la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

El valor de los bancos y las cajas

HACE unos meses se puso a las cajas de ahorros en el dilema de mantener un 10% de capital frente al 8% exigido a los bancos; de esta manera se las condicionaba a realizar su actividad a través de la figura de un banco, con accionistas privados. Dijimos en aquel momento que el valor en bolsa sufriría; incluso planteé un descuento del 60% mínimo sobre el valor contable de las cajas, como muy probable, para que pudieran colocarse en bolsa. Como se está viendo, los descuentos están en ese entorno, y la cuestión no es si habrá o no demanda de los títulos sino a qué precio se van a adjudicar.

Varios factores inciden en la valoración de los bancos y cajas. En primer lugar, pesan sobre ellos incertidumbres políticas y regulatorias; la economía financiera está fuertemente intervenida en cuanto a tipos de interés, liquidez, o la valoración de la deuda pública que tienen en sus activos. Se percibe, además, que el poder político está esperando a que los bancos no presenten riesgos para el sistema para regularlos todo lo que puedan; no se les perdona que hayan estado en el origen de la crisis, y ahora (según interpretan) en la escasez de crédito para recuperar la actividad productiva. Incluso en las sentencias judiciales se advierte un cierto cambio, más favorable a los clientes que a las entidades.

En segundo lugar, la exigencia de más capital no es lo más importante desde un punto de vista de una menor rentabilidad, porque no está demostrado que mayor capital suponga un encarecimiento de la financiación y menor capacidad de prestar. Es de lo que más se habla, pero los inversores, de fuera y de dentro, que tantean la posibilidad de tomar posición en los nuevos bancos de las cajas, se mueven más bien entre la oportunidad de comprar barato algo que hasta ahora no estaba en venta, y el miedo a una actividad que ha sufrido tanto en la crisis.

Bancos que son líderes mundiales, y que han pasado la crisis sin grandes problemas cotizan a un 80% de lo que valen sus activos. En Gran Bretaña, donde se acometió el saneamiento financiero de manera decidida, el índice bursátil de bancos está en un 60% del que era en 2008, mientras que el índice general está en 100. Éste sería un tercer elemento a considerar: la valoración y el rendimiento de un banco no depende del rendimiento esperado en forma de dividendos, sino que la rentabilidad tiene que ajustarse por el riesgo desde el punto de vista negativo, y por el valor de la marca, la red o poder de mercado, recursos humanos y tecnología, desde el positivo. Pero mientras lo último puede evaluarse, ¿quién puede decir cómo evolucionará la cartera de activos, deuda adquirida y préstamos de un banco? Esto es lo que está pesando en las decisiones de los inversores a la hora de comprar acciones de los nuevos bancos. Entidades que han excluido los activos con más incertidumbre, y han llevado al nuevo banco sólo el negocio financiero, disfrutan de mejor valoración; si, además, no son resultado de una integración reciente, ofrecen más claridad y hacen más fácil el análisis. Veremos, pues, situaciones muy diferenciadas, pero dentro de la incertidumbre que marcan los elementos que hemos considerado.

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