Real Betis - Atlético de Madrid | la crónica

Cordura y esperanza (1-1)

  • Alexis plasma un Betis sensato que aplacó la tensión de Heliópolis y que fue perjudicado en el gol del empate final del Atlético. 

  • Serra lo vio desde el palco: Dani Ceballos será clave.

Ceballos corre a celebrar su gol. Ceballos corre a celebrar su gol.

Ceballos corre a celebrar su gol. / Antonio Pizarro

Un Betis en pleno tránsito se despidió de la afición cuajando un partido por encima del paupérrimo nivel general de su temporada. Incluso le supo amargo el punto ante el Atlético al renovado y reanimado equipo que circunstancialmente dirigió Alexis Trujillo. De nuevo Dani Ceballos fue el mejor en verdiblanco, como tantas veces en esta deprimente Liga. El utrerano, para abrochar su exuberante juego, soltó una volea inasequible hasta para los reflejos de Oblak en el gol que puso al Betis en ventaja (57’).

Todo el despliegue del internacional sub 21 lo vio desde el palco el hombre que encarna la esperanza del bético hoy. Lucía corbata del color de esa esperanza, verde, y no paraba de responder a las muestras de cariño de los aficionados. Desde esa zona noble vio con su mirada aguda Lorenzo Serra Ferrer que la piedra angular para construir su Betis 2017-18 debe ser el dorsal 10. No hace falta la mirada aguda del balear para percatarse de ello. Pero quizás sí que haga falta su criterio para levantar un Betis en torno a Ceballos o, en su defecto, dibujar uno alternativo con los millones que deje el traspaso del chaval. Pero mejor, mucho mejor, lo primero.

De nuevo rompió el molde Ceballos y de nuevo, para ser fieles a una constante desde que arrancó el campeonato, los béticos protestaron una acción decisiva para la suerte del partido. Y con toda la razón, pues Saúl Ñíguez asiste con un brazo a Savic en el gol del empate. El inefable Álvarez Izquierdo, colegiado polémico cuando aparece por el Villamarín, no sólo concedió el gol, sino que amonestó a Adán y priva al Betis de su portero titular para el epílogo en Gijón.

Esa jugada estuvo preñada de injusticia por su naturaleza ilegal, primero, y porque premió a un equipo netamente inferior al otro. Porque el Betis de ayer puso más empeño, juego y ocasiones que su rival para llevarse los tres puntos en juego.

El origen de la mejoría estuvo fuera del rectángulo de juego. La mano cálida de Alexis invitó a Tosca, Mandi y Rubén Pardo a dar un paso al lado, metió en el baúl la pizarra de defensa de cinco que tan escaso rédito dio a Víctor y optó por un dibujo 4-2-3-1 cabal, lógico, cartesiano. Con Joaquín en la derecha, Dani Ceballos con libertad por dentro, Jonas Martin desde la izquierda para irrumpir arriba y abrir el carril a Durmisi. Con el recuperado Petros junto a Brasanac como pivotes. Y con Rubén Castro invitando a los de la segunda línea a asociarse desde atrás. Sentido común rezumaban sus retoques.

Y luego, sobre la hierba, ese giro a la lógica tuvo un feliz reflejo en el juego. A medida que el partido entraba en harina, el Betis ganaba metros. Hasta llegar a someter, incluso, al subcampeón de Europa.

Fue irreconocible el Atlético de Simeone. Después de una durísima batalla ante el enemigo más odiado el pasado miércoles, con la bayoneta calada, lo de ayer era una barbacoa en la Ciudad del Sol. Con doble ración de asado para el Mono Burgos. Y si encima la tímida amenaza de que el Sevilla pusiera en peligro la tercera plaza se disipaba pronto con los goles de Nacho y Cristiano en el Bernabéu, más razón aún para que los chicos de rojiblanco se tomaran una tarde de asueto después de toda una temporada con Simeone echándoles el aliento en la nuca.

Pero el Betis no tiene culpa alguna de que el rival no compitiera como acostumbra. Incluso agradeció esa tibieza para sofocar el ambiente crispado que le recibió cuando salieron de la bocana y atronó el himno. En cuanto el balón echó a rodar se vio quién viajaría en quinta marcha y quién en tercera.

Rubén Castro habilitó a Joaquín (11’), pero el tiro de éste se fue al lateral de la red. Poco después fue el portuense quien asistió a Brasanac, que ni chutó ni centró. Y en el 24, Ceballos trianguló con Rubén y estrelló la pelota en la cepa izquierda de Oblak, que también se tuvo que emplear a fondo en una falta directa de Joaquín (39’). La movilidad de la línea de mediapuntas y su sintonía con Rubén trajo en jaque a la mejor zaga de la Liga. Faltaba culminar. Lo hizo Ceballos con su volea letal, tras un córner que él mismo se fabricó con una mágica acción por la izquierda, caño a Giménez incluido.

Pero el guión del partido no sólo fue fiel al de toda la Liga por el protagonismo de Ceballos. También cayó la polémica arbitral en ese gol del empate.

Aun así, Cejudo pudo hacer justicia en el minuto 73, pero Oblak sí que sacó esta vez sus reflejos para desviar una pelota que era gol.

El partido acabó. La bronca inicial derivó en leves pitos. Alexis puso cordura, el Betis compitió y debió ganar. Todo lo vio desde el palco con su mirada aguda Lorenzo Serra. El hombre que hoy encarna la verde esperanza.

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