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Tribuna

Isabel Rodríguez-Directora Conservadora del Real Alcázar

El semisótano del palacio del rey don Pedro

Análisis sobre los trabajos desarrollados en las dependencias subterráneas del palacio mudéjar

El semisótano del palacio del rey don Pedro, abierto recientemente. El semisótano del palacio del rey don Pedro, abierto recientemente.

El semisótano del palacio del rey don Pedro, abierto recientemente. / Juan Carlos Vázquez

Cualquier proceso de intervención en el patrimonio histórico es un procedimiento complejo. Cuando se trata de elementos icónicos desde distintos puntos de vista, lo es aún más. Es el caso del Real Alcázar para la ciudad de Sevilla.

Partimos de dos axiomas presentes en todo el discurso teórico y en todas las actuaciones patrimoniales realizadas en el Alcázar de Sevilla desde hace unos años: “El patrimonio es un valor social” y “sólo se conserva lo que se comunica”.

Podríamos analizar desde estas dos sentencias cualquier actuación en el Alcázar para valorarla y diseccionarla, porque todas, desde mi palacio de verano, la conservación preventiva de las fuentes o las actuaciones en Navidad están proyectadas desde estas bases teóricas y no son actuaciones inconexas. Un claro ejemplo de esta línea de trabajo es la restauración del semisótano para contenedor de piezas arqueológicas y como espacio expositivo.

El semisótano siempre ha sido un sitio de infraestructura, de servicio, gran alacena y desván en función de cada época. Nunca fue un espacio singular del palacio del rey don Pedro. Allí se apilaron con toda probabilidad tinajas, cacharros, objetos inservibles, maquinaria obsoleta y escombros. La intrahistoria del palacio, sirvientes, mozos, operarios y jardineros han sido los protagonistas de este espacio. Arquitectónicamente es un espacio de unos 270 metros cuadrados construido al modo gótico y dividido en estancias cubiertas con bóveda de arista y pavimentadas con una capa de cal compactada. En origen, la comunicación con los jardines se realizó a través de estrechas ventanas verticales a modo de saeteras que permitían mantener estables la humedad y temperatura. Posteriormente, y una vez construidos los jardines en el siglo XVI, se abrieron ventanas al gusto mudéjar, con poyetes adosados que ampliaron su relación con los jardines y permitieron disfrutarlos más cómodamente. A lo largo del tiempo, se fue colmatando con escombros de obras próximas, basuras y objetos inservibles. Así llegó a nosotros.

Este espacio rehabilitado nos permite añadir al Alcázar un pequeño ámbito expositivo que muestre con piezas originales, fundamentalmente procedente de excavaciones arqueológicas, la microhistoria del espacio y los jardines así como su inserción en una síntesis histórica del Alcázar desde sus orígenes hasta hoy.

Nosotros, los que trabajos en patrimonio, estamos obligados a dar respuesta

Para ello, acometimos la excavación arqueológica que abrimos al público y fue explicada por profesionales, los arqueólogos. Montamos y mostramos in situ a los sevillanos las piezas recuperadas allá por diciembre de 2015. En paralelo iniciamos el catálogo y la restauración de 150 piezas expositables correspondiente a todas las cronologías y seleccionadas entre miles de restos cerámicos y fragmentos. Trabajo minucioso de media docena de restauradores durante seis meses. Entre ellas, tinajas, un magnífico brocal de pozo, restos de esculturas romanas, ajuares islámicos y un repertorio excepcional de alicatados del palacio mudéjar que serán fundamentales para conocer la evolución cronológica de los hoy visibles en las distintas salas que conforman el palacio superior. La restauración de todas estas piezas fue una intervención conocida por los sevillanos que tuvieron la posibilidad de verla en primera persona.

Con los resultados obtenidos se elaboró el proyecto arquitectónico, respetuoso con las preexistencias, consolidando el diálogo actual y contemporáneo con los jardines y recuperando la relación física y conceptual con el patio de las doncellas.

Intervención mínima proyectada por el arquitecto, un suelo técnico para dotar al semisótano de infraestructura que permita el control de humedad, temperatura, seguridad y otros agentes. Lo contó su artífice, el arquitecto, hace unos días.

Finalizada la obra, inmediatamente se volvió a abrir al público y ya es un espacio más del Alcázar. Lo que sí constatamos en todo este proceso es que el ciudadano, el sevillano, quiere conocer su patrimonio. ¿Dónde? En el lugar. ¿Cuándo? En el mismo momento de la propia concepción de la intervención. ¿Cómo? Por los profesionales especializados, implicados en el proceso de investigación.

Se ha revertido el tradicional camino de investigación, conservación, difusión; para trazar una autopista que es: difusión, investigación, difusión, conservación, difusión, difusión, difusión… Y nosotros, los que trabajamos en patrimonio, estamos obligados a dar respuesta.

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