Betis-Espanyol | La crónica Un abrazo de todo el beticismo

  • Alexis y Merino fueron el reflejo del sentir del Betis al completo cuando Martínez Munuera pegó los tres pitidos finales

  • El triunfo, sin brillo, fue muy justo por mucho que Joel salvara a los suyos ante Wu Lei al final

Bartra celebra su gol. Bartra celebra su gol.

Bartra celebra su gol. / Antonio Pizarro (Sevilla)

Suspiro profundo de alivio para un Betis que se reencontró con el triunfo y espantó de esta forma cualquier tipo de fantasma. Los verdiblancos le sacaron un tremendo rédito a su séptimo gol de la temporada en una jugada de estrategia en un córner y de esta manera plasmaron tanto en el marcador como en el juego su superioridad ante un Espanyol cadavérico.

El abrazo tras los tres pitidos de Martínez Munuera por parte de Alexis Trujillo y de Juan Merino era el fiel reflejo de la situación. Nadie escondía el vértigo, el punto de miedo existente entre todos los que sienten en verdiblanco y de esa manera se hacía evidente que todos habían respirado al unísono. Era fundamental ganarle al Espanyol y justo eso fue lo que hizo el Betis.

Permítase un pequeño paréntesis para la gran intervención de Joel Robles ante Wu Lei ya en el epílogo para que quede reflejada una circunstancia trascendental, aunque en este caso sea como loa hacia un guardameta que se limitó a cumplir, y muy bien, con su trabajo. Cierre del inciso y reflejar con celeridad que no vale ninguna discusión siquiera sobre la calidad del método, sobre si el juego fue peor o mejor en esta ocasión.

Los verdiblancos tenían que adicionar los tres puntos a su casillero de la manera en la que pudieran, simplemente anotando un gol más que el rival en el acta arbitral confeccionada por Martínez Munuera. Y exactamente eso fue lo que consignaron sin que tuviera la más mínima trascendencia el escaso nivel balompédico evidenciado por los dos contendientes.

Lo único que no admite ninguna discusión es que el Betis, además, fue superior a un Espanyol hundido, sobre todo en el tiempo que siguió a ese gol de Bartra que supuso una especie de liberación para los heliopolitanos. Fue una jugada de estrategia, un centro tenso de Canales desde la esquina y allí apareció Bartra para utilizar los muelles que tiene en las piernas y elevarse por encima de Iturraspe. El central ponía por delante a los suyos y desde ese momento nada sería igual que antes.

Porque la primera mitad merece ser condenada al limbo del olvido en lo referente al juego, pobrísimo por parte y parte. Sí merece la consideración del análisis, faltaría más, las ideas expuestas por el nuevo cuerpo técnico que entrena al Betis encabezado por Alexis. Para empezar, nada de experimentos y vuelta al dibujo que más consistencia le ha dado al equipo en los últimos años, concretamente desde Quique Setién cambió de planteamiento.

Tres defensas centrales, en este caso Mandi, Bartra y Feddal, para darle las bandas enteras a los carrileros Emerson y Pedraza. Canales apoya a los dos medios centro, Guido Rodríguez y Guardado, en una especie de triángulo para tratar de darle equilibrio al planteamiento, mientras que Fekir y Borja Iglesias trataban de poner en peligro al Espanyol, algo que no conseguirían hasta la reanudación.

Porque cabe insistir que la primera mitad debe ser olvidada. Todo lo que no sea eso sería una frustración y no es el día para malos humores, sino para todo lo contrario. Un buen disparo lejano de Canales y una falta lanzada directa por Fekir sin mayor peligro fue toda la producción de los béticos en ese periodo inicial. Aunque también haya que precisar que las opciones del adversario llegaron más por regalos, como un rebote en la cara de Guido Rodríguez, que por otra cosa. Por cierto, ahí estuvo Mandi providencial en su cruce para impedir el disparo del delantero forastero.

Fue cuando ya estaba expirando ese tiempo y después todo se iba a arreglar con prontitud. El Betis sacaba petróleo de una acción de estrategia, sobre todo por el gran golpeo de Canales desde la esquina y también por los muelles en las piernas de Bartra. Uno a cero apenas arrancaba el acto definitivo y desde ese momento la superioridad de los locales sí sería absoluta.

El problema, sin embargo, estaba en el desacierto ante Diego López, también en la escasa intuición para aprovechar algunos balones repelidos por el guardameta del Espanyol que se podían haberse convertido en el tanto definitivo. El mando era local, sin duda, pero era previsible que la escuadra de Abelardo, dentro de ese ínfimo nivel que la ha colocado como la peor de la Liga Santander a día de hoy, sí tuviera un arreón final para tratar de escapar con vida del Benito Villamarín.

Su técnico apeló a futbolistas con nombre, Alexis metió a William Carvalho por Fekir para tratar de protegerse, pero no tuvo mucho éxito en ese sentido. Porque fue increíble cómo el Espanyol se creó una ocasión casi de la nada. El joven Nico entró por la izquierda y le puso el gol en bandeja a Wu Lei. Pero Joel Robles estuvo providencial para sacar del aprieto a los suyos. Respiro hondo, por tanto, más que merecido y ese abrazo entre Alexis y Merino no más escuchar los tres pitidos finales era bastante signiticativo. Se abraza al unísono todo el Betis y el beticismo.

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