¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El tranvía fantasma

¿De qué nos sirve un transporte público tan vulnerable, que puede ser entorpecido por cualquiera?

La tarde del martes iba bien. Primero, un almuerzo peruano en el restaurante Arroz Blanco para celebrar las últimas victorias literarias de Fernando Iwasaki (ya más conocido como el padre de Andrés Iwasaki, el piano man sevillano que triunfa en La Voz). El ambiente fue goliardesco y el menú pareció sacado de una novela de Mario Vargas Llosa: ceviche, chicharrones, ají, seco de cordero, torta de alfajores. Todo regado con cerveza helada y pisco sour. Faltó el chupe de camarones, el plato favorito de Zavalita en Conversación en la Catedral (el de la manoseada frase de "¿cuándo se jodió el Perú?"). Después, para bajar la ingesta y la exaltación hispanoamericana, dimos un largo paseo desde las cercanías de El Cerezo (el amable Harlem hispalense) hasta el centro. La calle Doctor Fedriani sigue siendo un claro ejemplo de lo mal que se hizo la Sevilla desarrollista: una enorme calzada para los coches y estrechas aceras para los peatones. El Cerezo ha evolucionado de ser un barrio de trabajadores a otro de inmigrantes (si es que hay diferencia). En ambos casos, carne de olvido para una vanidosa y cegata Nova Roma que apenas mira más allá de sus murallas y rondas históricas. Ya intramuros, la situación mejora por los pagos de San Luis, con sus puretas modernosy sus clochards del Pumarejo. Finalizamos la caminata libando en el bar Picalagartos, en el cogollo comercial de la urbe, que poco a poco se llena de las feministas que han acudido a la manifestación preventiva contra el aún presidenciableJuanma Moreno. Cosas de la política y sus pasiones. Llevan bufandas moradas y toman todo tipo de infusiones y alguna fanta.

Como decíamos, la tarde iba bien, tenía duende, swing, flow... Hasta que, derrotados por el día, nos dirigimos a la parada del tranvía de la Plaza Nueva para iniciar el repliegue al hogar. Y allí, ¡oh, Fabio!, sonó la siniestra voz enlatada ya demasiado conocida: "Atención, por favor, servicio limitado a la Puerta de Jerez... Attention, please...". Una vez más, el tranvía estaba cortado y hubo que ponerse a caminar por una Avenida de la Constitución que el frío ha convertido en la gemela meridional de la Perspectiva Nevski. Recordamos el dicho de la Wehrmacht, "un hombre vale lo que sus piernas", pero, ¿y el anciano, el cojo, el oficinista con prisas, el viajero cargado de valijas, el fugitivo...? Esta vez ha sido la manifa de las damas, pero en otras ocasiones los culpables fueron los antifascistas, los animalistas, los capillitas, los antiabortistas, los admiradores de las luces de Navidad, las mareas blancas, las verdes... Y así un día y otro. Pregunta del caminante en la gélida noche de enero: "¿De qué nos sirve un transporte público tan vulnerable, que puede ser entorpecido por cualquiera y cuyas alternativas (el taxi y las piernas) son caras o incómodas? Respuesta: de muy poco, este tranvía fantasma nos sirve de muy poco. Y lo quieren ampliar.

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