Escasez de agua

Qué medidas aplica la declaración de sequía de la CHG

Qué implica la declaración de sequía de la CHG

Qué implica la declaración de sequía de la CHG / Archivo

El cambio climático es sin lugar a dudas el problema más grave al que se enfrenta la sociedad. Las catástrofes naturales están a la orden del día y, aunque no lo parezca, la sequía es una de las consecuencias más devastadoras que existen hoy día. Para la La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) esta problemática ya es un hecho en su cuenca, una cuenca que han confirmado se encuentra en una situación excepcional de sequía en aproximadamente el 80% de las zonas a las que da suministro.

Esta declaración, llevada a cabo por el presidente de CHG Joaquín Páez, no tiene otra intención que exponer al gobierno la necesidad de llevar a término un real decreto que evite que la situación vaya a mayores en unos núcleos poblacionales en los que viven más de cuatro millones de personas. Aunque no corre el riesgo de falta de agua en el ámbito doméstico durante los próximos dos años, la "seca" realidad empieza a ser más que palpable y más en unas zonas en las se encuentra el 70% de los regadíos.

Un problema que irá creciendo

Actualmente, la cuenca se sitúa en un 26,2% de su capacidad, algo que como bien aseguró Páez será suficiente para los próximos dos años. Aun así, si las precipitaciones no llegan, ni se toman cartas en el asunto siendo más consecuente con la utilización de los recursos, el problema crecerá hasta el punto de vivir una situación "preocupante, compleja y complicada", características que se llevan dando con el cambio climático más de veinticinco años en Andalucía.

El futuro decreto de sequía, una ley que aprobará el Consejo de Ministros, no llegará hasta final de año o principios de 2022. Mientras tanto, se priorizará el consumo doméstico (se han reservado ya 400 hectómetros cúbicos) y los caudales ecológicos. Además, cabe destacar que los grandes sistemas de abastecimiento conseguirán dar suministro suficiente, aunque pueden verse afectadas aquellas zonas que dependan de pozos.

En números, en el año hidrológico, que se cerró el pasado mes de octubre, ha llovido un 17% menos que la media histórica de los últimos 25 años, las aportaciones a los embalses se han reducido un 57% y están un 25% por debajo de lo habitual. En definitiva, si el gobierno, autoridades y sociedad no toman consciencia de este asunto podríamos estar hablando en un largo plazo de consecuencias tales como la disminución de la producción agrícola y de la capacidad de carga del ganado, malnutrición, deshidratación y enfermedades relacionadas con la falta de minerales propios procedentes del agua.

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