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jacinto choza. catedrático de antropología filosófica de la universidad de sevilla

“El sexo ha dejado de ser artesanal, se ha industrializado”

  • Pensador libre y cristiano heterodoxo, este filósofo de agitada vida espiritual reflexiona sobre cuestiones de eterna actualidad: la sabiduría, el sexo, la ciencia, las almas en pena o la piedad

Jacinto Choza, en su despacho de la Facultad de Filosofía Jacinto Choza, en su despacho de la Facultad de Filosofía

Jacinto Choza, en su despacho de la Facultad de Filosofía / Belén Vargas

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Varias personas, normalmente vinculadas al humanismo cristiano, han recomendado esta entrevista. Sin embargo, como él mismo reconoce, es un cristiano atípico, una especie de espíritu libre difícilmente encasillable en una iglesia o confesión. El catedrático de Antropología Filosófica de la Hispalense Jacinto Choza (Sevilla, 1944) pertenecía a una familia liberal y más bien anticlerical, lo que no le impidió, en sus años estudiantiles, vincularse al Opus Dei, organización a la que perteneció hasta que un día comprendió que ya nada le ataba a esta. Desde entonces va por libre, sin entregarse al nihilismo de los descreídos ni al buenismo de los progresismos de salón. Cree en el ser humano, pero a su manera. Su dimensión internacional es evidente: ha sido profesor visitante en las universidades de Columbia de New York y en la de Glasgow. Asimismo, es miembro de la The New York Academy of Science y la American Anthropological Association. También es fundador y director desde 1982 de ‘Thémata. Revista de Filosofía’, de la Universidad de Sevilla, y profesor honorario de la Universidad de El Salvador (Buenos Aires). Fue fundador de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica. Sobre todo es un hombre sabio y amable.

–He venido a entrevistarle porque varias personas me han dicho que es usted un sabio. Palabras mayores. ¿Se considera usted tal? ¿Qué es la sabiduría?

–Sería muy presuntuoso por mi parte considerarme un sabio. Rousseau criticaba al hombre que tiene placer sin dicha, ciencia sin sabiduría y honor sin virtud. Todos conocemos a personas que saben mucho y no tienen sabiduría. Ser sabio es poder unir el conocimiento y la felicidad, tener serenidad, y por eso casi nadie lo es, porque todos podemos saltar por los aires en un momento determinado. La sabiduría es el don de percibir que todo está en orden, profundamente en paz, incluido la propia vida. Esto produce un gozo y una paz muy hondos. Casi todos lo hemos experimentado: al contemplar la noche o el mar en algunos momentos. A veces, en las preguntas de un niño; otras, en los chistes de alguien, en la letra de una canción, en unos pasajes musicales. Es el duende. Quizá quienes más veces hacen vivir esa experiencia a los demás son los artistas, músicos, algunos escritores, como Pemán con su Séneca.

–¿La sabiduría se encuentra en la Universidad?

–No creo que en la Universidad encontremos más sabiduría que en otros sitios. Más ciencia sí, pero no más sabiduría ni, por tanto, más dicha. La sabiduría es fugaz, un don que viene y va, como el duende, y hay personas en quienes la podemos ver más frecuentemente. La sabiduría rara vez se encuentra en la acumulación de datos. De hecho podemos decir que en las universidades se penaliza la sabiduría, porque se valoran los saberes muy especializados, pero no la visión de conjunto.

–¿Y en el periodismo?

–En el periodismo prima el titular brillante, la frase que da la vuelta al mundo por su potencia. A veces puede haber sabiduría en una oración, pero ésta nunca está en el dato ni en la información ni en el brillo, sino en la visión de conjunto profunda.

En las universidades se penaliza la sabiduría; se valora más la especialización que la visión de conjunto

–¿El discurso científico ha acabado con cualquier otro punto de vista para intentar comprender el mundo?

–Eso es así, sobre todo, en la Universidad, pero no en el mundo ordinario. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la ciencia era la que tenía le hegemonía en la interpretación pública de la realidad. Pero todo eso saltó por los aires con la posmodernidad, que es una crítica demoledora a la ciencia y la Ilustración Ahora hay otras claves de interpretación del mundo real, como se ve perfectamente en la publicidad. Por ejemplo, un yogur está legitimado si tiene componentes que favorecen la flora intestinal etcétera, lo que es un caso de legitimación científica. Pero lo histórico-tradicional también es ahora un elemento legitimador, como un salchichón “de la abuela” o un licor hecho con el método de unos monjes del siglo XIII. La estética, asimismo, cumple esta función...

–Pero en el mundo académico la ciencia sigue gozando de buena salud.

–A veces esta preeminencia es angustiosa y dictatorial. Hay una auténtica batalla entre los profesores por publicar artículos (papers) en las revistas científicas de más impacto, detrás de las cuales hay muchos intereses económicos de las publicaciones y las editoriales. Los gobiernos ya han empezado a no dar dinero para investigación si los resultados no son compartidos gratuitamente. Además, este tipo de artículos te obligan a pensar y expresarte de una determinada manera que impide otras.

–Un título de uno de sus trabajos me ha llamado la atención ‘Ulises, un arquetipo de la existencia humana.’

–Ulises es la primera novela del mundo occidental y refleja de un modo histórico las etapas básicas de la existencia humana, los ritos de paso: infancia, juventud, madurez, ancianidad y muerte.

En las culturas antiguas los antepasados cuentan. En un mundo culturalmente científico no existen

–La muerte...

–En las culturas antiguas los antepasados son gente que cuenta. En un mundo culturalmente científico no existen, por ejemplo, las almas en pena, porque no hay terminología para nombrarlas, pero el mundo rural sí está habitado por gentes que se relacionan y tratan con estas ánimas... Uno es primero niño, después joven, después maduro, después anciano y, finalmente, alma en pena... Para muchas culturas agrarias hispanas (y americanas ni le digo) la vida en el otro mundo sigue contando.

–Volvamos a Ulises.

–Ulises te da la geografía espiritual del ser humano: cómo te relacionas con tu padre y tu madre, como te enfrentas a los monstruos, como pides ayuda a los dioses, como bajas al infierno, etcétera. Alguna vez, todos nosotros nos hemos preguntado por estas cuestiones.

–Usted ha tenido una vida espiritual y filosófica algo agitada. Perteneció durante mucho tiempo al Opus Dei, pese a proceder de una familia liberal y anticlerical. ¿Le importa que hablemos de ese asunto?

–No, en absoluto. Mi primer contacto con el Opus fue al llegar a la Universidad y conocer al profesor Arellano, pero al principio lo rechacé. De hecho, me introduje en el círculo de alumnos de Agustín García Calvo, un profesor libertario por el que me sentía muy atraído. Pero me molestó mucho cuando me di cuenta que García Calvo nos estaba manipulando contra el Opus. A los quince años, en el instituto de Huelva donde estudié, me hice de una manera muy consciente cristiano, liberal y filósofo, quizás por eso, tras superar una crisis de fe, terminé optando por la tradición cristiana tal como la representaba en la Universidad de Sevilla el profesor Arellano.

–¿Por qué se fue?

–En una entrevista en la BBC, que está en Google disponible, explico que me fui porque llegué a la conclusión de que el Opus era incompatible con la fe de la Iglesia Católica y con el cristianismo mismo.–Son unas palabras un poco duras. Conozco a muchas personas del Opus que son cristianos ejemplares.–Por supuesto que hay gente en el Opus que son buenas y cristianas. Lo que quiero decir es que la concepción de la Iglesia que tenía el fundador del Opus y el equipo director era la de San Pío X, algo totalmente rechazado a partir del Vaticano II. Tanto que, en el catecismo de 1993, Pío X ha sido excluido de las autoridades de la Iglesia. Es una omisión muy clamorosa.

–Vivía en el Colegio Guadaíra y se fue. ¿Le pusieron algún problema?

–Ninguno. Presenté mi carta de dimisión y me fui. Llevaba ya muchos años marginado en la organización. Todo el mundo lo entendió. No tuve problemas.

–¿Sigue siendo cristiano?

–Me considero cristiano, aunque algunos amigos me dicen que no lo soy. Siempre digo que me fío más del Parlamento Británico que del magisterio de la Iglesia. El anglocatolicismo me es más cercano que el catolicismo romano. Ahora, con la llegada del Papa Francisco...

–¿Le gusta el papa Francisco?

–Le admiro profundamente. Nunca he visto un Papa tan críticon la Iglesia. Creo que puede llevar al cristianismo a su condición primordial, que es lo que necesita la Iglesia del siglo XXI. He escrito mucho sobre él, de una manera en la que quizás él mismo no se identificaría.

Admiro profundamente al Papa Francisco. Nunca he visto un pontífice tan crítico con la Iglesia

–Hablemos de sexo, uno de los grandes asuntos sobre los que ha pensado. Hay como una saturación sexual del ambiente. Estamos recibiendo continuamente estímulos en este sentido.

–Ahora estoy escribiendo un libro que se titula El sexo de los ángeles. Sexo y género desde las bacterias hasta los robots. El sexo ha ido cambiando a través de la historia. Ahora, en la sociedad postindustrial es cada vez más irrelevante para la procreación. Lo importante de él ya no es la reproducción del género humano ni la familia, como ocurría hasta los años sesenta. De hecho, las parejas de hoy, en el mundo occidental, se casan cuando las mujeres están prácticamente a punto de abandonar la edad fértil, sobre los 35 años. También cuando el esperma del hombre, sobre los cuarenta años, pierde efectividad. El sexo ha dejado de ser artesanal –agradabilísimo procedimiento– para convertirse en una industria: clínicas de fertilidad (el 10% de los niños españoles nace por reproducción asistida), remedios para la disfunción eréctil, todo tipo de productos para pasarlo bien en la unión sexual, la misma lactancia... Los pechos ya no sirven para amamantar. “Eso era en el paleolítico” me dijo una estudiante.

–Ahora hay una reivindicación de la lactancia natural.

–Sí, pero si observa los gráficos de Nestlé verá que sólo el 25% de las madres le da el pecho a sus hijos. En América del Sur esta cifra sube al 50%. Ahora estamos llegando a una nueva fase en esta industrialización del sexo, la gestación subrogada.

–Entonces, ¿para qué sirve ya el sexo?

–Para indentificarte contigo mismo, para relacionarte con otros en la intimidad y para pasarlo bien y disfrutar. Pero el sexo ya ha dejado de ser una cosa natural. Ha pasado a depender de la libertad, de la voluntad, lo que hace que cambie toda la moral sexual.

–También ha escrito sobre el pudor, un tema importante en un mundo dominado por las redes sociales. ¿Se ha perdido el pudor?

–Las actitudes y sentimientos específicamente humanos son constantes. Siempre se dan los mismos en todas las fases históricas y en todas las culturas. Lo que sí cambia es la forma de expresar estos sentimientos. Más que desaparecer, yo diría que ha cambiado la geografía de lo púdico y lo impúdico. El pudor es la inclinación a proteger la intimidad de la mirada ajena. Por tanto, si cambia lo que consideramos íntimo cambia también el pudor.

Más que desaparecer, ha cambiado la geografía de lo púdico y lo impúdico

–Por ejemplo, una chica en la playa haciendo toples. Para su abuela sería impensable.

–Esa chica va vestida de su propia desnudez, como Eva. Max Scheler decía que para que una persona fuese capaz de superar su pudor tiene que considerarse como un caso universal. Es lo que nos pasa cuando nos desnudamos ante un médico. Nos ofrecemos como objeto de la ciencia y, por tanto, somos universales. Algo parecido es lo que le pasa a los modelos de los pintores.

–¿Y la intimidad de la pareja?

-No te muestras ante el otro, porque el otro eres tú mismo.

–¿Qué cosas producen más pudor ahora?

–Las cuestiones religiosas y políticas. La gente no suele contar sus creencias a los demás.

–Otro de los asuntos que ha estudiado es la piedad y sus cambios en la actualidad.

–La piedad era antes, sobre todo, el cuidado de los padres y los hijos. Eso se ha ido ampliando poco a poco hacia todos los seres humanos y, últimamente, al conjunto de los seres vivos. Hoy sentimos una gran piedad por los animales, por los árboles, por el planeta... Volvemos a ver un cambio de la geografía, una recolocación de lo piadoso, de lo venerable, de lo cuidable. Nuestra época ha desarrollado mucho la ética del cuidado. Tendemos hacia una fraternidad universal, ahora hay menos órdenes religiosas, pero han sido sustituidas por las ONG que se dedican al cuidado de los demás.

–Es usted optimista respecto al ser humano.

–Completamente.

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