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Luces y sombras de la hispanidad

La España actual debe conocer bien su pasado en América para comprender la miseria y la grandeza de nuestra historia

Nos acercamos a un nuevo Día de la Hispanidad en unos momentos en el que este concepto está puesto más en cuestión que nunca. Ya no se trata de hacer especialmente hincapié en los aspectos más oscuros y reprobables de la colonización española de América -ocultando interesadamente lo mucho de bueno que hubo en el proceso-, como tradicionalmente ha hecho la llamada Leyenda Negra -una tempranísima campaña de intoxicación informativa impulsada ya en el siglo XVI por los enemigos de la entonces Monarquía Hispánica-, sino de concebir los más de tres siglos de presencia hispana en el continente como un gran desastre, un genocidio sin precedentes que sólo puede merecer la condena y por el que los descendientes de los antiguos españoles tenemos que pedir perdón dos siglos después, como se ha exigido, por ejemplo, desde México. Sin embargo, todo análisis de la historia sin apasionamientos y sin anacronismos ideológicos nos lleva a mirar la conquista y colonización de América como uno más de los muchos encuentros entre grandes civilizaciones que se han producido a lo largo de los tiempos, con toda la inmensa carga de violencia que estos procesos suelen provocar. España no cometió un genocidio en América, porque nunca quiso exterminar a las poblaciones indígenas, como prueba el intenso mestizaje que se produjo desde el principio. Aunque es cierto que hubo mucha explotación y muertes violentas, el grueso de la mortandad se produjo por epidemias y es innegable el esfuerzo legislador que hizo la Corona de Castilla para la defensa de los pueblos indígenas, siempre, claro, desde los patrones mentales de la época. La España actual no debe tener ninguna nostalgia imperialista ni debe flagelarse por este pasado. Más bien debe estudiarlo a fondo para comprender la miseria y la grandeza de nuestra historia. Se quiera o no, aquello produjo una nueva civilización y una cultura, la del idioma español, de la que hoy, pese a tantos tropiezos y abusos, nos podemos sentir orgullosos.

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