cost que bajo coste. Lo del bajo coste suena a turismo de chanclas. Mientras que el low cost insinúa que un rico puede no ser tonto, como en el anuncio de Mediamarkt. Ryanair y otras aerolíneas así son las principales responsables de la masificación del turismo en el mundo. O de la socialización de los viajes, como se calificaría desde una revisión progresista. Richard Ford y aquellos viajeros que escribían libros de viajes ya son como de las cavernas castizas. Ahora lo que mola son las fotos en Instagram, donde todos y todas cuelgan lo mismo que le vieron a Dulceida y las influencers.

El bajo coste ha impregnado la actividad económica. En la moda dicen que lo empezó Zara, pero después se ha reconvertido; y hoy Zara es casi de lujo, comparada con otras marcas de la misma empresa. Amancio Ortega diversificó el negocio y se forró. Por el contrario, los que han pinchado en hueso con las clínicas dentales y las peluquerías han extendido las sospechas sobre la debilidad de lo barato.

Siempre hubo ricos y pobres. La diferencia es que antes los pobres se vestían con lo que le sobraba a los ricos. Para acabar con esa injusticia ha llegado Primark. El sector del lujo se está quedando sólo para presumir. En Instagram, por supuesto, donde los ricos y los pobres no se diferencian.

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