Una resaca demasiado larga para el Betis

Desde mi córner

El parón hará que el Sevilla disfrute de su indudable superioridad, la numérica y la otra

Acabó el derbi y llega el parón, esa imposición del mandarinato para utilizar lo que otros mantienen, los futbolistas. Siempre llega en contramano estos parones que impone FIFA y ante el que los clubes sólo pueden protestar sin éxito. Y este parón llega más inoportuno que nunca para el Betis y como dulce resaca para el Sevilla, que va a llevarse quince días celebrando su manifiesta superioridad en el partido de los partidos según Sevilla.

¿Tan superior el Sevilla, amigo? Pues sí, ya que le quitó la pelota al Betis desde la primera campana y eso es lo que más molesta a la tropa de Pellegrini. Fue el Sevilla de Heliópolis como si en vez de tener a Lopetegui de entrenador hubiera tenido a Setién. Y es que apabulló al Betis a base de no perder la pelota, pero resulta que Bono tuvo más trabajo que Bravo. ¿Y eso cómo se come? Pues comiendo y analizando los números que dejó este enésimo derbi triunfal para el Sevilla.

El argumento principal que se emite desde el lado bético fue la expulsión de Guido, o, mejor dicho, la autoexpulsión del argentino. Mateu le tomó la matrícula en su primera entrada, lo amonestó en la segunda y lo fulminó en la tercera, por lo que todo un segundo tiempo fue con el Betis con uno menos. Hasta ese momento, la pelota ya era del Sevilla, pero sólo Bellerín fue capaz de hacer un gol, anulado por un fuera de juego existente, pero por el bigote de una gamba.

Lo del segundo tiempo fue otra película, con un Betis mal atrincherado y con dos caudalosas vías de agua en sus costados. ¿Nunca tendrá el Betis dos laterales que defiendan? Yahí se manifestó elocuentemente la superioridad del Sevilla, que tocaba y tocaba como si lo entrenase Setién y que halló el tesoro en un obús de Acuña. Ganó el Sevilla con justicia y el Betis se queja de que Mateu no usó el mismo rasero con todos. Y ahora, resaca dulce para uno e interminable para el otro.

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