RAFAEL LLÁCER | Profesor de Ingeniería de Edificación “Los naranjos ya forman parte del patrimonio visual y aromático de los sevillanos”

  • Arquitecto técnico, doctor en Geografía, ‘urban sketcher’, sobre todo este docente nacido en Pío XII y residente en Los Remedios es un hombre al que le gusta pasear y pensar la ciudad

Rafael Llácer, en el campus de Reina Mercedes. Rafael Llácer, en el campus de Reina Mercedes.

Rafael Llácer, en el campus de Reina Mercedes. / Juan Carlos Vázquez

Para Rafael Llácer Pantión (Sevilla, 1960) pensar sobre la ciudad no es una mera afición o divertimento, sino una consencuencia lógica de su actividad profesional y académica. Arquitecto técnico vinculado a las obras públicas del Ayuntamiento, profesor en Ingeniería de la Edificación y doctor en Geografía, Llácer muestra un hondo interés por las cuestiones urbanas. Perteneciente al grupo de los ‘urban sketchers’, recorre la ciudad con su cuaderno para dibujar los distintos espacios que la componen, pero más con una intención analítica que artística. Para él, dibujar la ciudad es pensarla. Este profesor criado en Pío XII y residente en Los Remedios tiene algo de socrático, de filósofo peripatético para el que la acción de pasear va estrechamente unida a la labor de pensar. Se declara discípulo del geógrafo Juan Ojeda, recientemente jubilado de su cátedra en la Pablo de Olavide. Su tesis doctoral la hizo sobre los bordes del Cádiz histórico.

–¿De qué parte de Sevilla?

–Nací y me crié en Pío XII y ahora vivo en Los Remedios. Del norte al sur de la ciudad.

–En cualquier caso, de barrio.

–Sí, se habla mucho del centro histórico, cuando la mayoría de la ciudad está en los barrios, cada vez más.

–El barrio es la verdadera unidad de convivencia urbana.

–Sí, de hecho la división administrativa por distritos es irreal y no sirve para construir una ciudad eficaz. Hace mucho tiempo profesores de Antropología realizaron un estudio donde se proponía una división de la ciudad más real y acorde con lo que sienten las personas, pero ahí quedó... Hay distritos, como el Macarena, que son enormes y abarcan lugares muy diferentes, con necesidades e idiosincracias muy distintas...

–Con el turismo, los barrios extramuros cada vez irán adquiriendo más importancia.

–El turismo es un fenómeno que habrá que gestionar con inteligencia, porque Sevilla, como muchas otras ciudades, se está convirtiendo en un mero producto, y se piensa ya más en los turistas y en sus necesidades que en los que habitan en ellas. Esto es muy peligroso. Ya estamos viendo la despersonalización de amplias zonas del centro. No se puede ni caminar. El problema, insisto, es cuando los gestores de la ciudad la ven como un producto, y las decisiones se toman haciendo cálculos de rentabilidad económica para los hoteles o los restaurantes.

–Tenemos que aprender a comprender la ciudad para habitarla y protegerla.

–Soy un aparejador que tuve la suerte de trabajar en la extinta Delegación de Infraestructura y Equipamiento Urbano, época en la que aprendí a observar y a pensar sobre el espacio urbano, sobre cómo se construye y usa. En Sevilla hay muchas normativas, ordenanzas y planes especiales, lo cual está muy bien, pero no se cumplen.

–¿Por qué?

–Porque no hay la suficiente inspección y exigencia de disciplina urbanística. Si uno conoce la normativa y se da un paseo por la ciudad comprenderá lo que estoy diciendo. ¿Qué pasó con el tema de los veladores? Primero hubo una gran generosidad en la concesión de licencias por parte del Ayuntamiento, sin que se hiciesen las correspondientes inspecciones. Con el paso del tiempo, el hostelero vio esta situación como algo normal. Finalmente, cuando el Ayuntamiento intentó poner algo de orden, empezaron los conflictos. Esto pasa también, por ejemplo, con la publicidad. Cuando se observa detenidamente el paisaje urbano se comprueba cómo la gente ya ha perdido la capacidad de percibir su degradación...

–Ponga algún ejemplo de esa degradación.

–En Sevilla apenas ya hay bancos públicos, lo que nos obliga siempre a sentarnos en un bar. Viena o París están llenos de ellos. Recuerdo ir con mi abuela a la Plaza Nueva, donde había muchas sillas metálicas para que los ciudadanos pudiesen sentarse sin tener que consumir nada. Cosas así siguen existiendo en muchas ciudades de Europa, pero aquí ya no.

La división por distritos de la ciudad es irreal y no sirve para construir una urbe eficaz

–¿Por qué?

–Hay un libro que debería ser de obligatoria lectura para cualquiera que se dedique a la gestión y construcción de las ciudades: La humanización del espacio urbano, de Jan Gehl, un arquitecto danés. El espacio urbano es lo más democrático y social que existe y hay que aprender a cuidarlo e interpretarlo.

–Siga...

-Otra de las carencias es que no hay fuentes públicas para poder beber agua, o los errores en pavimentación y arbolado... Vea que son cuestiones todas que no requieren de grandes proyectos ni inversiones.

–En otras cosas no, pero hoy en día la ciudadanía está muy vigilante con todo lo que se refiere al arbolado.

–Es curioso, porque hace apenas unos años esa conciencia no existía. Durante décadas no se han cumplido los marcos de plantación del viario y se aprovechaban muchas obras para acabar con los alcorques. De ahí esas calles en las que ves tres árboles seguidos y, después, desaparecen durante un buen trecho. No había una conciencia municipal de controlar estos asuntos. Esta nueva sensibilidad ciudadana, sin embargo, está cambiando la realidad.

–El paisaje urbano no es sólo lo que se ve.

–Efectivamente, va más allá y es también lo que uno siente y lo simbólico, algo sobre lo que deberían reflexionar los poderes públicos.

–Esto se ve claro con los naranjos, que ahora están puestos en cuestión. Hay criterios técnicos que avalan que no debe haber tantos, pero eso afecta a las emociones de muchos sevillanos.

–El naranjo como árbol urbano sevillano es un fenómeno muy reciente, de los años veinte, pero es cierto que ya forma parte del patrimonio no sólo visual de los sevillanos, sino también del aromático... Ahora, también hay voces que avisan que esa monotonía no es positiva. No se trata de erradicar los naranjos, sino de alternarlos con otras especies. Me estoy acordando de la calle Asunción, cuya peatonalización fue un completo éxito. Isabel Guerra estableció una alternancia de ciruelos japoneses y naranjos francamente interesante, porque daba distintos cromatismos a la calle. Desconozco los motivos, pero al final se han ido quedando sólo los naranjos, lo que hay que verlo como una pérdida. En general, en Sevilla llevamos muy mal los cambios.

En Sevilla apenas hay bancos y fuentes públicas para beber. En Viena o París hay un montón

–Lo que parece cierto es que los árboles forman parte de eso que Enrique Figueroa llama la biofilia. Mientras más natural sea el entorno urbano, más felices serán sus habitantes.

–Alberti cuenta cómo lo primero que quería aprender de un país eran los nombres de sus árboles. Es importante que le enseñemos a los niños cómo nombrar los árboles.

–Otro paisaje que están destrozando en Sevilla es el sonoro. Ya no se puede pasear por el Parque de María Luisa, por ejemplo, sin escuchar el estruendo de las máquinas de los jardineros.

–Los sonidos del paisaje son muy importantes. A mí me pasa lo mismo con el Alcázar, a dónde suelo acudir muy temprano para dibujar. Antes oías barrer, pero ahora escuchas esos sopladores que hacen muchísimo ruido. En general, hay una gran falta de sensibilidad.

–Con estos ruidos mecanizados y estridentes destruimos muchas cosas: el sonido de las fuentes, de los pájaros, del viento en la copa de los árboles...

–El concepto paisaje nació en oriente dándole mucha importancia a las emociones. Convendría no olvidar estas cosas. Gracias al doctorado pude reflexionar sobre estas cosas. Tuve la suerte de integrarme en un grupo de investigación sobre el paisaje liderado por el catedrático de Geografía de la Olavide Juan Ojeda, que recientemente se ha jubilado.

–Ahora, pertenece a un grupo que dibuja paisajes urbanos.

–Es un grupo de urban sketchers (en suramérica, croquiseros urbanos). Nos reunimos para dibujar en los espacios urbanos, siempre en cuadernos. Al final lo que haces es observar... Yo uso el dibujo como una herramienta de observación y análisis. Por ejemplo, en mi tesis doctoral, que hice sobre el frente marítimo de Cádiz, no me servía lo mismo hacer una foto que dibujar los perfiles urbanos, eso que dicen skyline.

–Pisemos la tierra. ¿Qué opina del pavimento de Baños?

–Todavía no lo he visto directamente, pero por lo que he observado en Twitter está siendo muy polémico.

Sevilla, como muchas otras ciudades se está convirtiendo en un mero producto

–Pero, en general, ¿qué opina de la política de pavimentos de la ciudad? ¿Es usted un seguidor del gran defensor de los adoquines de Gerena, Javier Queraltó?

–Yo tuve la suerte de que, cuando trabajé en el Ayuntamiento, aunque Queraltó ya no estaba allí, sí permanecía esa escuela y esa idea de cuidar con mimo la vía pública y el mobiliario urbano. Queraltó supo comprender el valor patrimonial que tenían los pavimentos de los espacios públicos, que al fin y al cabo son lugares de encuentro. En los últimos tiempos se está abusando del granito de Quintana, que no es autóctono y le da a la ciudad un tono monocolor grisáceo. El pavimento, sobre todo en los conjuntos históricos, es un elemento urbano tan importante como la arquitectura. Tanto el material como la ejecución. Fíjese en Portugal...

–En Portugal el pavimento es casi un elemento de la unidad nacional. Uno sabe que está en este país nada más mirar el suelo.

–Eso te llena de envidia. No digo que tratemos igual el centro histórico que la periferia, pero el Ayuntamiento ha sido muy errático en su política de pavimentos y se ha perdido la homogeneidad. Aparte están los problemas de conservación y el uso de pavimentos no idóneos, como la pizarra, una piedra resbaladiza, que se lasca...

–Volviendo a los barrios, muchas veces olvidamos sus valores patrimoniales, sobre todo los vinculados a los ensanches del 29... fíjese los destrozos en Nervión, el Porvenir...

–Así es, posiblemente porque la misma ciudadanía no los ha percibido como una riqueza. Para proteger el patrimonio, lo primero y más importante es que la población lo reconozca como tal. Una vez conseguido esto vendrán la valoración y la protección. Aquí, muchas veces, nos saltamos los primeros pasos. La administración local tiene la obligación de hacer una labor didáctica sobre estas cuestiones. Me estoy acordando del Retiro Obrero, una barriada que en cualquier país con un poco de sensibilidad cultural se hubiese respetado con escrúpulo. Aquí, sin embargo, se han alterado y modificado aspectos importantes del mismo.

–Después están los proyectos eternos, como el Metro. Ahora, después de décadas, se anuncia la construcción de la línea 3.

–Cuando se empezó a hablar del Metro, sobre 1972, yo tenía 12 años... He vivido el primer intento de construcción, el cierre, el folleto que repartió el PSOE que decía “El metro, un túnel sin salida”... ¡qué pena no haber guardado uno! En una ciudad que, con su entorno, tiene más de un millón de habitantes, la línea 1 se acabó hace sólo apenas unos años. ¡Una sola línea! Si hay un proyecto social que hace que la vida de los ciudadanos sea mejor, que se pierda menos el tiempo, que contamine menos, ese es el metro. ¿Ha salido alguien a la calle a manifestarse por el metro como se hizo con el Sevilla y el Betis? No ¿Cuántas líneas de metro se han construido en España desde 1972? Un montón. Somos una ciudad ensimismada y los proyectos se eternizan. Piense en la Alameda, cuánto tiempo costó rehabilitarla, independientemente de que nos guste o no el resultado final. ¿Y la Encarnación? ¿Y el Prado de San Sebastián? Esa es Sevilla. Jacinto Pellón, en una entrevista, dijo: “Sevilla es la ciudad del no”, del no a los cambios.

El espacio urbano es lo más democrático y social que existe. Hay que aprender a cuidarlo

–Usted fue miembro de la Comisión de Patrimonio.

-Sí, representando al Colegio de Aparejadores, de lo cual me considero muy orgulloso.

–Es un organismo puesto muchas veces en cuestión. ¿De verdad defiende el patrimonio histórico?

–Ese es su objetivo. Lo que pasa es que el tema del patrimonio es un tema muy complejo que hay que verlo desde muchos puntos de vista, con variados intereses implicados. Lo que sí es verdad es que la Comisión siempre ha acogido a muchas voces e instituciones, aunque el reglamento no le obligase a ello.

–Dígame un paisaje de Sevilla que le gusta dibujar y pasear.

–La dársena. Por cercanía suelo frecuentar mucho el Muelle de Nueva York. También me gusta ir a Triana para ver Sevilla.–Es uno de los grandes horizontes de la ciudad.

-Es lo que los geógrafos llaman una cuenca visual, como cuando vas al Aljarafe y ves la ciudad abajo.

–Su tesis doctoral fue sobre el frente Marítimo de Cádiz, una ciudad que, de Puerta Tierra hacia dentro, ha conseguido tener un casco histórico muy homogéneo, si exceptuamos algunas barbaridades. Sevilla no lo ha conseguido.

–Es que el Casco Histórico de Cádiz es muy manejable, a la medida del hombre. Además, se han hecho las cosas bien. Recuerdo el Cádiz de los años 80 y aquello estaba fatal, pero luego se fue renovando el pavimento y rehabilitando los edificios de una forma acertada. Ahora el alcalde está poniendo muchísimas fuentes para beber, lo que le falta a Sevilla.

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