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Sevilla

Aulas a 35 grados

  • Los edificios de trabajo no deben superar los 27 grados, pero este requisito se incumple en los colegios

  • La normativa para construir centros docentes andaluces elude la refrigeración

Viernes 2 de junio. Diez de la mañana. Un aula del colegio Joaquín Turina, en la capital andaluza, marca 31 grados. Los padres han colocado un termómetro para evidenciar el calor que pasan sus hijos durante la jornada lectiva. Este centro carece de sombra. Las clases están expuestas al sol desde bien temprano. Los pocos árboles que había junto al edificio de Primaria fueron arrancados por falta de mantenimiento. No hay ninguna zona verde. Sólo cemento. Dar clases aquí se convierte en un auténtico suplicio para los maestros y en un infierno para los alumnos.

La situación que se vive en el Joaquín Turina es común a la mayoría de los colegios sevillanos. La falta de una buena climatización en estos centros se evidencia al principio y final del curso, casi cuatro meses en los que el mercurio se sitúa por encima de los 30 grados. Un problema que viene de lejos y para el que la comunidad educativa lleva años reclamando soluciones. Sin embargo, desde las administraciones públicas competentes -la Junta y los ayuntamientos- no se ha dado aún una respuesta contundente. Han sido las asociaciones de padres (AMPA) las que han sufragado la instalación del aire acondicionado, un suministro que en muchas ocasiones resulta insuficiente ante los errores en el planteamiento de estos edificios, ya que su construcción, bastante añeja, poco tuvo que ver con las pautas que se siguen ahora para conseguir una refrigeración natural y sostenible.

La encuesta del CSIF desvela que casi ningún colegio tiene una refrigeración adecuadaLa Junta ha incluido esta mejora en los retos de la Estrategia Energética 2020

Éste es el caso del Colegio Pablo VI, en el Distrito Cerro-Amate. La AMPA costeó hace un par de años el aire acondicionado en las aulas que estaban mayor tiempo expuestas al sol. Esta instalación ha cosechado poco éxito. Las ventanas son de hierro, lo que recalienta las aulas. El centro, además, carece de árboles u otra ornamentación vegetal que aporte sombra. El calor que se sufre en las clases sigue siendo casi el mismo que el de antes. Aprender, en tales condiciones, se convierte en una tarea bastante complicada.

Esta falta de climatización es uno de los asuntos que más preocupan a la comunidad educativa sevillana. Así lo refleja una encuesta que ha elaborado el sector de Educación de CSIF Sevilla, en la que han participado más de un millar de maestros y padres. El 93,4% de los entrevistados afirman que en los colegios donde trabajan o estudian sus hijos no existe una refrigeración adecuada. Más del 50% de estos centros no disponen de aire acondicionado en sus aulas, mientras que un 42% únicamente lo posee en algunas de sus instalaciones. Sólo un 8% de las escuelas gozan de una correcta climatización. El trabajo de este sindicato también refleja que la Administración educativa no ha aportado ni un solo euro a la instalación del aire acondicionado en los colegios. En los centros que carecen de él se alcanza una temperatura media superior a los 26 grados, por lo que se rebasa el límite idóneo para trabajar y estudiar.

Daniel Bermúdez, presidente del sector de educación de CSIF Sevilla, manifiesta que los resultados de la encuesta "han sido aplastantemente significativos de la gravísima situación que vive el profesorado y el alumnado de los centros educativos sevillanos".

Esta sofocante situación ha provocado que más de un centenar de AMPA entregaran el jueves en el Parlamento un escrito dirigido a la Delegación territorial de Educación en el que le instan a tomar medidas para solucionar el calor que se sufre en las aulas. La actitud mostrada por la Junta ha contentado, por ahora, a pocos. La que fuera consejera de Educación hasta el pasado jueves, Adelaida de la Calle, declaró que el aire acondicionado "no era aconsejable para los niños". ¿Hasta qué punto es cierta la afirmación realizada por la ex titular de Educación?

La contestación a esta pregunta la otorga Alfonso Carmona, director y fundador del Grupo IHP (Instituto Hispalense de Pediatría), uno de los principales expertos en salud infantil. Carmona explica que la temperatura de un edificio o habitación en la que se trabaje o estudie debe situarse en un intervalo medio entre los 17 y 27 grados. Este especialista ha comprobado cómo en muchas aulas sevillanas se alcanzan los 32 grados. "No me puedo imaginar que los funcionarios de cualquier administración trabajen en sus despachos con esta temperatura. ¿Por qué entonces lo hacen los docentes, que también son funcionarios", señala este pediatra.

Carmona incide en que "con nuestro clima el aire acondicionado se vuelve necesario y no repercute para nada en la salud de los niños", afirmación que se opone a lo dicho por Adelaida de la Calle. "Eso sí, deben mantenerse unas pautas mínimas para su correcto mantenimiento", destaca el director del Grupo IHP. Entre estos requisitos se encuentra la limpieza mensual de los filtros para evitar que dentro de los aparatos se acumulen ácaros y bacterias que luego se expulsan al aire cuando funcionan. Otra de las recomendaciones básicas es la de renovar el aire de las clases cada hora. "Conviene que pasado un tiempo prudencial, por ejemplo, después de impartirse una asignatura, se abran las ventanas, al menos, diez minutos, para que el aire condensado salga y entre uno nuevo, algo a lo que contribuyen también las puertas con la entrada y salida de los alumnos", refiere este especialista.

Para el fundador del Grupo IHP, "la formación de las nuevas generaciones ha de ser un asunto de suma importancia en nuestro país y, por tanto, se ha de intentar siempre que los alumnos aprendan en las condiciones más óptimas". "El aire acondicionado es bueno y saludable. Sólo hay que seguir unas pautas mínimas para que no provoque ningún problema. Debe regularse entre los 22 y 23 grados para una clase con cerca de 30 niños", destaca Carmona.

Dicha temperatura está muy lejos de alcanzarse estos días en el Carlos V, un colegio de Torreblanca. Las aulas de Infantil (con niños de 3 a 6 años) han llegado a marcar 35 grados esta semana. La presidenta de la AMPA del centro, María Roldán, destaca que hay 16 ventanas que se encuentran selladas, lo que impide que se renueve el aire, por lo que el colegio se convierte en una "auténtica sauna". "Esta escuela se levantó en 1971. El cierre de las ventanas era bastante antiguo, por lo que al sustituirlo no se encontraba un modelo igual. Se optó por las persianas de cuerda, pero un fin de semana una de ellas se vino abajo. Los técnicos decidieron sellar, por seguridad, las ventanas", explica Roldán. El único aire acondicionado con el que cuenta el colegio se encuentra en las dependencias que funcionan como comedor y fue costeado en su día por la asociación de padres.

Otro colegio en similares circunstancias es el Valdés Leal, conformado por 27 aulas. Sólo 11 poseen aire acondicionado, sufragado por la AMPA. Los dos últimos que se han instalado han supuesto un desembolso de 4.000 euros. Este centro era antiguamente una fábrica de camiones. A pesar de las remodelaciones que ha sufrido, sigue conservando buena parte de la vieja estructura, de ahí que el techo sea de chapa, material que condensa el calor. El Ayuntamiento de Sevilla, como titular de los colegios, es el que paga la luz que consumen estos aparatos. Eso sí, ante cualquier avería que se produzca, su arreglo lo costea la asociación de padres.

Fuentes de la Consejería de Educación reconocen que se necesita un análisis "serio y realista" de la climatización en los centros docentes. "Somos conscientes de esta problemática. Nos preocupa y nos ocupa, por ello vamos a analizar los casos concretos y se van a poner encima de la mesa soluciones para aquéllos que realmente necesitan una intervención inmediata", aseguran estas fuentes. La intención de la Junta es incorporar en edificios antiguos elementos de eficiencia energética para combatir el calor, como protecciones solares, sustitución de persianas por lamas, mejora de los aislamientos y abundante vegetación.

La normativa actual que regula la construcción de los edificios docentes data de 2003. Cuenta con un amplio capítulo dedicado a la calefacción, pero llama la atención que, pese a tratarse de una norma andaluza, en una región que soporta buena parte del año temperaturas por encima de los 30 grados, no se aluda en ningún artículo a la refrigeración. Ni siquiera se recogen algunas de las pautas que desde la Administración autonómica tanto se defienden para lograr la eficiencia energética. A pesar de este vacío, la Consejería de Educación pretende coordinarse con los centros, las AMPA y los ayuntamientos para mejorar la climatización, un objetivo que se incluye en la Estrategia Energética 2020 y que obedece a la recién aprobada orden de incentivos para la construcción sostenible.

Queda demostrado que las AMPA, tras muchos esfuerzos, consiguen instalar los aparatos necesarios, pero el coste de su funcionamiento recae en las corporaciones locales que, lastradas por la crisis, han de hacer frente a un pago demasiado alto. A ello se une la falta de potencial que existe en muchos colegios, los cuales poseen una red eléctrica demasiado antigua para el aire acondicionado.

Sirva de ejemplo lo ocurrido en el Colegio Gloria Fuertes, en Castilleja de la Cuesta, donde Cristina Viral tiene a dos de sus hijos. En esta época del año se ha hecho habitual que a partir de las 12:00 algunos tutores llamen a los padres alertándoles de que sus hijos han sufrido una lipotimia o están sangrando por la nariz a consecuencia del calor. Algunas de las aulas del centro están climatizadas, pero el hecho de que el colegio tenga en el techo una claraboya de cristal provoca un efecto invernadero que hace insufrible la estancia en el comedor, al que acuden 50 niños, entre las 14:00 y las 16:00.

La lucha por la climatización la han emprendido más de un centenar de asociaciones de padres, que han constituido la plataforma Escuelas de Calor. ¿Qué tiene que decir la confederación de AMPA públicas de Andalucía (Confedampa) al respecto? En un comunicado emitido hace varios días considera que este "problema" requiere de soluciones "individualizadas", puesto que ha estudiarse la climatología del municipio en el que se encuentra cada colegio y las condiciones técnicas con las que se ha construido. A ello añade la administración que es responsable en cada uno. "No es lo mismo climatizar un centro de Infantil que uno de Secundaria, puesto que las competencias en los primeros recaen sobre los ayuntamientos y en los segundos sobre la Junta", afirma la confederación.

Por tal motivo, estiman que debe ser el consejo escolar, que dispone de autonomía, el que determine el tipo de climatización más oportuna y siempre que se apueste por medidas "realistas". Con este calificativo Confedampa se refiere a las que sean más adecuadas "enérgicamente y medioambientalmente". Queda claro, por tanto, que bajar el termómetro en los colegios no sólo requiere de aire acondicionado, sino de aislamientos correctos, ventanas y árboles. En definitiva, de mucha sombra.

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