El balcón

Ignacio / Martínez

Nada que ver con el fútbol

ESTO no tiene nada que ver con el fútbol. Tras la muerte de un hincha coruñés, escucho decir la frase al actual presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo. Un dirigente que en el 2000 estuvo acusado en el caso de las camisetas que se juzgó en el Audiencia de Málaga. El entonces presidente del Atlético, Jesús Gil, y parte de su Familia, fueron juzgados por robarle a Marbella muchos cientos de millones de pesetas. Gil fue condenado por tráfico de influencias y prevaricación, e inhabilitado para cargo público lo que le costó la Alcaldía de Marbella. Aquello tampoco tuvo nada que ver con el fútbol.

La frase recuerda a algunas famosas. Una mítica: el capitán Louis Renault en una escena de Casablanca ordena el cierre del café Rick's hasta nueva orden, porque ha descubierto escandalizado que allí se juega, para acto seguido embolsarse sus ganancias. La otra es reciente. El recluso Carlos Fabra está contento de que su entrada en la cárcel esta semana no haya sido por corrupción. En sus cortas luces, el antiguo presidente de la Diputación de Castellón considera que el fraude fiscal no es corrupción.

Cuando a principios de 1999 el juez Santiago Torres metió en la cárcel a Jesús Gil, el Frente Atlético fletó dos autobuses para venir a Marbella a ajustarle las cuentas al magistrado instructor del caso de las camisetas. No hubo linchamiento, ni siquiera manifestación, porque la Guardia Civil interceptó a los autobuses en la provincia de Jaén. Aquello tampoco tuvo nada que ver con el fútbol. Torres acusó en su instrucción a Gil y a Cerezo de haber comprado casi el 90% de las acciones del club sin desembolsar un duro. El juez sostenía y sentencias de la Audiencia Nacional y el Supremo lo ratificaron, que Dorna, filial de Banesto entonces, le prestó a Gil 1.300 millones de pesetas para hacerse con el 63% de las acciones del club. Y se los devolvió al día siguiente con 25 millones de intereses.

La operación la hizo el Banco de Vitoria. El administrador de Dorna lo admitió en el juicio, pero negó una operación similar de Cerezo por 600 millones. En 2003 la Audiencia Nacional condenó a Gil por estafa a tres años y medio de prisión y a un año a Cerezo como cooperador necesario. Algunos acusados en el juicio de Málaga están hoy en prisión, como un camarero muy conocido llamado Julián Muñoz y un abogado y presidente de club llamado José María del Nido. Pero nada de eso tiene que ver con el juego del balompié, sino con corrupción, aunque Cerezo y Fabra no lo sepan.

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