Javier Pedregal

Abengoa y sus gentes

Recientemente tuve que acudir a las instalaciones de Abengoa, de la que fui empleado, orgulloso, y hoy ex empleado, orgulloso también, a pesar de las dificultades vividas por todo y por todos. Si bien fue un poco desolador, pues era un 30 de diciembre, y aquello ha disminuido por la reciente mudanza de la Universidad Loyola, las fechas y la reducción de plantilla, sí me vino al recuerdo y al presente lo que Abengoa y sus gentes han/hemos representado para Sevilla y el mundo entero, no sólo por lo que se ha hecho, y se continúa haciendo, sino por lo que representa, y, sobre todo, representó en distintos momentos de la historia.

Si bien todas las personas (jurídicas en este caso) tienen sus altibajos, y parece que Abengoa está saliendo de su momento más bajo, resaltar la historia de Abengoa, la que a mí me está tocando vivir, no es más que ser justos y poner en valor lo que está empresa, sevillana, andaluza y del mundo ha hecho por los ciudadanos. Ahora que está tan en boga la sostenibilidad y cuidar nuestro planeta, creo que es justo recordar desde cuántos años atrás Abengoa y sus gestores empezaron hablar de sostenibilidad y de energías limpias. Sólo hace falta pensar en la plataforma Solúcar (Sanlúcar la Mayor, Sevilla) para darse cuenta de eso. Y ser agradecidos y justos, y hacer un esfuerzo en pensar en lo que todo esto representa.

Parece que cuesta mucho trabajo mirar hacia atrás y valorar lo que Abengoa ha aportado al mundo, y que el mundo haya mirado a Sanlúcar la Mayor, y a la calle Energía Solar (que así se llama su domicilio social, y el de muchas de sus filiales), para ver una empresa puntera a nivel mundial en sostenibilidad y energías renovables en el mundo entero.

Hemos sido muchos los sevillanos, andaluces y españoles que hemos pasado y hemos sido formados en Abengoa, hemos llevado en nuestras manos esa idea de negocio sostenible, y hemos vendido un producto puntero a nivel mundial, desde China hasta Dubái, pasando por Chile, México, Sudáfrica y muchos otros lugares tan remotos como el desierto del Kalahari. Creo que es momento de sentirnos orgullosos, sacar pecho y hacer valer lo que Abengoa ha aportado a los ciudadanos, y su gran aporte, muy necesario, a Sevilla y a Andalucía, a la industria, al mercado, a la investigación e incluso a la cultura.

No se nos olvide el papel de la fundación Focus-Abengoa, la Universidad Loyola Andalucía y el Hospital de los Venerables. Más allá del 5 Bis, la refinanciación, los bancos y las deudas, hay algo más: el trabajo hecho y el valor aportado al mundo. Hagamos valer ese activo, llevémoslo en nuestros corazones y contémoslo en el mundo, pues algún día volverá a ocurrir, porque la historia se repite. Mucho ánimo a las gentes de Abengoa: presentes, pasados y futuros, gestores, empleados y dueños. Enhorabuena. 

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