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el rastro de la fama · antonio barrionuevo. arquitecto y catedrático de proyectos de la ETSA

"El albero es alta tecnología contra el calor"

  • Especializado en parques y espacio público, es responsable de las remodelaciones del Cristina y el Muelle de Nueva York, así como del Olivar del Zaudín, un nuevo pulmón verde para Sevilla

Pese a su veteranía, Antonio Barrionuevo (Sevilla, 1947) es uno de esos arquitectos con una alta conciencia ecológica que se considera más un servidor público que un gran artista dispuesto a sacrificarlo todo -incluido el bienestar de los ciudadanos- a su desmesurado ego. Catedrático de Proyectos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, ha sido responsable de proyectos como el Parque de Los Toruños, en la Bahía de Cádiz, o, ya en Sevilla, de la remodelación del Cristina, cuyo mayor éxito fue la colocación de una gran pérgola que se ha convertido en un gran túnel de sombra.

También lleva su firma la respetuosa remodelación del Muelle de Nueva York, en el que el agua y la sombra vuelven a ser protagonistas en una ciudad que parece haber olvidado que es una de las capitales europeas del calor. Pensador del área metropolitana de Sevilla, en su último proyecto, el parque periurbano Olivar del Zaudín, un nuevo pulmón verde, ha resumido toda una vida preocupado por una arquitectura sostenible y al servicio de la sociedad.

-En cierto sentido, la profesión de arquitecto está mutando. Actualmente, prima más su condición de pensador del espacio público que la de constructor de edificios.

-El espacio público es lo que define una ciudad. La ciudadanía se explica mejor sobre el espacio de todos.

-Sin embargo, el espacio público en Sevilla suele estar maltratado: sucio, sin sombra, realizado con materiales inadecuados... La reciente inauguración del Paseo Marqués de Contadero es un ejemplo.

-En Sevilla, es fundamental que el espacio público esté aclimatado, sombreado. La naturaleza es parte de nosotros y no puede plantearse una visión del espacio común sin tener en cuenta este principio. El arquitecto vienés Richard Neutra hablaba del biorrealismo. En mis proyectos, siempre he estado muy preocupado por la sombra. Ahí está, por ejemplo, la pérgola que incluí en la remodelación del Cristina, quizás uno de los sitios más frescos de la ciudad. Sevilla tiene que dejar de ser la capial del calor y convertirse en la capital de la sombra. En ese sentido, me parece magnífica la labor que están realizando asociaciones como Sevilla por el Clima, con Curro Oñate, Gonzalo Díaz Recasens, Indalecio Lasta, etcétera.

-Usted se ha especializado en parques. ¿Cuál fue su primer proyecto?

Sevilla tiene que dejar de ser la capital del calor y convertirse en la capital de la sombra"Aunque no se vaya a hacer ahora, hay que ir madurando un proyecto para Tablada. Esas cosas no se improvisan"

-El de Los Toruños, en la Bahía de Cádiz, junto a César Portela y Julio Molina. Es una intervención sobre una marisma en la que planteamos una serie de sendas y puentes. En ese momento entendí que era importante incorporar la naturaleza a la arquitectura, a la ciudad y el territorio.

-Es catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura. ¿Se está dando una formación adecuada a los alumnos sobre estos asuntos?

-Creo que no, aunque cada vez se ve más la preocupación por la biodiversidad y la naturaleza. Con el profesor Thilo Gumbsh estamos impartiendo ahora la asignatura Arquitectura, Paisaje y Territorio, en la que trabajamos en cuestiones como el agua en el paisaje del Bajo Guadalquivir.

-¿Algún proyecto concreto?

-Estamos investigando para la Confederación Hidrográfica sobre el canal de riego del Bajo Guadalquivir. Planteamos cómo en esos 150 kilómetros de recorrido, desde Peñaflor a Lebrija, se pueden insertar espacios públicos que convoquen a la ciudadanía. Por desgracia todavía hay muchos profesores, algunos muy buenos, que creen que el arquitecto debe ser un gran artista, lo cual es una equivocación, porque tras la gran crisis debemos reconvertirnos en servidores sociales. Hay que refundar la profesión sobre los tres pilares clásicos: la utilidad, la durabilidad y la belleza. Ya estamos muy lejos de la arquitectura espectáculo que pone la firma del autor por encima del espacio. Hay que trabajar con humilidad, ser conocedores de las reivindicaciones de la ciudadanía. En ese sentido, hay una nueva oportunidad con la nueva decana del Colegio de Arquitectos.

-¿Le gusta Cristina Murillo, la nueva decana?

-No la conozco mucho, pero supone una renovación. El Colegio estaba muy distante de los arquitectos. Ahora es posible el renacimiento de nuestra profesión, porque los arquitectos estamos expulsados del paraíso debido al sambenito de que hemos destruido el paisaje de las ciudades, cuando eso lo hace toda una sociedad entera. Somos los malos de la película.

-Acabamos de vivir una polémica importante con la inauguración del proyecto Marqués de Contadero, en el que se vuelve a la fórmula del espacio duro. La ciudadanía está harta.

-Marqués de Contadero es un proyecto equivocado por varias razones. En primer lugar, porque es un proyecto interiorizado, es decir, que lo han hecho funcionarios de Urbanismo sin que salga a concurso para que intervengan arquitectos externos. Estos proyectos no salen a información pública y, por tanto, no se puede hacer un debate ciudadano sobre ellos. Dicen que es un proyecto de la época de Zoido, pero lo cierto es que se ha construido con este Ayuntamiento y los responsables actuales deberían saber qué se estaba haciendo. Además, el proyecto ha roto la continuidad del espacio desde la Maestranza hasta la Torre del Oro, que era la principal virtud del proyecto anterior, el de Amalio Saldaña. El tercer problema es que no dota al espacio de sombra. Lo lógico hubiese sido hacer una gran pérgola, como las que yo hice en el Cristina o el Muelle de Nueva York, y bajar los quioscos del Paseo de Colón, que en la actualidad interrumpen el acerado de esta avenida. Por último, el proyecto no tiene la delicadeza de recomponer el muro viejo de cerámica del Puerto.

-Es increíble. Nos estamos todo el día quejando del calor, pero nuestros políticos no terminan de tomarse la cuestión en serio.

-Es cierto. Fíjese, por ejemplo, en los toldos. Antiguamente eran unas velas corridas que por la noche se plegaban para que corriese el aire. Ahora tenemos el problema de las salidas del aire acondicionado, que echan a la calle el aire caliente, el cual se queda atrapado por los toldos, convirtiendo las calles en túneles de calor. Debería haber una normativa municipal para obligar que el aire saliese por las azoteas para evitar este problema.

-Me imagino que es importante que los arquitectos tengan buenos asesores en cuestiones como el arbolado, etcétera.

-Por supuesto, los arquitectos no entendemos de todo. Yo suelo trabajar con Pepe Elías Bonells, un técnico en jardinería importantísimo que ha trabajado 40 años en los parques de Sevilla. Tiene un blog muy recomendable.

-Su último proyecto importante ha sido el Parque Metropolitano Olivar del Zaudín, un nuevo pulmón verde para Sevilla.

-Hay que tener en cuenta que ese proyecto es la adecuación de un espacio natural, un olivar centenario de 45 hectáreas que afortunadamente se libró de una carretera gracias a la movilización de los vecinos de Aljamar. Tiene un cauce de agua, el arroyo Las Fuentes, que alimenta cuatro lagunas en las que, entre las aneas, anidan fochas, patos reales, gallinetas... Lo que hemos hecho es que algunos caminos antiguos del olivar, no todos, se conviertan en paseos de albero...

-El albero, un material que parece olvidado por nuestros munícipes...

-No hay ni un gramo de asfalto ni de hormigón. Se han planteado unos paseos terrizos, de albero y aripaq, que son filtrantes e impiden las escorrentías de agua. Es importante recuperar el albero no sólo por estética, que también, sino porque es alta tecnología contra el calor y las escorrentías de agua. Recuerdo cuando la Plaza de Doña Elvira era de albero... La misma Alameda hasta hace muy poco. Es cierto que necesita de reposiciones y cuidados, pero no es muy caro, simplemente se trata de echar una capa y luego pasar un rodillo. En Sevilla había una pequeña empresa familiar que se encargaba de cuidar el albero de la ciudad. Yo puse albero en el suelo de las Atarazanas y todo el mundo que venía de fuera decía que era una maravilla de pavimento.

-Siga contándonos del Olivar del Zaudín.

-Parte del arroyo estaba entubado y nosotros lo hemos dejado al descubierto. Además, hemos respetado las lagunas naturales, en las que crece la anea y creado unos viaductos de madera para cruzar la pequeña cuenca. Son de madera de elondo, de origen senegalés, que tiene una densidad tal que si la tiras al agua se hunde. Este material irá perdiendo su color y se mineralizará, llegando a ser tan resistente como la piedra. La pusimos en Los Toruños hace 25 años y está en perfecta condiciones. En el espacio público hay que pensar mucho en la durabilidad.

-También hay un pequeño edificio.

-Sí, es un aula de la naturaleza, un eficio circular con un patio en el centro, al estilo mediterráneo, construido con ladrillos de Coria del Río que han sido fabricados según el método tradicional... Todos los materiales son naturales. Sirve también como observatorio. Tiene también una escultura de Sergio Portela.

-En Sevilla, en las últimas décadas, se ha avanzado mucho en el número y la calidad de los parques. Pero hay que empezar a pensar en el futuro, que pasa por el uso que se va a hacer de Tablada.

-Pertenezco a la Asociación Tablada Verde y Pública, que reúne a una gran cantidad de buenos profesionales. Desde 2003 estamos planteando que Tablada no se convierta en una extensión más de la ciudad, sino que se conserve como una dehesa, como un gran parque periurbano. Lo importante no es sólo Tablada, sino todo ese espacio del valle del Guadalquivir que va desde La Puebla del Río hasta La Algaba, compuesto por numerosas vegas, la de Santiponce, Camas, Coria... Podemos decir que es el espacio central y agrícola de un área extensísima que incluye el Aljarafe, Sevilla, Los Alcores y Dos Hermanas. Es importante evitar que las poblaciones vayan creciendo de manera que volvamos a condicionar el transcurso natural del río. También hay que recuperar las sendas de las antiguas huertas para que vuelvan a ser transitables y permitir a los ciudadanos acceder a algunas zonas espléndidas de la ribera del Guadalquivir, en las que se podrían hacer pequeños parques y lugares públicos para el disfrute de los ciudadanos. Para tener un contacto con la naturaleza no hay por qué ir al campo o a la playa. Tablada es una parte importante dentro de este espacio: tiene una ribera maravillosa con unos naranjales extraordinarios y necesita un proyecto que, aunque no se vaya a hacer ahora, hay que empezar a madurarlo, porque estamos hablando de una intervención de gran trascendencia que no se puede improvisar, sino que necesita de años de estudio y debates.

-Cambiemos de tercio. Recientemente ha salido de la imprenta su libro 'Santiago del Campo. Escenógrafo. Las iglesias del Gran San Pablo. Sevilla', editado por Los Sentidos, el sello editorial del galerista Rafael Ortiz.

-El Polígono de San Pablo es una de las muchas líneas de investigación que mantengo abiertas. San Pablo es uno de los mejores barrios de construcción moderna de España. Se habla mucho de Orcasitas o de Caño Roto, porque están en Madrid, pero el Polígono es mucho mejor. Lo diseñaron dos equipos de magníficios arquitectos dirigidos por Luis Recasens y Rafael Arévalo Camacho. Cuando estaba estudiando el barrio y realizando el levantamiento de todos sus edificios en autocad, aparecieron las iglesias, que son ejemplos de primera línea de la arquitectura de los años sesenta y setenta. Se habla mucho de Fisac y de la Iglesia de la Gaviota, pero éstas son igual de buenas o mejores.

-¿Y cuál fue el papel de Santiago del Campo?

-Fue al que le encargaron toda la escenografía de las iglesias. Tres años antes de su muerte estuvimos yo y mis estudiantes haciéndole entrevistas sobre este trabajo. Fue fácil, porque guardaba todos los bocetos. Además embarqué en el proyecto al hijo del artista, el fotógrafo Claudio del Campo, que se encargó de tomar las imágenes. Finalmente, Rafael Ortiz decidió publicarlo.

-¿Y cómo están de conservación estas iglesias?

-En general bien, pero con algunas carencias importantes. Por ejemplo, en la Iglesia de San Pablo hay un gran mosaico, que está como pórtico de entrada al baptisterio, que se ha perdido en gran parte. Sería urgente restaurarlo. Además, se han introducido algunos elementos nuevos, como confesionarios, etcétera, que no son adecuados. En la Iglesia de San Ignacio de Loyola, algunas intervenciones por la llegada de la hermandad del barrio han desfigurado algo el proyecto. Sin embargo, en términos generales se conservan bien, pero el Arzobispado se tendría que preocupar más por ellas. Le regalé un libro a Asenjo y me aseguró que le había interesado muchísimo.

-Desde luego, el Polígono es un gran desconocido para una ciudad que presume de preocuparse sólo por el centro.

-Tengo escrito un libro sobre este barrio que todavía no está editado y estoy redactando la ponencia para que ingrese en su conjunto en Docomomo, el catálogo de defensa de la arquitectura moderna. Los catalanes se ocupan mucho de su arquitectura y urbanismo contemporáneo, pero nosotros no.

-¿Cuáles son los grandes retos urbanísticos de la Sevilla de hoy?

-El gran problema es que no hay un proyecto de ciudad que aglutine fuerzas y energías. Se actúa en puntos aislados, pero no hay una visión de conjunto. Sevilla se está quedando muy estancada. Hay dos cuestiones muy importantes que hay que acometer cuanto antes: mejorar el encaje del puerto con la ciudad y reordenar el entorno de Santa Justa.

-¿Puede detallar más?

-Habría que llevar el frente fluvial de Sevilla hasta el parque del Guadaíra y desplazar la infraestructura portuaria al sur. También hay que organizar de una vez por todas el entorno de Santa Justa, que debería ser una verdadera puerta de entrada y salida de la ciudad, un gran intercambiador de transportes públicos, y no ese maremágnum de coches que es hoy.

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