El rocío Horarios y recorridos del regreso de las hermandades rocieras de Sevilla

Tribuna

Rafael Rodríguez Prieto

Profesor de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide

28-A, elecciones a la contra

El resultado ha sido bastante gente votando sin convicción y demasiados por miedo. El temor a algo o alguien permite ganar votos, pero no suele encajar con una democracia saludable

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28-A, elecciones a la contra / rosell

El nacionalismo nos hizo peores. No se puede convivir durante años con grupos supremacistas e insolidarios y pensar que no te va a afectar. El victimismo constante como argumento político, genera relevantes réditos entre partidos acomplejados y desconocedores de nuestra historia. La complacencia de PP y PSOE ha trasladado sus modos al pensamiento colectivo. Entender el país como una suma de territorios, en vez de una tierra de ciudadanos libres e iguales, tiene demasiadas implicaciones. Mejorar un hospital, arreglar un colegio o ayudar a una familia no debería depender del lugar en el que se reside, sino de sus condiciones materiales. El nacionalismo implica también la exclusión y demonización del otro. La carencia de deliberación, el voto a la contra, pueden ser un poderoso aliado de la participación y un motivo más que suficiente para movilizarse. El 28-A lo ha mostrado.

Las elecciones serán recordadas como las más reactivas de nuestra democracia. Se ha votado básicamente contra algo. Este comportamiento antideliberativo ha calado en el cuerpo electoral. Unos votaron contra las trillizas (PP, Cs y Vox) y un programa económico percibido como lesivo al Estado del bienestar. El miedo a Vox ha sido un factor relevante en esta estrategia. Los electores prefirieron asumir el discurso social de Sánchez e Iglesias y soslayar su connivencia con los separatistas. En el otro lado, se votó contra la destrucción de la unidad del país y se pasó de puntillas por propuestas socioeconómicas que casi nadie en España comparte, incluso entre los propios electores de derechas. El resultado ha sido bastante gente votando sin convicción y demasiados por miedo. El temor a algo o alguien permite ganar votos, pero no suele encajar con una democracia saludable.

El PSOE (29%, 123) ha obtenido, a la tercera, unos buenos resultados. Sánchez ha blindado su posición definitivamente. Conducirá a su partido a dónde quiera, con todas sus consecuencias. La situación en la que se encuentra implica que tendrá que hacer del indulto a los golpistas la palanca de arranque de su gobierno. No solo porque ERC haya sido uno de los claros vencedores. Sus socios más directos -En Comun Podem- son ya claramente separatistas. Es preso por partida doble del separatismo. El acuerdo con Cs no parece posible. El tiempo pasa y a los naranjas ya no les interesa.

El PP (17%, 66) continúa siendo la segunda fuerza política. Después de la herencia de Rajoy y los suyos es mucho decir. Igual que sería ridículo pensar que Sánchez ha otorgado esta mayoría al PSOE, después de obtener en convocatorias anteriores los peores resultados de su historia, sería injusto señalar a Casado como el responsable de esta situación. No cuesta imaginarse a Susana Díaz logrando esta victoria para el PSOE. Tampoco es difícil contemplar un retroceso aun mayor del PP con otra candidata.

Cs (16%, 57) ha sido unos de los ganadores de la noche. El discurso de Rivera y Arrimadas se ha revelado muy eficaz en los debates. Es una propuesta neoliberal en lo económico, pero alejada de enfoques conservadores en el terreno moral, y con un fuerte compromiso con la unidad nacional. Una seria amenaza a la hegemonía del PP en el centro-derecha. El efecto de un partido liberal progresista y otro liberal conservador -Vox- puede actuar como una tenaza que reduzca el espacio electoral del PP. Solo las sucesivas elecciones nos dirán quién se convierte en la opción hegemónica.

Unidas Podemos (14%, 42) continúa su caída al averno de la irrelevancia. Los guarismos se asemejan cada vez más a los de IU. Quieren entrar en el gobierno, pero primero tendrán que ponerse de acuerdo entre ellos mismos. Sánchez ya los conoce y no le será difícil tratarlos. La experiencia nos muestra que entrar con el PSOE en un gobierno como socio menor se paga en la siguiente elección con una sangría extra de votos. A Iglesias parece no importarle. Otra cosa es que Sánchez lo admita en Moncloa.

Vox (10%, 24) ha obtenido unos resultados positivos. Su programa económico es el más escorado a la derecha. En España existe un consenso, incluso entre votantes de derecha, en torno al Estado del bienestar, que este partido ha abiertamente puesto en cuestión. No cuesta imaginar que la mayoría de sus electores lo han soslayado. Han otorgado más importancia a cuestiones que afectan a la esfera íntima de las personas o sus aficiones -toros o caza- y a una posición diáfana en favor de la unidad nacional.

Dos cuestiones se ciernen sobre el panorama político. Sánchez no querrá repetir elecciones y esperará al verano para aclarar su situación. El nacionalismo ha obtenido una baza muy importante de negociación. Los indultos a los golpistas, que muy probablemente serán condenados por rebelión, está hoy más cerca que ayer. ¿Y después?

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