Aniversario

La Pastora de Santa Marina: Un año de la primera procesión pandémica

La Pastora de Santa Marina, tras salir de su capilla en la calle Amparo.

La Pastora de Santa Marina, tras salir de su capilla en la calle Amparo. / Pablo Lastrucci

Hace un año, un 19 de septiembre, la historia de las cofradías de Sevilla sumaba un nuevo capítulo. La Divina Pastora de Santa Marina se ponía en la calle. Era la primera en hacerlo en la pandemia del Covid y pocos días después de haberse levantado la restricción del culto público en la archidiócesis. Todas las miradas estaban puestas en el antiguo Hospital de los Viejos, sede canónica de esta corporación, la primera en rendir culto a la Virgen con esta advocación netamente sevillana. 

La Divina Pastora, la que soñara fray Isidoro, protagonizaba minutos de informativos en televisión y portadas en las ediciones digitales e impresas de los periódicos. Una auténtica gesta que abrió el camino para todas las procesiones que se celebraron después. Y un hito que se logró en las hermandades de glorias, tan necesitadas a veces de una atención mediática volcada por completo en las de carácter penitencial. 

Un año después, también un tercer domingo de septiembre, la primera Pastora del mundo se ha puesto en la calle. Lo ha hecho a la hora acostumbrada, poco antes de las siete de la tarde, con un cortejo formado por hermanos y devotos que la han acompañado por la zona norte del Casco Antiguo, la que vio germinar y consolidarse esta devoción de principios del XVIII y que se considera la principal aportación de Sevilla a la iconografía mariana

Es tercer domingo de septiembre, como lo fue el de 2021. Ya libre de restricciones y con la vuelta a la normalidad como principal y más que válida noticia. Después de un año, la primitiva Pastora recorre su feligresía. Lo hace con una noche ya adelantada y entre los vítores de los suyos y la admiración y asombro de los que la ven por primera vez. Cobijada por un granado y a la luz de unos codales que fundieron Clara, Maruja, Moni y Adelaida un día antes. Cuatro nombres estampados en las letras de mujer, madre, hija y esposa. Un acto al que asistió el delegado de Gobernación y Fiestas Mayores y también del Distrito Casco Antiguo, Juan Carlos Cabrera, concejal muy vinculado a esta hermandad, de la que ha recibido en fechas recientes una distinción por su continua colaboración. 

La lluvia en el momento culmen

Han transcurrido 365 días. En este tiempo han desaparecido las mascarillas casi por completo, ya no se habla de los test Covid para los costaleros ni hay que trazar un recorrido por calles con cierta anchura. Esto último ha propiciado que la hermandad vuelva a tomar por la mayor parte del recorrido acostumbrado. Un itinerario en el que resulta clave el discurrir por la calle Divina Pastora, que, al igual que Aposentadores, ha sido adornada con guirnaldas de flores, banderas de España y gallardetes. Una decoración a cargo de un grupo de jóvenes infatigables cuyo trabajo se acelera en estos días. 

Al final de esta calle, donde se le intepretan las sevillanas, el agua ha hecho acto de presencia justo en el momento culmen de la procesión, lo que ha obligado a levantar de inmediato el paso. En pocos minutos el cortejo ha alcanzado la capilla de Montesión, donde la hermandad ha buscado refugio.

El paso de la Divina Pastora ha entrado en este templo, con gran esfuerzo de los costaleros comandados por Antonio Santiago, ya que no había rampa para salvar el escalón de la puerta. Allí se ha esperado hasta que ha escampado, momento en el que la comitiva se ha puesto de nuevo en la calle para recorrer los escasos metros que distan de Montesión a su capilla pastoreña, donde esperaba una calle Aposentadores también engalanada.

Acaba este último domingo de verano a poco de cumplirse un año de aquel 19 de septiembre. Un tiempo en el que la normalidad ha vuelto hasta con agua en un año seco y con un calendario repleto de procesiones extraordinarias. Y hasta de un Santo Entierro Grande y una magna de Glorias para la que esta corporación ya ha movido ficha. Aunque de eso, queda otro año para hablar (y debatir).