Jesús Cosano | Productor e investigador “La historia de los negros de Sevilla se ha silenciado sistemáticamente”

  • Fue director de la Fundación Cernuda e impulsor de los encuentros entre el flamenco y el son cubano

  • Ahora dedica sus esfuerzos a investigar y divulgar el pasado de la comunidad afrohispana

Jesús Cosano, en su domicilio. Jesús Cosano, en su domicilio.

Jesús Cosano, en su domicilio. / Juan Carlos Vázquez

La casa de Jesús Cosano (Puente Genil, “hace mucho tiempo”) está en el mismo borde de Sevilla y el Tardón. Desde su salón-estudio se puede ver el Cerro de Santa Brígida y los naranjales del Guadalquivir, río por donde venían a Sevilla los esclavos negros que pronto serían una minoría importante en la ciudad. Productor y gestor cultural, fue durante años, del 87 al 95, director de la Fundación Luis Cernuda, uno de los centros culturales más importantes de la Sevilla de la época. También fue uno de los impulsores de los encuentros entre el son cubano y el flamaneco, gracias a los cuales se pudo disfrutar en la ciudad de algunos de los mejores intérpretes de la trova tradicional de ‘la Perla’, desde Compay hasta El Guayabero. Junto a su amigo de la adolescencia, Santiago Auserón, y otros músicos como Kiko Veneno o Gualberto García, impulsó la Fundación de Cultura Afro-hispana-americana, que pretendía investigar y reivindicar el rico legado de los negros en la historia y la cultura de la Hispanidad. Actualmente se dedica a la investigación y la escritura de su serie Los Invisibles, que ya tiene dos entregas: ‘Hechos y cosas de los negros de Sevilla’ y ‘Las negras de la Inmaculada’ (Aconcagua).

–¿Es cierto que ese dibujo es un original de Miles Davis?

–Sí, me lo regaló él en persona. Fue la última vez que estuvo en el Festival de Jazz de Sevilla. Cuando terminó el concierto quiso visitar algunos estudios de pintores de la ciudad y le organizamos un recorrido por varios, entre ellos el de Curro González. Estuvimos también en el Museo de Arte Contemporáneo que estaba entonces en la calle Santo Tomás. Después fuimos a su habitación en el Hotel Meliá, donde tenía un rollo enorme de papel y un montón de lápices. No paraba de pintar mientras tocaba la trompeta. Al final nos regaló un dibujo a cada uno de los que le acompañábamos, entre ellos a Alberto Marina. Este por el que me pregunta lo usé para ilustrar el relato que abre el primer libro de mi serie Los Invisibles: Hechos y cosas de los negros de Sevilla, que habla de la tumba del negro en la Iglesia de Santa Ana.

–Uno de los enigmas de la Sevilla negra. Cuenta la leyenda que allí yace un esclavo asesinado por su amo. Lo que sí es rigurosamente cierto es que la hizo Niculoso Pisano, el gran ceramista italiano…

–Y también propietario de esclavos.

–Pero antes de meternos en esos asuntos, cuénteme cómo surgió aquella magnífica idea que fueron los encuentros entre el son cubano y el flamenco que organizaba la Diputación.

–Santiago Auserón ya había hecho un trabajo previo recopilando una caja de discos bellísima en la que estaban los músicos cubanos más antiguos e importantes. Se llamó Semilla del son. Con esa base pudimos traer a Sevilla a El Guayabero, Compay Segundo, Los Naranjos…

–¿Su interés por la negritud sevillana le entró por la música?

–Yo era muy mal estudiante, y con trece años mi padre me mandó a Villanueva de los Castillejos, ya cerca de Portugal, a trabajar en la construcción de un canal entre el Guadiana y la zona industrial de Huelva. Allí me enseñó topografía el padre de Santiago Auserón. El que luego fue el líder de Radio Futura era de mi edad y nos hicimos muy amigos. Leíamos a Nicolás Guillén, a Leopold Sédar Senghor... También escuchábamos la música negra que el padre de Santiago había traído de su anterior trabajo en la Base de Zaragoza. Posteriormente, uní esos conocimientos a mi afición al flamenco y empecé a reflexionar sobre la posible influencia de los negros en el nacimiento de esta música.

Me interesé por la música negra al hacerme amigo de Auserón, cuando los dos teníamos 13 años

–Ahora comprendo mejor que nunca el sentido de ‘Semilla Negra’, la canción de Radio Futura.

–Auserón siempre dice que para descubrir África, que está sólo a 12 millas de España, se tuvo que ir a Cuba y leer al antropólogo Fernando Ortiz.

–Cuando un sevillano actual escucha hablar de comercio de esclavos piensa en los algodonales de Virginia o Carolina del Sur… Y no sabe que Sevilla fue uno de los centros esclavistas más importantes de Europa durante el Siglo de Oro.

–España y Portugal fueron los países que protagonizaron la historia de la esclavitud en la época moderna. Desde 1420, cuando se aprendió a navegar para llegar al África Subsahariana, empezaron a arribar grandes cantidades de negros a Cádiz, Lisboa y Sevilla.

–Es decir, antes del descubrimiento de América.

–Mucho antes. El cardenal Gonzalo de Mena ya creó a finales del siglo XIV el embrión de lo que iba a ser la Hermandad de los Negros. Evidentemente la fundó para ayudar a los muchos esclavos que, cuando ya no servían para trabajar, eran expulsados a la calle por sus amos.

–Se suele decir que la esclavitud en Sevilla se dedicó más al servicio doméstico que a otras labores más duras.

–Hay de todo. En mi primer libro cuento la historia de los negros del rey, que eran los que trabajaban en las minas de Guadalcanal sacando plata para el monarca. Las condiciones no debían ser muy amables, porque en España, igual que en América, había negros cimarrones que se escapaban de sus propietarios…

Los negros se juntaban a tocar y cantar en la plaza del Atambor, donde hoy está el bar Las Columnas

–¿Se sabe de alguno que lo consiguiese?

–En España, no; en América, sí. Está documentado el caso de uno que se escapó en Salamanca y lo cogieron en Málaga, cuando estaba a punto de saltar a África. Todavía tenía el collar de hierro en el cuello.

–Los negros de Sevilla, ¿tenían predilección por algunos barrios?

–Por varios. Triana, San Juan de la Palma-Feria y, sobre todo, San Bernardo, muy cerca de donde está la calle del Conde Negro, dedicada a Juan de Valladolid. En esa zona extramuros vivía también uno de los grandes negreros de entonces, Simón de Tovar, que al igual que Monardes era un médico, botánico y científico muy prestigioso.

–¿Monardes también era negrero?

–También. Hay documentos en los que aparece comprando cadenas, argollas, cacerolas para que los negros comiesen en los barcos que los traían de Cabo Verde…

–Volvamos a Tovar.

–Su casa estaba extramuros y tenía uno de los jardines botánicos más importantes de Europa, ubicado más o menos a la altura de la Buhaira. Fíjese lo importante que era que, cuando murió, Felipe II ordenó que se “cuidase la huerta de Tovar”. La familia de Mañara también fue negrera.

–¿Y con qué se solían ganar la vida los negros libertos?

–Es complicado saberlo, porque en el momento en que un negro sale de la esclavitud se le suele perder la pista en los documentos, salvo que haya formado parte de algún suceso, como el asesinato de algún noble.

–Me imagino que estos negros se mezclarían con el resto de la población.

–Sí, los documentos evidencian el llamado blanqueamiento. A medida que pasa el tiempo los mulatos van adquiriendo más protagonismo y los negros menos. Llama la atención la cantidad de negros que nacen en casas de propietarios blancos, en los documentos del bautizo nunca consta el padre, sólo la madre… Este proceso de amulatamiento también se comprueba por la aparición de hermandades como la del Calvario, formada por mulatos mucho tiempo después de que se formasen las de negros.

Uno de los negreros más importantes fue Simón de Tovar, el famoso científico

–¿Además de los Negritos había otras?

–Estaba la de Los Negros de Triana, en el barrio de Portugalete.

–¿Portugalete?

–Donde hoy está El Cachorro. Eran terrenos del Conde Duque de Olivares y allí vivían muchos negros procedentes de Portugal, de ahí el nombre.

–Sigamos hablando de la geografía de la negritud sevillana.

–Por ejemplo, como escribe Ortiz de Zúñiga “desde los tiempos de Enrique Tercero (1393-1406), a los esclavos negros se les permite juntarse en bailes y fiestas en los días feriados”. Estos lugares eran la Plaza de Santa María la Blanca y la Plaza del Atambor.

–¿Y dónde estaba la del Atambor?

–Donde hoy la calle Rodrigo Caro, junto al bar Las Columnas. La actual calle Quintana se llamaba antiguamente del Negro, y Catalanes la Cruz del Negro. Por San Ildefonso había una calle del Mulato.

–Su último libro, recién salido del horno, se llama ‘Las negras de la Inmaculada’.

–En él recojo historias de mujeres negras y mulatas en España, como Guantes de Ámbar, una actriz de finales del quinientos principios del seiscientos. También Elena de Céspedes, que fue la primera cirujana importante, que se casó con una mujer y fue descubierta por la Inquisición…

–Lesbiana, negra, mujer… ¿le costó la vida?

–No, pero sí unos azotes.

–Diga más.

–Polonia la Cimarrona, que nació en Córdoba y se la llevaron a Colombia, donde escapó y formó un ejército de otras 150 mujeres que luchó contra los mercenarios que venían a detenerla.

–Hablemos de las relaciones con el flamenco. ¿Cuál es su teoría?

–Yo lo único que hago en el libro es presentar documentos, casos de negros que protagonizaron historias importantes en los inicios del flamenco en el siglo XIX, como el mulato Meric, Lázaro el Negro o María Martínez, que dicen que tocaba la guitarra para El Planeta. Muchos de estos personajes también estaban vinculados con el toreo. Por ejemplo, Meric, quien bailaba, cantaba, tocaba la guitarra y toreaba. Recorrió todas las plazas de la época. También está el caso de Ramón de Rozas, del que se dice que nació en Jerez de la Frontera, aunque otros documentos ubican el hecho en Veracruz (México). Rozas también cantaba el Sonsatillo.

Los negros fueron muy importantes en las celebraciones a favor del dogma de la Inmaculada

–Qué batiburrillo: toros, música, baile…

–En los años veinte existía la banda Estrellas Negras, entre los que estaba el Negro Aquilino, el primero que hizo flamenco tocando el saxo. Este conjunto musical toreaba sinfónicamente. Se metían en el coso con sus instrumentos, incluso con el toro dentro. Óscar Alemán, la guitarra con más swing de la historia y que algunos dicen que fue el maestro de Django Reinhardt, también actuó en Sevilla y toda España con esta banda. Aquí conoció a Joséphine Baker y se fue con ella por Europa.

–¿Y qué tienen que ver los negros con la Inmaculada?

–Porque los negros fueron muy importantes en las celebraciones en favor del dogma de la Inmaculada. Los negros Fernando de Molina y Pedro Francisco Moreno se vendieron como esclavos para sufragar los gastos de culto a la Virgen en 1615. En general, eran muy importantes en todas las fiestas, hasta el punto que las autoridades llegaban a obligarlos a participar en las mismas. Eran elementos imprescindibles para que hubiese cante, baile y alegría. La iglesia también los consideraba mucho en estas labores festivas. En un trabajo que estoy haciendo ahora sobre los llamados villancicos de negros recojo textos que dicen “si no hay negros, los maitines no valen nada”. En uno de estos villancicos hecho en Cádiz se les llama “flamencos de Guinea”… mucho antes de que la palabra flamenco se asociase a música y danza. Otro habla de dos negros que están cantando en la puerta de la Iglesia del Salvador y discuten por ver cuál de sus sones es mejor, el de Santo Tomé o el de Chapultepec. Fíjese como en Sevilla, desde muy antiguo, ya se estaba hablando de los cantes de ida y vuelta.

–Fernando Iwasaki siempre defiende que fandango es palabra de negros.

–En el Diccionario de Autoridades dice “Baile introducido por los que han estado en los Reinos de las Indias, que se hace al són de un tañido mui alegre y festívo” (sic).

–Los negros siempre aparecen asociados a la música.

–Fíjese, en el azulejo que hay en el monasterio de la Encarnación de Osuna, en el que se representa la Alameda de Hércules, una de las escenas es un grupo de músicos, ministriles, algunos de los cuales eran negros y eran pagados con dinero público.

–De todos los negros músicos que vivieron en Sevilla, quizás Machín fue el más famoso.

–Precisamente, una de las cosas más emotivas que organizamos en la época de los encuentros del son cubano fue cuando llevamos a Compay Segundo a cantar a su tumba en el cementerio de San Fernando.

–A veces, los negros tenían algo de mascota exótica…

–Toda la aristocracia europea presumía de tener criados negros, era un signo de estatus. Así aparece en muchas imágenes. Goya, por ejemplo, hizo una aguatinta con la Duquesa de Alba amamantando a una negrita en Sanlúncar de Barrameda. La corte de los Austrias estaba llena de locos, enanos y negros.

–Estamos hablando de cosas muy desconocidas

–Sí, la historia de los negros de Sevilla y España ha sido sistemáticamente silenciada, pese a que es evidente que hay un fluido negro que nos enriquece una barbaridad.

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