En el punto final de una negra pesadilla

Desde mi córner

Casi once años después se le da carpetazo a la faena que fue entregarle el Betis a Luis Oliver

Cuando parecía que la normalidad presidía la actualidad de ese juguete llamado Real Betis Balompié, una noticia nos retrotrae a tiempos pretéritos. Es la del que se presume como pase de la firma para una mala faena que empezaba en julio de 2010 cuando Manuel Ruiz de Lopera le hizo el último servicio al club que tanto decía querer. Era el muletazo que cerraba una faena infame, la de darle el Betis a un individuo archiconocido por sus artes.

Con aquella cesión del club a Luis Oliver arrancaba un tiempo tenebroso que, aunque fue paliado con el nombramiento de Rafael Gordillo seis meses después como administrador judicial, dejaría unas secuelas terribles para el club de las trece barras con corona. El paso del pseudoempresario navarro pudo haber sido como el del caballo de Atila, aquel Othar que donde hollaban sus cascos no volvía a crecer la hierba. Eso estuvo a punto de pasar en el Real Betis Balompié.

Con la complicidad de tontos y menos tontos, pero todos útiles, imprescindibles diríamos, el engominado navarro llevaba camino de quedarse con el Betis. En su andadura pringó a béticos reconocidos que hoy no duermen en el talego por el acuerdo con la Fiscalía, Béticos por el Villamarín mediante. Y hasta tuvo el susodicho okupa hasta alguna que otra buena obra. Como tales habría que resaltar el fichaje de Rubén Castro y la repesca de Pepe Mel, un histórico del club.

Con el carpetazo de hogaño puede que ya no haya lugar a pesadillas como esa que nació a mediados de julio de hace casi once años. Un mal sueño que ha finalizado sin que se haya vertido demasiada sangre para sus perpetradores. Indudablemente, la decisión de los denunciantes ha hecho que una historia negra, negrísima, tenga un final feliz para los autores de una serie de agresiones al Betis. Como para dejar de pensar que es un milagro lo que mantiene vivo al club.

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