Manolo Cuervo | Pintor “La Macarena es la imagen más pop de toda la Semana Santa”

  • Miembro de una brillante generación de artistas sevillanos, es el autor del cartel que anuncia este año a la Macarena, una obra sorprendentemente aplaudida por rancios y modernos

Manolo Cuervo, en su estudio. Manolo Cuervo, en su estudio.

Manolo Cuervo, en su estudio. / Juan Carlos Vázquez

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Manolo Cuervo (Isla Cristina, 1955) vive en una casa de Castilleja de la Cuesta en la que no está muy clara la frontera entre el estudio y la vivienda. Sus cuadros apilados por todas partes y las paredes tapizadas por las obras de sus amigos (Ricardo Cadenas, Patricio Cabrera, Manolo Ortiz, Javier Buzón, Curro González...) dan buena cuenta de que estamos en el domicilio de un hombre incondicionalmente entregado al arte. De allí sale el entrevistador con regalos valiosos y útiles: una bolsa de limones de su patio que huelen a gloria y una reproducción de su aplaudido cartel de la Macarena, que ya preside la cocina del agasajado. Pintor fundamentalmente influido por el expresionismo abstracto y el pop, Manolo Cuervo pertenece a la excelente escuela de cartelistas sevillanos de los ochenta, nacida al calor de la proliferación de grandes festivales y acontecimientos culturales que se dio con la llegada de la democracia. Festivales como el de Jazz (tristemente desaparecido), Itálica o Territorios han sido anunciados por este pintor que fue marinero-dibujante de Elcano y que, como tantos de su quinta, tiene en el jazz, el cine o la literatura sus fuentes de inspiración. Todas las tardes, Manolo Cuervo baja a Sevilla a pasear, a reencontrarse con una urbe de la que no se quiso ir. Hombres como él son los que han mantenido, a veces contra viento y marea, el ---colorido estandarte del arte contemporáneo en la ciudad.

–Su cartel de la Macarena ha gustado tanto a rancios como a modernos. Todo un logro.

–Le ha gustado a muchísima gente, pero no a todo el mundo. Según una información que dio Diario de Sevilla sobre cómo estaba funcionando en las redes sociales, el nivel de aceptación era del 80%. La verdad es que ha tenido muy buena acogida, empezando por la hermandad de la Macarena. Estoy muy agradecido.

–¿No tenía miedo a la polémica?

–No, porque está bien que la gente hable delcartel, que personas que no han ido a una exposición en su vida opinen de él, que se acostumbren a ver arte contemporáneo, que se acerquen.... Yo he estado con muchos modernos de Madrid y Sevilla a los que, en el fondo, no les importaba un bledo el arte contemporáneo. Y de repente descubres que hay cofrades a los que no sólo les gusta, sino que además te compran cuadros. Lo importante es que pude hacer el cartel con mi estilo, pero con muchísimo respeto.

–¿Tenía alguna vinculación previa con la Semana Santa?

–No, ninguna. El primer cartel sobre esta temática me lo propuso la Hiniesta a través de Manolo Grosso. En un principio yo rechacé la propuesta, porque creía que lo que yo hacía no encajaba en la iconografía de la Semana Santa. Pero Manolo me insistió y, al final, lo hice.

–También fue un éxito de crítica y público.

–Me quedé extrañado de la buena acogida que tuvo. Gustó mucho más de lo que yo pensaba. Después vino la propuesta de la Macarena a través de Ricardo Suárez.

–Más allá de su evidente dimensión devocional y espiritual, ¿es la Macarena un icono pop?

–Es la imagen más pop de toda la Semana Santa, la más reconocible fuera de Sevilla. Incluso ha habido diseñadores de moda que la han elegido como inspiración para sus colecciones. En los años 40 y 50 muchos productos (dulces, licores, calendarios...) exhibían su imagen y su nombre aparecía en muchas canciones.

–¿Le ha dado el cartel muchas malas noches?

–Mi principal preocupación era que no se pareciera a la Hiniesta. Sinceramente, creo que lo he conseguido.

Mi generación nunca hubiese pensado que la Semana Santa sirviese para popularizar el arte contemporáneo

–¿Va a seguir profundizando en la dimensión pop de la Semana Santa?

–No lo sé, tampoco me preocupa. Sigo trabajando con los temas que siempre me han interesado, los relacionados con el jazz, el cine... Los carteles de la Hiniesta y la Macarena han sido dos obras puntales, carteles de encargo. Sí es verdad que dentro de mi serie de jazz, después de hacer el cartel de la Hiniesta, hice un cuadro dedicado a Miles Davis y a su disco Sketches of Spain, donde se recoge un tema titulado Saeta. En esta obra enfrento la imagen de esta virgen sevillana con la del músico.

–No sólo la Macarena o la Hiniesta, otras hermandades como el Valle también apostaron en su día por el arte contemporáneo.

–En mi generación nunca hubiésemos pensado que la Semana Santa o los Toros sirviesen para popularizar el arte contemporáneo en Sevilla. Aunque los carteles de la Maestranza no gustan a mucha gente, lo cierto es que los han hecho algunos de los artistas más importantes del mundo, desde Francesco Clemente hasta Larry Rivers, pasando por Barceló. Y eso es importante.

–Me mojo. El cartel que más me llama la atención de los diseñados por usted es el de la edición del Festival de Jazz de Sevilla de 1985, el que ahora se puede contemplar en el bar Naima con una copa y escuchando música en directo.

–Le gusta a muchísima gente, es casi un icono por el que se me reconoce. Como era normal en esa época está hecho a mano: dibujado y con letras adhesivas. Era de gran formato y recuerdo lo mucho que me gustó cuando lo vi pegado en el muro de un derribo (en aquella época había muchos).

–¿No le hizo una foto?

–En aquella época no se hacían fotos... De todas formas no es el cartel con el que estoy más satisfecho.

–¿Cuál es su hijo predilecto?

–Uno que hice para una obra de teatro de Alfonso Zurro, A solas con Marilyn que se estrenó en La Cuarta Pared de Madrid y la dirigió Andrés Lima. Era un monólogo protagonizado por Marta Barroso.–Estamos aquí en su casa y hay cuadros de pintores amigos y de algún maestro, como Pérez Aguilera. Sin embargo no veo muchos carteles. ¿Desdeña su obra gráfica?–En absoluto. Ahí en la puerta de la cocina tengo el que hice para Hamlet, representada por Teatro Clásico de Sevilla. En general yo soy muy crítico con mi obra. Si pudiese, retocaría prácticamente todos los carteles que he hecho. Normalmente, cuando hago alguno no me gusta hasta que pasa cierto tiempo y pienso: “pues tan malo no era”. Aparte, me gusta estar rodeado de los cuadros de los amigos a los que admiro.

–Está la repetidísima sentencia de que un cartel debe ser un grito pegado a una pared. ¿Está de acuerdo?

–Un cartel, ante todo, debe atraer la vista. Para ello debe ser bonito, atractivo por sí mismo, original y diferente.... Lo del grito no lo tengo muy claro.

El cartel del Festival de Jazz de 1985 es casi un icono por el que se me reconoce, pero no es el que más me gusta

–Algunos de sus cuadros han salido en series de televisión norteamericanas con grandes audiencias, como ‘CSI: Nueva York’, ‘Shake it Up’, ‘Black-ish’ o ‘Descolocados’. Me llama la atención.

–Eso se debe a una marchante norteamericana de Los Ángeles que conocí en Madrid y que me compra de vez en cuando algunos cuadros que se lleva a EEUU. Por lo visto, todo el mobiliario de esas series, incluido los cuadros, es alquilado.

–El jazz y la música en general, la literatura, el cine... son elementos que aparecen continuamente en su obra. En general, la generación de los ochenta está muy influenciada por la cultura.

–Por la cultura y los problemas sociales.

–En los ochenta veo más el interés por la cultura que por los problemas sociales.

–En los ochenta sí, pero después hubo una evolución en la que lo social estuvo muy presente. Por ejemplo, en los noventa muchísimos artistas se preocuparon por la inmigración y otros asuntos de este tipo.

Manolo Cuervo, en un momento de la entrevista. Manolo Cuervo, en un momento de la entrevista.

Manolo Cuervo, en un momento de la entrevista. / Juan Carlos Vázquez

–Una de las señas de identidad de su obra es el uso del dripping, esos churretones de pintura que bajan por el cuadro.

–Yo lo llamo así, pero el verdadero dripping era lo que hacía Pollock, que ponía el cuadro en horizontal, en el suelo, y lo chorreaba con pintura. Yo lo pongo en vertical y hago que el chorreón se deslice libremente hacia abajo. Suelo hacer casi todos mis fondos así. Siempre digo que mi pintura, si no fuese por las figuras que meto, podría ser abstracta, tiene mucho que ver con el expresionismo abstracto, con la pintura americana de los años cincuenta. Lo que pasa es que siempre tengo la necesidad de contar cosas, de hacer homenajes a personajes como Amy Winehouse...

–He visto que en el estudio tiene unas fotos de Valle Inclán.

–Son de cuando hice un cartel de Luces de Bohemia. Lo hice como un cuadro, porque con los ordenadores ya no tiene ningún sentido hacer un cartel a mano. Siempre que hago un trabajo sobre un personaje recorto y pego en las paredes del estudio todas las fotos que me encuentro sobre él. Algunas, como las de Valle Inclán, se quedan.

–Ya nos ha hablado del expresionismo abstracto pero, ¿qué más autores le han influido?.

–Lo curioso es que a mí se me ha relacionado con Lichtenstein, o con Warhol, que son pintores que me gustan pero tampoco me entusiasman. De esa época me interesa muchísimo, como a toda mi generación, Robert Rauschenberg, que hizo un pop muy informal. También Larry Rivers... En los carteles me influenciaron mucho Daniel Gil y Alberto Corazón... También las portadas de discos. Cuando yo empecé a hacer carteles, los libros de diseño eran carísimos, por lo que yo me inspiraba viendo portadas de discos y de libros. Me pasaba horas en las tiendas viéndolas.

Cuando empecé a hacer carteles, los libros de diseño eran carísimos y me inspiraba en las portadas de los discos

–He leído que nació en Isla Cristina.

–Es lo único que hice allí, nacer. Mis primeros recuerdos infantiles son ya en Sevilla. Pero es cierto que me gusta haber nacido en el mar, que siempre me ha atraído muchísimo. Cuando hice la mili me tocó la Marina, que para muchos era el peor sitio al que te podían destinar. Sin embargo, yo me puse loco de contento.

–De hecho, se presentó como voluntario para el Buque Escuela Juan Sebastián Elcano.

–Fui el primero de mi quinta que se apuntó. Tuve una suerte tremenda, porque tenía que hacer la mili a la fuerza, pero mi trabajo en Elcano era de dibujante. Vivía mejor que el comandante del barco. Había una revista para informar a la tripulación de las cosas que pasaban en España y el mundo o de los lugares a los que íbamos. Yo me encargaba de ilustrarla. Se editaba todos los días, menos los que estábamos en puerto.

–¿Fue un viaje largo?

–Cádiz, Canarias, Senegal, Río de Janeiro, Uruguay, Mar del Plata, los canales patagónicos, Valparaíso, Tahití, Panamá, Nueva Orleans, Francia y Marín. Estuvo muy bien. Navegar en un velero como Elcano es un auténtico lujo.

–¿Se formó en la Facultad de Bellas Artes?

–Entré muy joven, con 14 años, en la Escuela de Artes y Oficios. En Bellas Artes estuve un par de años, pero fui muy poco y apenas me interesó. No conocí ni lo bueno ni lo malo. De Artes y Oficios sí tengo muy buenos recuerdos, porque conocí a amigos que luego lo han sido toda la vida, como Rafael Agredano.

Hay subvenciones a películas que ni siquiera se estrenan, pero no se dedica ni un euro a comprar arte

–¿Qué está haciendo ahora?

–Preparando una exposición que se inaugura el 10 de abril en Morón, en la sala Santa Clara, un espacio muy bonito. Va a quedar muy bien. Aparte tengo que empezar a pintar un cuadro para la reedición de un libro de Paco Gallardo, El rock de la calle Feria.

–Tenemos nueva consejera de Cultura en la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, ¿qué le pediría?

–Un mayor apoyo a las artes plásticas, porque somos los huérfanos de la cultura. El gran problema del arte contemporáneo en Andalucía es fundamentalmente el presupuesto. Se necesitan fondos para comprar obras y para contratar a comisarios, de manera que se puedan organizar buenas exposiciones. Los museos tienen que tener dinero para comprar obra. Hay subvenciones a películas que ni siquiera se estrenan, pero no se dedica un euro a comprar arte.

-¿Se arrepiente de haberse quedado en Sevilla y no haberse marchado a Madrid?

–Estoy convencido de que en Madrid me hubiese ido un poco mejor. Sevilla tiene muy pocas galerías y pocos sitios para exponer en general. No me arrepiento de haberme quedado aquí, porque en una época viví muy bien del diseño... Me hicieron encargos que eran auténticos lujos, cosas que muchos hubiesen hecho gratis: los festivales de Jazz, Cita en Sevilla, los conciertos de Michael Nyman o Philip Glass...

–¿Y a los artistas jóvenes, los sigue?

-Sí, aunque cada vez son menos jóvenes. Me gustan mucho María José Gallardo, Fernando Clemente, Miki Leal...

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