La tribuna

eugenia Jiménez Gallego

El uso de nosotros mismos

ME sigue asombrando que un ciudadano medio maneje con soltura tanta tecnología pero no conozca igual de bien el principal instrumento que tenemos que usar: nosotros mismos, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones. Y este desconocimiento persiste a pesar de toda la literatura divulgativa sobre el tema, tal vez porque la consideramos una moda más o precisamente por excesiva. Hay orientaciones muy sabias entre una selva de libros de autoayuda, pero tanto gurú y tanto psicólogo televisivo a la fuerza producen desconfianza. Nos parece que sólo quieren enriquecerse a costa de nuestras inseguridades.

En una siesta de este verano me dejé tentar por el libro autobiográfico Come, reza, ama, que además de semejante título tiene una versión cinematográfica protagonizada por Julia Roberts y Javier Bardem, por lo que no podía sonar más comercial. Pero la verdad es que muchos podemos compartir con la autora una cierta desazón vital, la sensación de sentirnos arrastrados por las emociones, superados por la complejidad de las relaciones humanas. Y nos lanza un mensaje básico pero eficaz: "come" como símbolo de cuidado personal y de ser capaz de disfrutar de cada momento, "reza" no como adoctrinamiento religioso sino como búsqueda del equilibrio interior y "ama" a ti mismo y a los otros. El capítulo en Italia sobre los pequeños placeres de la vida los españoles lo tenemos superado, pero en su viaje a la India descubrimos lo que significa meditar.

Sobre el concepto de meditación es necesario detenerse, porque se suele confundir con la relajación. Sin embargo, aunque ambas comparten la atención consciente hacia nuestro cuerpo y ambas nos calman, la meditación va más allá, es un ejercicio de control mental para enseñar a nuestro cerebro a centrarse en el momento presente, a dejar pasar los pensamientos que nos bombardean cada minuto. Porque, aunque todos pasamos por situaciones difíciles, es verdad que gran parte de nuestro sufrimiento está causado por los pensamientos recurrentes que nos tienen anclados en el pasado (en el resentimiento y la tristeza) o en el futuro (con nuestras preocupaciones y ansiedades). La mayor parte del tiempo no estamos afrontando un problema real, pero nos sentimos mal durante horas recordando lo que nos pasó o temiendo lo que vendrá.

Abre tu mente, de Paramananda, es para mí el perfecto "manual de meditación para dummies", para inexpertos, que nos libera incluso del mito de tener que meditar en posición de loto. Por su parte, Eckhart Tolle, en libros como Practicando el poder del ahora, nos ayuda a llevar ese ejercicio de conexión con la realidad a cada momento del día. Y en El cuerpo recobrado descubrimos cómo la técnica Alexander nos permite tomar conciencia de nuestra postura corporal, que marca nuestra postura vital.

La mala noticia es que las dos primeras obras nos pueden causar cierta alergia, por su lenguaje un poco místico, aunque si perseveramos encontraremos explicaciones y pautas muy clarificadoras. Y por supuesto, de todo ello existen vídeos en YouTube…

La buena noticia es que estos ejercicios que nos parecen esotéricos han confluido con la psicología científica en la técnica mindfulness, que se usa en las terapias de última generación. Es decir, reflexiones milenarias concuerdan con las últimas investigaciones en que la mejor manera de afrontar las ideas y las emociones que nos desequilibran no es esforzarnos en controlarlas racionalmente sino observarlas desde la aceptación, lo que les resta poder. Y en la importancia de tomar conciencia de las tensiones corporales ignoradas, de la respiración inconscientemente retenida.

También coinciden en lo sanador de la actitud consciente de aceptación de los demás, en lugar de agotarnos en ese empeño tan español de intentar cambiar a los otros, o de criticarlos si no se dejan. Y eso no supone resignarnos ni dejarnos avasallar, sino tomar las decisiones que consideremos convenientes: decir no a lo que nos daña, alejarnos de quien no nos conviene… Actuar, pero sin enredarnos en el molino de las ofensas y las decepciones.

Sobre la mente y las emociones podemos profundizar mucho más en otras lecturas y también hay recursos a nuestros alrededor para usarlos cuando los necesitemos: grupos de meditación, un curso de mindfulness o de educación emocional, clases de técnica Alexander o de Pilates, un buen terapeuta… Pero al menos nos merecemos manejar un "kit básico de supervivencia". Pensemos que usarnos mejor nosotros mismos es además la mejor herencia para nuestros hijos, que sólo aprenden a cuidarse por imitación.

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