reliquias de la provincia

El viernes de la Bajada

  • El próximo viernes tiene lugar en Alcalá del Río uno de los actos más peculiares de la Cuaresma: la Bajada de la Virgen de los Dolores en un paso que es legado del siglo XVIII.

Hablar de la Semana Santa de Alcalá del Río es hacerlo de una de las celebraciones con mayor idiosincrasia no sólo de la provincia de Sevilla, sino de España. La cercanía con la capital andaluza no le ha impedido mantener sus señas de identidad, muchas de las cuales se cuentan por siglos. Escribir de la antigua Ilipa Magna es hacerlo de verdes y morados. De devociones que se convierten en la médula de un pueblo donde combatieron romanos y cartagineses, cuna de San Gregorio. Un municipio, situado sobre un cerro a orillas del Guadalquivir, en el que los musulmanes legaron la antigua Alcazaba y San Fernando mandó construir la parroquia de la Asunción, uno de los templos más bellos de la archidiócesis. El pueblo de la presa y de los pescadores.

Sus hermandades, en especial la Vera-Cruz y la Soledad, se han convertido en referente de otras corporaciones penitenciales de la provincia, tanto por su labor social como por el vasto y valioso patrimonio material que han sabido conservar. A ello hay que sumar su mayor tesoro: el compromiso y tesón de sus hermanos en todo reto que se planteen.

Las calas grandes que exornan el paso proceden de los patios de las soleanas

Llegada la cuaresma, este municipio de la Vega acelera el pulso de los días. La campanita que convoca a los soleanos al cabildo de salida marca el arranque de la víspera. "¡Viva la Virgen de los Dolores! ¡Viva el Cabildo de la Soledad!" Es el grito de guerra sin armas, pero con cientos de lazos morados que lucen las niñas cuando en la tarde del Miércoles de Ceniza recorren las calles alcalareñas anunciando la llegada de un tiempo nuevo. Rito procedente de una época en la que estos vítores suponían el más útil y sutil medio de comunicación.

De todas las tradiciones que atesora la cuaresma ilipense hay una que no debe pasarse por alto. Con ella arranca, propiamente, la Semana Santa del municipio: la Bajada de la Virgen de los Dolores en su Soledad Coronada. Tiene lugar el viernes previo al Domingo de Pasión. A las diez de la noche las puertas de la Real Capilla de San Gregorio de Osset (patrón del pueblo) se abren para que por ellas salgan centenares de hermanas soleanas con hachetas. Conforman un largo camino de luces que conduce hasta el palio que cobija a la Virgen. Este paso es una reliquia del pasado. Atisbarlo desde lejos o contemplarlo cuando se va perdiendo por las calles evoca una estampa llena de romanticismo, imagen que nos habla de una época con la naturalidad perdida por los años.

Sus bambalinas son rectas, de cajón, terminadas en fleco y con corbatas en las esquinas. Su cara exterior contiene los bordados del palio antiguo del Viernes Santo (siglo XIX) y en el interior lleva incrustadas las letras en plata del arranque del Stabat Mater, donadas por el mecenas de la hermandad, Andrés Adame Zambrano, en 1753. El paso contiene ocho sencillos varales -del siglo XVIII también- y es portado a través de dos grandes maniguetas que se prolongan por los costeros. Lo llevan hermanos vestidos con la túnica de nazareno -con gola, peto y cinturón de esparto-, un privilegio del que gozan dos personas cada año tras otorgársele por sorteo en el cabildo de salida del Miércoles de Ceniza. Ellos se encargan luego de decidir quiénes conforman sus cuadrillas. Esta forma peculiar de portarlo le confiere un movimiento muy característico mientras recorre el casco antiguo de la localidad. Un modo de llevar los pasos que se mantuvo en la cofradía del Viernes Santo -cuando sale el paso grande- hasta mediados del siglo pasado y que aún conserva la Vera-Cruz de esta localidad en la tarde del Jueves Santo.

La Dolorosa luce para la ocasión un manto del siglo XIX, cuyo diseño y ejecución guarda bastante semejanza con el de la Virgen de los Remedios de las Siete Palabras, y una de las muchas sayas negras bordadas (siempre está vestida con este color) que componen su ajuar. Alterna para esta salida alguna de las coronas del siglo XVIII y XIX que posee. La candelería del paso se distribuye como en las fotos más antiguas de los palios: con candelabros de brazos y tulipas de cristal. Como detalle a tener en cuenta, el exorno floral, compuesto por flores de jarro (calas grandes) que las hermanas soleanas plantan en sus patios y cortan llegado este viernes. El paso en su conjunto reproduce, con total exactitud, las más antiguas representaciones pictóricas de los palios sevillanos que conservan hermandades como el Silencio o la Soledad de San Lorenzo. Presidido, además, por una de las imágenes a la que mayor devoción se le profesa en la provincia.

La Virgen de los Dolores en su Soledad Coronada es una talla antiquísima, alejada del canon barroco y que algunos expertos sitúan en la corriente tardogótica del XVI. Su hieratismo, su boca sellada y la línea arcaica de sus cejas la acercan a otras imágenes con características similares, como la Soledad de San Lorenzo o la de Cantillana, exentas del dramatismo que llegaría después y más próximas a la mesura y majestad renacentistas. Su acusada frontalidad recuerda la representación de las divinidades femeninas a las que rendían culto las civilizaciones que poblaron el valle del Guadalquivir antes de la colonización romana. Existe constancia de que ya en 1556 esta advocación estaba asentada en Alcalá del Río, pues ese año el cura Bartolomé Ximénez, en su testamento, establece varias capillanías con las que sufragar misas a "la efigie de Nuestra Señora de la la Soledad con pena".

Con esta procesión, acompañada de banda de música, se traslada a la Virgen de los Dolores hasta la parroquia de la Asunción para la celebración del septenario que comenzará el sábado siguiente y concluirá el último viernes de Cuaresma. Una vez que el cortejo entre en el templo matriz del municipio, a falta de colocar a la sagrada imagen, ya se encuentra montado el fastuoso altar para estos cultos, un compendio de plata, oro y terciopelo donde destaca un portentoso manifestador dieciochesco. Se tiene constancia de la celebración del septenario, al menos, desde 1812, año a partir del cual se costea este culto gracias a las rentas de unas tierras que lega a la hermandad la familia Zambrano, gran benefactora de la corporación durante siglos. El equipo de investigación de esta hermandad toma dicha fecha para barajar el inicio de los traslados, aunque el paso contiene piezas anteriores, como las referidas letras del Stabat Mater, que con toda probabilidad se emplearon en el palio primitivo del Viernes Santo. Tal fue la magnificencia lograda en el septenario -gracias al donativo de estas rentas- que hubo que dejar de celebrarse en la capilla de San Gregorio y buscar un templo más grande: la parroquia, de ahí que se instaurara por aquel entonces esta peculiar procesión.

Con la Bajada comienza una semana intensa para los soleanos que tendrá su punto culmen el Viernes de Dolores, con la función principal y el besamano a la Dolorosa por la tarde. El Domingo de Ramos, a las diez de la noche, la Virgen vuelve a salir en procesión de Subida, con el mismo paso y las flores ofrendadas en el día de su onomástica. Regresa a la capilla de San Gregorio. Allí ya están preparados los tres pasos que saca la hermandad el Viernes Santo y los dos que posee la Vera-Cruz en su salida del Jueves Santo. Pocos templos hay en la provincia que puedan presumir de albergar en pocos metros cuadrados auténticos tesoros patrimoniales, especialmente el palio de la Virgen de las Angustias y el de Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad, con orfebrerías de Seco Velasco y Villarreal, así como bordados de las Hermanas Antúnez, Patrocinio López, Rodríguez Ojeda y Olmo.

Tal es la riqueza patrimonial -material e inmaterial- de la Semana Santa ilipense que está declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. Una celebración que comienza el próximo viernes con la Bajada de la Soledad. Si tienen oportunidad, acudan a verla. Seguro que repiten.

El Descendimiento de Cristo

Un momento del Descendimiento del Señor de la Misericordia. Un momento del Descendimiento del Señor de la Misericordia.

Un momento del Descendimiento del Señor de la Misericordia.

La Semana Santa ilipense está llena de ritos propios, como el Paseo que realizan los integrantes del cortejo penitencial antes de que las cofradías salgan a la calle, la larga fila de mujeres vestidas de mantilla que preceden a los pasos de las Dolorosas, las centurias romanas y las jóvenes que representan las virtudes teologales y las Santa Mujeres, a las que visten las camareras que se encargan del atavío de las sagradas imágenes. La Hermandad de la Soledad, además, conserva una tradición ancestral, como es la representación del Descendimiento de Cristo, que tiene lugar a las doce de la noche del Viernes Santo, una vez que la cofradía ha concluido la estación de penitencia a la parroquia de la Asunción. Allí el Señor de la Misericordia -una antiquísima imagen de Cristo yacente, articulada y con pelo natural- es crucificado para que dos nazarenos, que encarnan a los Santos Varones, lo descuelguen y tras presentarlo las Santas Mujeres a la Virgen lo entierren en el sepulcro del paso. Un acto que celebran otras corporaciones de la provincia pero que sólo en Alcalá del Río se ha mantenido en la noche del Viernes Santo, la jornada para la que fue concebido. A continuación, los pasos vuelven a la capilla de San Gregorio, ya sin nazarenos y cuando la madrugada se adentra en saetas y marchas.

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