El derbi sevillano | El ambiente

Fiesta en verde y blanco a 32 grados

  • Heliópolis vibró en una gran noche en la que la pasión pudo con el calor tórrido 

  • Los cánticos darán paso al debate por el grave error arbitral

Imagen de Gol Sur:“Si fallan las fuerzas, mírense el escudo: no hay nada más bonito en el mundo”, rezaba. Imagen de Gol Sur:“Si fallan las fuerzas, mírense el escudo: no hay nada más bonito en el mundo”, rezaba.

Imagen de Gol Sur:“Si fallan las fuerzas, mírense el escudo: no hay nada más bonito en el mundo”, rezaba. / Antonio Pizarro

Desde mediodía ya se veían por toda Sevilla camisetas de uno y otro equipo, sobre todo del equipo local. Muchos béticos iniciaban su largo peregrinar a Heliópolis luciendo sus colores mientras cerveceaban para matar el tiempo y combatir el calor. Los sevillistas, la mayoría, esperaban resguardados en casa hasta la hora de encontrarse en el foro, el bar, la peña, el hogar familiar, donde ver en comunión ese partido en igual medida esperado y temido. Heliópolis vibraba a la hora de más calor del día.

Con el termómetro lindando los 40 grados, los aledaños del Benito Villamarín eran un hervidero verde y blanco. A la hora del partido, el termómetro marcaba más de 30 grados. En el fragor de la fiesta las pulsaciones mitigaron los sudores. Y los que más calor pasaron salieron triunfantes.

Recibimiento en los alrededores del Benito Villamarín. Recibimiento en los alrededores del Benito Villamarín.

Recibimiento en los alrededores del Benito Villamarín. / Antonio Pizarro

En Nervión también hubo una importante concentración de pasiones a la hora del máximo calor. Entre las seis y media y las siete de la tarde, con el sol en todo lo alto de esta tardía levantera septembrina, el viento africano no amilanaba a centenares de sevillistas que despedían a sus jugadores camino del feudo del eterno rival. Fueron 585 los valientes sevillistas que desafiaron el clima y el ambiente adverso. Y Joaquín Caparrós agradeció el gesto para salir a repartir ánimos entre los expedicionarios. En Heliópolis lo esperaban con ganas tras su último dardo. Ay, el tercer bombo, Joaquín. Su tocayo castigó su provocación.

En el sorteo de la Liga Europa hay cuatro bombos y en la Sevilla futbolera no hay mensajes sin réplica. “Si fallan las fuerzas mírense el escudo, no hay nada más bonito en el mundo”, rezaba el mosaico que los aficionados de Gol Sur exhibieron a la salida de los equipos, entre un mar de cartulinas verdes y blancas. “Mirad el nuestro y temblad”, replicaron ufanos los sevillistas en la jaula visitante. El espionaje ultra funciona mejor que el portugués.

Aficionados sevillistas en el inicio del partido. Aficionados sevillistas en el inicio del partido.

Aficionados sevillistas en el inicio del partido. / Antonio Pizarro

El primer derbi de la campaña 18-19, tercero del año que corre, quedará marcado por el tórrido calor que se apoderó de Sevilla. Los grados de pasión explotaron a las 20:45. Bajaba algo el termómetro y subía el ruido ambiental. El himno del Betis tronaba con la pólvora bien seca: apiñados como balas de cañón, en una de las mejores entradas del Benito Villamarín en su historia: 53.451 espectadores, 53.451 sufridores del calor y de los embates emocionales del derbi, tan esperado y tan temido.

Joaquín, a sus 37 años, hizo estallar el polvorín de Heliópolis. Ganaron los que más calor pasaron y los que más pasión pusieron, sin climatizador. La fiesta del triunfo, que se había resistido 12 años en Heliópolis (2-1 en abril de 2006), dará paso a la polémica por el grave error de Gil Manzano. Hoy baja el termómetro, afortunadamente. Ysubirán los grados del debate. Que todo quede en eso.

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