La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Un voto para Begoña

Da mucha vergüenza oír a la número uno de la candidatura socialista reconvertida en una Pasionaria de pitiminí

Feijóo ha intentado convertir el caso Begoña Gómez en uno de los ejes de la campaña electoral para las europeas. Sánchez le ha tomado la palabra: Begoña ha acabado siendo el centro de la campaña socialista. Begoña sí, Begoña no, ésa es la cuestión.

Donde el PP ha visto la mejor baza, junto a la amnistía, para apuntalar su mayoría insuficiente y apuntillar al sanchismo amnistiador y rehén, el PSOE de PS ha encontrado la mejor oportunidad para conducir al electorado a uno de esos callejones binarios marca de la casa: o se está con Begoña o se está con la derecha y la ultraderecha –sin matices–, los jueces prevaricadores y los periodistas mendaces. Una mujer honesta frente a la jauría organizada y reaccionaria que amenaza los valores de la Europa democrática. El progreso, la luz y la esperanza (de su marido enamorado) ante el oscurantismo, la regresión y el fango. El bien o el mal.

No importa que las elecciones de mañana sólo, y nada menos, estén pensadas y organizadas para un Europarlamento cada vez más poderoso e influyente en la vida cotidiana de los europeos –y en el que populares y socialistas han estado colaborando estrechamente para cobogernar la Unión–, lo que toca ahora es recontar cuántos españoles piensan que Begoña Gómez es una víctima y cuántos la consideran una traficante de influencias de alto nivel. Se trata de calentar y movilizar a dos bloques de votantes mayormente hartos, desmotivados y desenchufados.

¿Cómo lo hace Pedro Sánchez? Subiendo un peldaño más en su inacabable escalera populista. No apela a los argumentos, sino a los sentimientos y las emociones, transforma un tropezón legal de su pareja en un asunto de Estado, como un Kirchner cualquiera, y manda a sus ministros papagayos a entonar una oración que es en sí misma contradictoria: extrañeza, malestar y sospechas por la citación judicial a Begoña, y tranquilidad porque la investigación no va a llevar a ninguna parte. Si no hay nada serio, ¿a qué vienen tanto cabreo, tanta reiteración de consignas y tanta trascendencia impostada? Da mucha vergüenza escuchar a la número uno de la candidatura socialista, Teresa Ribera, declarar que la llamada del juez a Begoña “demuestra que está en juego el Estado democrático”. Y da aún más oírla apropiándose del “¡No pasarán!” de Dolores Ibárruri en días trágicos de hace noventa años. Como una Pasionaria verde de pitiminí.

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