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Los romanos del sobrino del ‘cartaginés’

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Mañana concluye la exposición de Cayetano González. Maestro de orfebres, su tío era el maestro de arquitectos Aníbal González l Llevó a la orfebrería el espíritu de la Exposición Iberoamericana de 1929

Un romano parece impedir que le hagan fotos a Herodes en su Desprecio. / D. S.

El grupo Joven de la hermandad de la Reina de Todos los Santos, con sede en Ómnium Sanctórum, organizó el pasado domingo una visita a la Fundación Cajasol para ver la exposición Cayetano González (1896-1975), maestro de orfebres. El motivo de esa visita era la presencia entre las obras expuestas del Sagrario para dicha parroquia que realizó en 1940. Mientras dura la muestra, que se clausura mañana, el cáliz, las formas y el Santísimo de la iglesia de la calle Feria están custodiados en el Sagrario que le ha cedido la hermandad de la Soledad de San Lorenzo.

Esa punta del iceberg nos permitió ver el iceberg entero. La obra y la impronta de un artista inconmensurable cuya vigencia es permanente cuando se entra en las iglesias o cuando las imágenes salen a la calle en las procesiones de Semana Santa. Cayetano González nace en el crepúsculo del siglo XIX. Viene al mundo en Málaga, donde su padre, Cayetano González Álvarez-Ossorio, fue destinado como intendente de aduanas y consignatario de buques.

El maestro de orfebres era sobrino y ahijado de un maestro de arquitectos. Su padre era el cuarto de los cinco hijos varones de José González Espejo y Catalina Álvarez-Ossorio y Pizarro. Antes nacieron Pepe, Florencio y Carlos. Después cerraría el quinteto de varones Aníbal. La estirpe se completó con Catalina, única hembra, que murió de tuberculosis cuando contaba con 16 años.

El 10 de junio, el mismo día que se conmemora el centenario de la muerte de Antonio Gaudí (efeméride fundamental en la agenda del viaje del papa León XIV a España), se cumplirán 150 años del nacimiento de Aníbal González, ideólogo fundamental del concepto urbanístico de la ciudad del siglo XX. El arquitecto fue fundamental en la decantación artística y profesional del orfebre. “El hijo de mi tío abuelo se fue a estudiar Arquitectura a Madrid”, dice Aníbal González Serrano, dentista, nieto y biógrafo de su abuelo Aníbal González. “Dejó la carrera y cuando viene a Sevilla mi abuelo le dice que se vaya a trabajar a su estudio con él. Allí estará hasta la muerte de Aníbal González”.

De hecho, tal como se explica en el recorrido por la exposición, sus primeras creaciones están marcadas por el espíritu regionalista asociado a la preparación de la Exposición Iberoamericana de 1929. A esta fase y a esta influencia pertenecen los respiraderos y peana de la Virgen del Valle y el paso de palio de la Virgen de la Concepción de la hermandad del Silencio, de inspiración neobizantina.

Se puede completar una carrera oficial con las obras de Cayetano González que están en las calles de Sevilla durante cada Semana Santa. En 1928, un año antes de la muerte de su abuelo, entra como hermano de la Amargura de San Juan de la Palma. Fue uno de los templos en los que se cebó el anticlericalismo incendiario de 1936, el mismo año que el poeta Manuel Machado, que se había casado en esa iglesia con Eulalia Cáceres, quedó atrapado en la ratonera de Burgos.

Tras ese incendio, las imágenes titulares se salvaron, pero no tuvieron la misma suerte las figuras secundarias que formaban el misterio del Desprecio de Herodes. Entre 1938 y 1940 Cayetano González repondrá a tamaño natural las figuras de Herodes, tres romanos y dos escribas del Sanedrín. Éstos tienen los rasgos judíos (nariz aguileña, rasgos angulosos de la cara), pero para los romanos da la sensación de que el orfebre se inspiró en personas de la calle por la naturalidad y verdad que destilan sus gestos y su compostura.

En unos sitios aparece como orfebre y en otros como orífice. Sale en su estudio en una película documental de Florián Rey titulada ‘Ídolos’ en la que el artista concita la admiración de dos visitantes extranjeras. Muy vinculado a dos hermandades del Domingo de Ramos, Amargura e Hiniesta, es autor de los respectivos símbolos de sus coronaciones canónicas. Con un cambio muy significativo. La de la Amargura tuvo lugar en 1954 en los últimos años en la diócesis del cardenal Segura. Una ceremonia solemne con el Coro de la Catedral dirigido por Norberto Almandoz y la Escolanía Nuestra Señora de los Reyes por Ángel de Ucelay. La de la Hiniesta tuvo lugar en 1971. Ya era la Sevilla de Bueno Monreal, cinco años después del Concilio Vaticano II.

Hay obras de Cayetano González fechadas en 1929, el año de la Exposición Iberoamericana. Las imágenes se acompañan del testimonio en un documental de algunos de sus discípulos en la orfebrería: Marmolejo, Hermanos Delgado, Jesús Domínguez. Es impresionante la categoría de sus colaboradores: José Guillermo Carrasquilla, Manuel Seco, Esperanza Elena Caro, Manuel Villarreal, el propio Juan Manuel Rodríguez Ojeda en el bordado del simpecado para la hermandad del Valle fechado en 1923, cuando el orfebre tiene 27 años.

Tuvo más fortuna con los pasos de palio que los de Cristo. De los primeros, una de las joyas de la muestra es el paso de la hermandad de Pasión. En sus propias palabras, “tal es la figura para quien se ha labrado la peana que en el año de 1943 servirá de pedestal a su grandeza”, dirá de la base sobre la que irá la portentosa imagen de Martínez Montañés. Los comisarios de la muestra, José Roda Peña y Antonio Joaquín Santos, le atribuyen la conformación de un prototipo de paso de palio.

Hizo numerosos proyectos de pasos de Cristo, “la inmensa mayoría descartados para su realización definitiva”, y los comisarios ponen como ejemplos las andas procesionales para los titulares de las Penas de san Vicente, el Cachorro, el Silencio o el Cristo de las Tres Caídas de la Esperanza de Triana. Una excepción fue la hermandad de Santa Cruz, que conserva el frontal del antiguo canasto del Cristo de las Misericordias, con su respiradero y maniguetas, diseñados por Cayetano González en 1922. En su transición de la Arquitectura a la orfebrería, siempre bajo la tutela de ese arquitecto de nombre tan cartaginés.

En todo lo que acompaña a los protagonistas de la Pasión puso su empeño y su arte: cruces de guía, faroles, senatus, estandartes, banderines, simpecados, libros de reglas, varas, bocinas, ciriales, incensarios, navetas. Un genio de la orfebrería y de la escultura. “Se conoce menos su faceta de poeta”, dice Aníbal González, el nieto del tío del orfebre.

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