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Abengoa cumple 80 años y merece un futuro próspero

Tras fracasar la operación de rescate que se anunció en agosto, se impone pactar otra refinanciación que sea inclusiva y que permita relanzar la multinacional andaluza

La crisis de Abengoa se convirtió en el culebrón económico de 2020 y parece no tener fin. Pero precisamente lo que necesita la multinacional andaluza, que justamente hoy cumple 80 años de su fundación en Sevilla por los ingenieros Javier Benjumea Puigcerver y José Manuel Abaurre Fernández-Pasalagua, junto con tres amigos y otros familiares, es pactar su refinanciación y encarar un futuro que, pese a las dificultades, puede ser prometedor. En ocho decenios, la compañía ha protagonizado una historia de crecimiento y expansión hasta convertirse en un gigante mundial especializado, gracias a su innovación, en tecnologías como la generación termosolar o la potabilización de aguas. Pero esa trayectoria se truncó en el tramo final de 2015 y la multinacional andaluza ha vivido un último lustro marcado por la zozobra de provocar la mayor quiebra de la historia empresarial de España. Su problema era y sigue siendo el mismo, un altísimo endeudamiento, que aún hoy ronda en términos brutos los 5.000 millones de euros. Los acreedores defenestraron a la segunda generación de las familias fundadoras y han ejecutado dos reestructuraciones financieras que, sin embargo, no han sido suficientes para asegurar el futuro de la compañía, que está pendiente de una tercera, lanzada en agosto pero que fracasó tras terminar 2020 sin ejecutarse. La exigencia del Gobierno central de que participase la Junta de Andalucía bloqueó la operación, al negarse el Ejecutivo andaluz por falta de garantías jurídicas. Ese bloqueo permitió, además, que el capital, muy atomizado, se rebelase contra la dirección y el propio rescate, porque éste preveía liquidar la matriz y que la filial en la que se han concentrado los activos, el negocio y el empleo (aún tiene casi 15.000 trabajadores) encabece el grupo. La obstinación en que ese rescate es el único posible ha deteriorado aún más a la empresa y su prestigio -incluyendo la destitución del consejo de administración-. Ahora, al cumplirse 80 años de la fundación, es el momento de pactar otro salvamento, que sea inclusivo y traiga la paz social con los accionistas, que están dispuestos incluso a inyectar más capital. En él, el Gobierno debe jugar un papel crucial -desde el ICO o la SEPI- para asegurar que Abengoa no sólo tiene historia, sino también futuro, y próspero.

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